TITULARES DEL FUTURO

Belén Viloria


Mucho aún por resolver

02/01/2021

Más de 1,6 millones de personas han muerto este año por COVID-19, con más de 75 millones de casos y decenas de miles de millones en daños económicos. Millones de personas están sin trabajo, otras con graves secuelas físicas y mentales, más de mil millones de niños están perdiendo un tiempo crucial en la escuela, difícil de recuperar, y millones de personas mayores siguen desamparadas y en soledad.  Y a pesar de que se espera una post navidad complicada y las nuevas variantes del virus parecen no dar tregua, la buenísima noticia de la llegada de vacunas es todo un comienzo de año lleno de esperanza. Pero hay aún muchos retos por resolver.
El mundo tendrá que fabricar alrededor de 5 mil millones de dosis si hay una vacuna que requiere solo una dosis, o 10 mil millones en el escenario actual de dos dosis, para lograr que el 70 por ciento de la población mundial esté cubierta y se interrumpa la transmisión de la enfermedad. Poniendo contexto, todas las empresas de vacunas del mundo suelen producir un total de menos de 6 mil millones de dosis al año para todas las enfermedades. Entonces, para producir todas las vacunas covid-19 necesarias sin reducir ninguna otra, la capacidad de fabricación al menos deberá duplicarse, y es más que probable que se tenga que triplicar.
Pero aún hay más. Además de la fabricación, existe el desafío de garantizar que las vacunas se distribuyan de manera equitativa en el mundo, y aquí entran en juego la logística, las finanzas, y la disponibilidad de datos reales, en especial en los países en desarrollo y a priori más vulnerables, en los que se pensaba que la propagación iba a superar todos los límites.
Por un lado, 16 compañías farmacéuticas ya se han comprometido a garantizar que las vacunas, y otras fórmulas que salvan vidas estén disponibles de manera justa, pero los expertos del mundo en logística necesitarán descubrir cómo mover todas estas vacunas por el planeta mientras las mantienen a la temperatura adecuada en cada paso, y los gobiernos nacionales serán responsables de su distribución en una escala y nivel de complejidad como ninguna otra campaña de salud pública.
Pero aún resolviendo estos retos, que no es poco, no hay datos suficientes para comprender por qué las cifras en países en desarrollo no son tan altas como se pensaba. Algunas razones pueden ser que algunos países cerraron pronto fronteras, o que la población en estos países es más joven y, por tanto, menos susceptibles al virus, o que su gran población rural vive más tiempo al aire libre. Pero a nadie se le escapa que es muy posible, que las cifras reales sean más altas de lo que parecen porque las brechas en los sistemas de atención de salud de estos países dificultan el seguimiento preciso de la enfermedad.
Y no sólo eso, la covid-19 es hoy solo la causa número 31 de muerte en África, mientras que en el mundo es la 4ª, pero no sólo es debido a esta aparente baja incidencia, sino también a otra realidad, y es que allí, los sanitarios han tenido que parar la detección y tratamiento del VIH, malaria, tuberculosis y otras enfermedades, que han subido su incidencia, para tratar el coronavirus.
Difíciles equilibrios y grandes retos aún por resolver para que la solución definitiva a una pandemia en el mundo global del s.XXI llegue, y correctamente a todas las personas, porque como insiste Jagan Chapagain, secretario general del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja, en este siglo, no hay nadie a salvo, hasta que todos lo estemos.