Imelda Rodríguez

Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Especialista en Educación, Comunicación Política y Liderazgo


La pisada del elefante

24/12/2023

El día de la lotería de Navidad pasan muchas cosas. A algunos les cambia la suerte con el gordo, hay quien disfruta al máximo de la ilusión de creer que algún día ocurrirá y hay quien escoge esta fecha para que pase desapercibido un encuentro institucional, como el de Sánchez y Feijóo que, por otro lado, debería ser una realidad, más que una noticia. Precisamente, aquí tenemos uno de los problemas de este tiempo: el ruido. Un ruido del que solo puede librarnos una nueva generación de liderazgo. Hay un proverbio que me encanta y que lo explica a la perfección. Dice así: «El elefante no anda diciendo a todos lo grande que es. Él solo camina!. ¡Me parece tan rotundo! Los líderes son reconocidos como tal por los demás, independientemente del cargo o la posición que ocupen. Lo son por su autoridad moral, por su ejemplaridad (una especie de imán que genera una confianza plena) y por su capacidad para inspirar y promover el bienestar social (que va más allá de aferrarse a su propio beneficio o a la rentabilidad de su organización). Los líderes auténticos sirven a la sociedad (jamás se sirven de su estatus para un fin personal). Este es el primer movimiento para reconocer al líder verdadero: su vocación de servicio. Su implicación con los demás. Su capacidad para transformar, para conseguir que la sociedad avance a pasos agigantados, en el momento preciso. A los líderes también se les conoce por su forma de caminar. Como al elefante. Ahora bien, ustedes me dirán que lo que hoy sucede, en muchos ámbitos, es justamente lo contrario. Sí, tienen razón. Lo es. La crispación política es insoportable y hacen falta organizaciones más comprometidas con las personas y con el progreso social que con su cuenta de resultados. Pero lo ilusionante de todo esto es que hay ejemplos de líderes, instituciones y empresas que demuestran lo contrario. Y esto significa que sigue habiendo un gran espacio para la esperanza.

Una esperanza que suele frenar la angustia, ese estresor al que nos somete hoy la clase política y que se une a otros puntos negros de la realidad, como el deterioro de las instituciones, la fuga del talento de posiciones decisivas, la soberbia, el insulto como forma de comunicación o la chabacanería frente al diálogo, la concordia y la coherencia. Todo esto no está saliendo gratis. Recuerden que España ha obtenido el peor resultado histórico de su sistema educativo, según el 'Informe Pisa' (que evalúa el rendimiento académico de los alumnos de 15 años en 80 países de la Unión Europea y de la OCD). Una noticia con menos impacto del que realmente tiene, porque estamos hablando de las próximas generaciones responsables de mover el futuro en la dirección adecuada. Sus calificaciones han caído estrepitosamente en Matemáticas y en comprensión lectora, dos pilares centrales del aprendizaje estable. Frente a ello, Castilla y León se mantiene en pie, obteniendo las mejores calificaciones de toda España y situándose a la vanguardia del mundo. Hay que aplaudirlo porque no es casualidad. El sistema educativo de Castilla y León es un caso de éxito basado en el sentido común y en el sentido del mérito, alejándose además de tufos electoralistas. Está siendo capaz de ofrecer a nuestros hijos un proceso de aprendizaje global, con sólidos conocimientos en materias fundamentales y en competencias ciudadanas que les ayudarán a afrontar mejor los retos profesionales y personales. Es, hoy por hoy, un sistema educativo consistente, como la pisada del elefante. Pero hay más. Creo que sus tres rasgos de éxito principales están en los maestros -profesionales vocacionales con una implicación admirable-. También en saber utilizar la tecnología con criterio (no olvidemos que el uso indiscriminado de los dispositivos móviles en nuestros niños es un elemento de distracción permanente). Y, en tercer lugar, considero que ha mantenido alto el valor del esfuerzo. Porque si los estudiantes van pasando de curso al tuntún, nos encontraremos con la peor generación de universitarios y profesionales de la historia, sin capacidad de innovar, ni de transformar, ni de pensar con nitidez. Y esto les originará más frustración, menos valía y serán también más manipulables. Y no queremos eso, ¿no? Los líderes empresariales con los que charlo a menudo ya denuncian esta realidad y los líderes políticos deberían centrarse más en frenar esta tendencia. Porque un sistema educativo de calidad es la principal garantía de porvenir. Hay que cambiar el paso y la pisada, no queda otra. Fíjense, la pisada del elefante es incluso tan profunda que, al llenarse de agua, se convierte en hogar para renacuajos. Todo lo que es noble engendra siempre más vida. Y a la plenitud de la vida no hay que renunciar jamás. Nos pertenece. Eso nos recuerda la Navidad. ¡Felices Fiestas, queridos lectores!