Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Paz y guerra

11/04/2024

Además del barro, los lodos, de la toxicidad de la oposición, de la utilización de la política exterior para tapar las vergüenzas de la política nacional y de las servidumbres del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso se habló de la política exterior de España, mediatizada por todas las cuestiones precedentes. Se habló de guerra y de paz en el Pleno del Congreso, o de como contribuir a la paz en Oriente Próximo y de cómo afrontar la guerra de Ucrania y, más allá, de prepararse para la situación inestable en la que se desenvuelve el mundo con la guerra de Ucrania, con el telón de fondo de las ansias expansionistas y las amenazas nucleares del zar ruso, Vladímir Putin, y con la posibilidad de que la defensa europea quede demediada si Donald Trump vuelve a la Casa Blanca.  

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, por fin respondió al factótum de su partido, el expresidente del Gobierno, José María Aznar, para manifestarse a favor de la solución de los dos Estados que convivan en paz y con seguridad para resolver el conflicto palestino. Pero como el apoyo a las tesis del Gobierno nunca puede dejar de estar condicionado, aunque se trate de una política de Estado, Feijóo matizó que para eso es necesario una negociación más amplia, mayor masa crítica y que la posición española esté arropada con el peso de más países. A Pedro Sánchez le debió parecer que quería decir con países de más peso que España, porque afeó al líder de la oposición que haga depender la política exterior española "de lo que hagan otros".

Sí el Gobierno de coalición tiene a sus dos patas unidas en cuanto al reconocimiento cuanto antes de un Estado palestino, que Pedro Sánchez en un gesto de optimismo considera que puede ser un factor determinante para que se alcance la paz en Oriente Próximo, en el resto de cuestiones las posiciones con el partido coaligado y con la mayor parte de los socios que le prestan apoyo parlamentario no pueden ser más distantes. La crítica del cambio de posición con respecto al Sahara reúne tanto al PP, que en este caso da por buena la teoría de la conspiración acerca del espionaje del teléfono de Pedro Sánchez y de lo que pudiera contener que le afectaría a su vida personal, a lo que aludió Feijóo, como a Sumar y a otros partidos de izquierda que no ven en la solución autonómica propuesta por Rabat la solución al problema de la excolonia. Y a ello contribuye, en efecto, que Sánchez todavía no ha aclarado de forma convincente la causa del cambio de la posición tradicional española que estaba en sintonía con lo acordado por Naciones Unidas.

En la cuestión en la que el enfrentamiento es a cara de perro es en compromiso de elevar hasta el dos por ciento el gasto en Defensa, una exigencia demandada desde la OTAN para fortalecer la defensa europea y en consonancia con el peso económico y militar de España "no para ser temidos, sino para ser respetados", dijo Sánchez. Aunque trató de rebajar la tensión al descartar hablar de "terceras guerras mundiales, economía de guerra o soldados sobre el terreno", a los portavoces de los partidos de izquierda les sonó al "si vis pacem para bellum" y volvieron a entonar el "no a la guerra" y a que el incremento del gasto en Defensa no es una necesidad sentida por la ciudadanía, además de denunciar que Europa no ha hecho ningún esfuerzo por lograr la paz entre Rusia y Ucrania.