Un vallisoletano, en medio de un tifón

Manuel Belver
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El ciclista Edgar Nohales se ha pasado 2 días en su casa de Tagaytay, en Filipinas, pendiente de Hagupit • «Esta vez el pueblo filipino sí se ha movilizado», relata fuera de peligro

Edgar Nohales.

Edgar Nohales lleva una semana agitada y agitado. Ciclista, trotamundos, inquieto... se ha pasado dos días sin salir de su casa. Este vallisoletano de 28 años es uno de los españoles que vive en Filipinas, en su caso porque milita en un equipo ciclista de allí, en el 7 Eleven, con el que ha renovado su contrato hace unos días. Se quedó en Tagaytay, a unos 50 kilómetros de Manila, en busca del buen tiempo y de entrenamientos de calidad para afrontar 2015 en la mejor forma. Y se encontró con el tifón Hagupit, que ha causado, al menos, 28 muertos a su paso por aquel país y más de millón y medio de personas evacuadas.

«El lado positivo es que esta vez el pueblo filipino sí se ha movilizado. Los filipinos son gente alegre y optimista pero siempre creen que no va a pasar nada y lo fían todo a rezar, a Dios... y pasan los desastres que pasan. Esta vez han evacuado zonas de riesgo, se ha movilizado al ejército...», relata el vallisoletano desde su casa, donde permanece desde hace dos días sin poder salir a la calle.

Él está fuera de zona peligrosa, pero vive con intensidad lo que está ocurriendo en su país de acogida. «Yo estoy bien. Aburrido de estar en casa todo el día pero bien. Mi casa es sólida, de hormigón, y vivo casi en la cima de una montaña a unos 600 metros sobre el nivel del mar, por lo que no tengo riesgo de inundaciones», continúa contando su experiencia.

El tifón Hagupit, ayer ya con categoría de tormenta tropical, ha destruido 13.000 viviendas desde su entrada el pasado sábado por la zona oriental de Samar, afectada en 2013 por Haiyan o Yolanda, uno de los ciclones tropicales más intensos, que mató a cerca de 7.000 personas. En esta ocasión, a pesar de que han sido muchas las zonas afectadas y la gente movilizada, el tifón ha causado menos daños. «El principal problema son las inundaciones. Cada vez que viene un tifón pasa igual. La infraestructura es insuficiente hasta en la capital, Manila. Además este tifón iba muy lento, a 10-15 kilómetros por hora, porque chocó con una masa de aire siberiana y bajó algo las temperaturas», explica sobre los problemas con los que se encontraban los habitantes de Filipinas.

Él vivió ayer un día intenso, viendo cómo iban ocurriendo los acontecimientos: «El epicentro del tifón está bien cerquita de mi casa, en Tagaytay. Lleva como unas 28 horas lloviendo sin parar y tiene pinta de que va a continuar unas cuentas más. Al principio solo llovía... luego como que bajo una niebla vallisoletana y esta noche -por la de ayer- debe estar pasando el epicentro porque hace muchísimo viento».

Hagupit se adentraba ya ayer en el mar de China. Atrás dejaba Filipinas, su capital, Manila, donde pasó como una tormenta ya y con los vientos más flojos, y a un vallisoletano, Edgar Nohales, que seguía pendiente de la televisión y de las noticias para tratar de hacer una vida normal.

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HAGUPIT DEJA 27 MUERTOS PERO SE DEBILITA AÚN MÁS TRAS SU PASO POR MANILA - Foto: RITCHIE B. TONGO