Dúo de folk que ensalza la música tradicional vallisoletana

M.B.
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Águeda Sastre y Carlos Martín forman 'Alicornio', con dos discos ya editados y material para un tercero

El dúo vallisoletano Alicornio. - Foto: Dani

«El haba verde era cañero y se tocaba al final de los bailes. Hablamos de antes de la Guerra Civil. La gente contaba que cuando lo escuchaba se ponía a llorar porque eso quería decir que el lunes estaba más cerca». Águeda y Carlos son dos enamorados de la música tradicional castellana. Hablan de ella con pasión. La cantan, la tocan y la han conseguido traer al presente a través de su violín, su guitarra, su bouzouki y su voz... a través de 'Alicornio', el dúo que forman desde hace años. Ellos dicen que desde el primer disco, en 2018; pero su unión se fraguó mucho antes.

Porque Águeda Sastre, violinista de conservatorio; y Carlos Martín –«empecé guitarra pero no acabé»–, miembro de Vallarna, se conocieron en 2007 en las sesiones de música folk del Maeloc. Empezaron a salir y a tocar juntos. Hasta que entre 2011 y 2012 decidieron dejar atrás la música irlandesa y escocesa para centrarse en la más cercana, la de Valladolid. «Empezamos a escuchar grabaciones de campo en la Fundación Joaquín Díaz. Íbamos a Urueña a escuchar el Archivo de la Tradición Oral y hay más variedad de lo que la gente cree», recuerdan.

Así estuvieron seis años, sin dar conciertos, 'traduciendo' la dulzaina al violín, haciendo un muestrario de danzas... escogiendo canciones y temarios. 

En 2018 grabaron su primer disco, ya como 'Alicornio': «El nombre es el de un animal mitológico. No se sabe qué es, si un unicornio con alas o un águila con varias cabezas. Pero decían que tenía la virtud de purificar el agua». Por eso lo eligieron, además de por salirse de la norma de los nombres vinculados a aperos de la labranza en los grupos de música tradicional.

'Sol de soles' contó con 18 temas, los mismos que los de su primer concierto en San Miguel del Pino, el pueblo donde residen. Lo grabaron en el Círculo Mágico de Carlos Soto y contó con la mitad de los temas instrumentales y la otra mitad con voz. 

«Intentamos ser fieles a los estilos, mantener los ritmos, los adornos. Es importante que se identifique lo que es», señalan. Porque, añaden, quieren mantener la base, la esencia de cada pieza: «Que igual que se reconoce la música irlandesa, se puede reconocer la castellana». También mantienen las letras, aunque pueden combinar de otras canciones –«y nos tiene que gustar lo que dice»–, y le dan su toque: «Improvisamos, pero poco».

Eso sí, aseguran que la música tradicional no es solo picaresca. De hecho, entre su selección el porcentaje de esta es el menor: «Hacemos música de baile, como corridos, jotas, habas verdes, agarraos o seguidillas; y de ritual, como danza para procesiones, con la dulzaina por bandera».

Además de tocar en un sinfín de Ayuntamientos locales, han actuado en festivales, como en Granada, Valencia, Asturias, Cantabria, Guadalajara… siempre los dos solos, aunque cuando presentan sus discos lo suelen hacer junto a quienes colaboran con ellos. 

En 2022 sacaron su segundo CD, 'Luna de mayo', esta vez grabado en casa, mezclado por Arturo Rodríguez y masterizado en Eldana en Dueñas, «que es una continuación del primero». Y ya andan pensando en un tercero, en el que seguramente ya se abran a toda la música de Castilla y León.

«La gente suele reconocer las canciones. En los conciertos explicamos quiénes tocaban o cantaban las canciones y en qué momento, y explicar el contexto ayuda», afirman, poniendo el énfasis en que su música es de esos años antes de la Guerra Civil, cuando, aclaran, se bailaba y cantaba más. Zamora y Medina del Campo ya les esperan en 2024.