Las alergias crecen un 13% por el auge de las alimentarias

Óscar Fraile
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El Río Hortega diagnosticó el año pasado 4.813 reacciones adversas, frente a las 4.254 de antes de la pandemia, y las de este tipo ya suponen el 8,3%, sobre todo, por el tratamiento de los cultivos

Una persona se somete a una prueba de alergias. - Foto: J. Tajes

Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, entre el 1 y el 3% de los adultos y entre el 4 y el 6% de los niños sufre «consecuencias adversas para la salud como resultado del consumo de determinados alimentos o ingredientes». En un contexto general de aumento de las alergias de todo tipo, el repunte de las alimentarias está siendo más que significativo. Y así lo demuestran los datos. El Hospital Universitario Río Hortega diagnosticó el año pasado 4.813 reacciones adversas y, de ellas, el 8,3% correspondieron a alimentos, un porcentaje que en 2019 era el 6,7%.

Es un periodo pequeño, de solo cuatro años, pero que confirma una tendencia que viene de lejos y que, según Alicia Armentia, responsable de Alergología del centro hospitalario y primera catedrática de España en esta materia, tiene mucho que ver con el tratamiento de los cultivos. «Gracias al desarrollo de la necesaria biotecnología, se han potenciado con proteínas de resistencia a patógenos para aumentar su rendimiento, para poderlos conservar en cámaras, tratando las semillas para que puedan germinar sin que los hongos ni los insectos los devoren», dice. 

Esas proteínas son las denominadas LTP (lipid transfer protein), un antifúngico natural que se comporta como «el alérgeno más agresivo». Y esto explica el hecho de que muchos alimentos que históricamente no han causado problemas, lo hagan ahora. «No comemos la misma leche, huevos y fruta que nuestros abuelos y nuestra madre, que nos pasó la tolerancia a lo que ella ingirió», explica.
De las reacciones graves provocadas por alimentos en España, el 44,7% son producidas por frutas y semillas y, de ellas, el 60% por sensibilización a LTP. Además, en los últimos diez años la alergia a frutas se ha incrementado un 34% y, entre estas reacciones, la familia de las rosáceas y, en concreto, el melocotón, causa una de cada cuatro.

De hecho, esta fruta es la segunda que más alergias alimentarias provocó el año pasado en el Río Hortega, con 95 casos, solo superada por los 98 del anisakis. Por detrás se sitúan la avellana (93 casos), el cacahuete (90), la nuez (86) y la almendra (84), entre otros.

La exposición o el consumo de estos productos por parte de personas alérgicas puede llegar a provocar la muerte por un proceso denominado anafilaxia (una reacción generalizada). Cuando esto sucede, es necesario administrar adrenalina con mucha rapidez, ya que generalmente no hay tiempo de acudir a Urgencias. Por eso muchas personas alérgicas disponen de autoinyectores y los servicios sanitarios se encargan de enseñarles a utilizarlos.

Aumento general

El incremento de alergias de los últimos años no se da exclusivamente en las alimentarias. Las 4.813 del año pasado suponen un 13% más que antes de la pandemia, en 2019. Y las cuatro más habituales fueron al ballico (una gramínea), a los gatos, a la grama (hierba) y a los perros. ¿Por qué esta tendencia al alza? «Un cambio en el modo de vida, responde Armentia. «Se han hecho estudios en Estados Unidos, donde hay mucha variabilidad genética y racial, que demuestran que la cantidad de alérgicos es la misma en todos los estados, lo que varía es el tipo de alergia», dice. Esta tendencia afecta más a entornos industrializados. Otro gran ejemplo fue el de la unificación de las dos Alemanias tras la caída del muro de Berlín. «En la del este apenas se diagnosticaban alergias y, al juntarse, pasaron a consumir los mismos recursos en un ambiente más industrializado, y la situación se equilibró», añade. El 70% de las alergias están ligadas, de un modo u otro, a la alimentación, el transporte y la ropa que se utiliza. La Organización Mundial de la Salud prevé que en 2050 más de la mitad de la población sufra alguna y Armentia apunta tres razones: el cambio climático, la contaminación y los cambios en la alimentación.
La presidenta de la Sociedad Castellano y Leonesa de Alergología e Inmunología, Ana María Callejo, confirma que «la incidencia de las enfermedades alérgicas se ha duplicado en las últimas décadas». Según ella, aparte de las ambientales, «cada vez son más frecuentes en las consultas las alergias a los alimentos, tanto en adultos como en niños».

Callejo incide en que la tendencia de aumento de enfermedades alérgicas tiene que ver con «el cambio climático y la contaminación», aunque recuerda que el desarrollo de estas reacciones tiene una «base genética». El aumento de la temperatura media del planeta ha provocado que se adelante la polinización de algunas plantas y que se prolongue el periodo de exposición de los pacientes alérgicos. «Además, la contaminación ambiental, sobre todo la relacionada con las partículas emitidas por la combustión de los motores diésel, hace que las plantas se 'estresen' y produzcan unas proteínas que aumentan la agresividad del polen», finaliza.

La primavera se presenta con más polen, pero menos agresivo

La presencia de polen en primavera será más abundante que otros años, pero su efecto en los alérgicos será menos agresivo, al estar más hidratado. Esa es la previsión que maneja la doctora Alicia Armentia en base a los datos recogidos por 17 captadores de la Dirección General de Salud Pública. «El polen depende de la sequía, la contaminación y las agresiones externas», explica. Es decir, sin con el paso de las semanas llegaran corrientes de aire sahariano, se produjeran picos de contaminación o dejara de llover durante un periodo prolongado, la situación cambiaría y el polen sería más agresivo para los alérgicos. «La sequía está cambiando los calendarios naturales de floración, alterando el tiempo en que aparecen los insectos polinizadores, que también la sufren», dice Armentia. Según ella, «el néctar es de peor calidad y no atrae a los insectos que polinizan las flores».