Mano dura para un país caótico

M.R.Y (SPC)
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Tras decretar el estado de excepción por el aumento de la violencia, Daniel Noboa busca solucionar por la vía rápida y sin temblarle el pulso el problema de seguridad que sufre la nación

El actual presidente constitucional de la República del Ecuador, Daniel Noboa - Foto: EFE/José Jácome

Ganó por sorpresa las elecciones presidenciales de 2023, unos comicios marcados en la primera vuelta por el asesinato del candidato Fernando Villavicencio apenas 11 días antes de la cita con las urnas. En la ronda definitiva, a la que accedió tras quedar segundo, tras la correísta y favorita al triunfo Luisa González, Daniel Noboa dio la sorpresa, convirtiéndose, a sus 35 años, en el jefe del Ejecutivo más joven de la Historia de Ecuador, con escasa experiencia política y con un gran reto por delante: tratar de acabar con la violencia extrema que se ha instalado en el país.

No dispone de mucho tiempo el empresario, que asumió el mando el pasado 23 de noviembre, puesto que su legislatura apenas durará 18 meses -las elecciones se celebraron tras la renuncia de Guillermo Lasso, por lo que tendrá que acabar el mandato de este, que se extinguía en 2025-. Por eso, debe actuar rápido y contundentemente si quiere acabar con una lacra que se está cobrando cientos de vidas y poniendo en jaque a una nación que empieza a estar sometida por las bandas criminales y donde la seguridad se perfila más como una utopía que como una realidad.

Pero a Noboa no parece temblarle el pulso. Pragmático y de pocas palabras, no ha dudado en la mano dura contra esos grupos, cuya actuación en las últimas semanas le han llevado a declarar primero el estado de excepción y después a asegurar que Ecuador está viviendo un «conflicto armado interno», lo que significa dar un poder absoluto de las Fuerzas Armadas y de la Policía en unas cárceles fuera de control por los continuos motines de los presos y los persistentes asesinatos entre rejas -en los últimos tres años han muerto 450 presos en una serie de masacres entre grupos rivales- y en unas calles que se han convertido en las más peligrosas de América Latina.

Ha sido, precisamente, su plan para controlar las prisiones el que causó la arremetida de las bandas criminales. Su declaración del estado de excepción -el pasado 8 de enero tras la fuga de Adolfo Macías, Fito, jefe del clan Los Choneros, de la cárcel donde estaba recluido- no fue apenas algo significativo: su predecesor, Lasso, llegó a hacerlo 22 veces durante sus 28 meses de Gobierno. Pero sí lo fue cuando, tras un aumento notable de la violencia, Noboa alzó la voz al decretar, apenas un día después, el «conflicto armado interno», algo que sí supone un cerco mayor. Así, catalogó a 22 grupos criminales como «terroristas» y presentó el diseño de dos cárceles de máxima seguridad para alrededor de 1.400 presos que construirá durante su corto mandato de año y medio, con un modelo similar a las ya levantadas por su homólogo de El Salvador, Nayib Bukele.

Poco dado a comparecer ante los medios de comunicación, el presidente se ha visto obligado en las últimas semanas a aparecer en la prensa más de lo esperado. Y lo ha hecho con su peculiar lenguaje desenfadado, sin pelos en la lengua, lo que le hizo conectar en la campaña electoral -en la que apareció en todos sus actos con chaleco antibalas- con las generaciones más jóvenes.

Firme en asegurar que no negociará con los «terroristas», no duda en insistir en que Ecuador mantiene «una guerra en la que estamos luchando contra 22 grupos, unos más pequeños y otros más grandes, que tienen decenas de miles de hombres armados que se financian por narcotráfico y minería ilegal y que, al mismo tiempo, generan terror». Y, ante esto, insistió en su plan: «Estamos reorganizando los centros de privación de libertad en los cuales algunos de los líderes de las bandas planificaban sus crímenes. Y los estamos moviendo de su zona de confort y desarticulando esas redes de criminalidad y de terrorismo».

Eso sí, sobre Fito, el hombre que desató esta nueva ola de violencia, quiso resaltar que «no es Pablo Escobar, sino un líder más» y que lo están «buscando en todos los lados internacionalmente».

Además, no dudó en señalar al expresidente Rafael Correa, recordando que fue durante su mandato cuando «empezaron a instaurarse los grupos criminales». «No puedo decir que fue él quien sembró la semilla», indicó, pero agregó: «Esto no es algo de un día para otro, estos llevan 10 años estableciéndose».

De ahí que sus políticas deban ser precisas y rápidas, porque si algo está claro es que Noboa pretende pasar a la Historia por algo más que por ser el presidente más joven del país: también quiere ser el mandatario que consiguió devolver la tranquilidad a un Ecuador sumido en una violencia que parece muy difícil de combatir.