La amenaza de Arabia

Diego Izco (SPC)
-

La Liga saudí pone en jaque a las grandes figuras del balompié europeo con unos sueldos inasumibles

Cristiano Ronaldo, el pionero, juega en el Al-Nassr a razón de 200 millones por temporada - Foto: EFE/EPA/STR

Cualquier país del mundo tiene derecho a organizar un Mundial o unos Juegos Olímpicos. El problema es cuando compras ilegalmente ese derecho». Esta frase está incluida en una de las miles y miles de páginas que la Fiscalía de Nueva York redactó acerca del llamado 'FIFA Gate', el escándalo que investigó la gestión desleal, compra de votos y lavado de dinero en relación con la adjudicación de los Mundiales a Rusia en 2018 y Catar en 2022. 

Fueron muchos los acusados de cohecho, fraude, blanqueo, soborno… pero Catar organizó su torneo. En invierno. Construyendo prácticamente todas las infraestructuras por un coste cercano a los 220.000 millones de dólares (una comparación: se estima que en Rusia'18 se gastaron 11.600). Deteniendo todas las competiciones nacionales. Contra toda lógica. El 'petrodólar' lo había vuelto a conseguir. 

«Siempre lo consiguen porque juegan con otras reglas. Directamente, no hay reglas», editorializaba el Bild alemán junto a un reportaje de octubre de 2022 en el que analizaba cómo los países del Golfo Pérsico (Catar, Bahrein, Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos y Omán) han alterado el mapa del deporte mundial a golpe de talonario: grandes premios de Fórmula Uno, motociclismo, torneos ATP y WTA, el rally Dakar, adquisiciones de equipos de fútbol, organización de competiciones (Supercopas, Mundiales de clubes, etc)… 

'Sportwashing'

Se trata de una operación de lavado de imagen de las monarquías absolutas: «Son sistemas autoritarios que intentan que su imagen se vea mejorada a través del deporte», analizaba Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano, quien daba con la clave de la 'amenaza de moda', la pujanza de la Liga de fútbol de Arabia: «Hay una visión en la región de que los Catarís y los emiratís lo han hecho mejor que Arabia Saudí (…) y en Arabia, las élites se han cansado de que sus vecinos vayan por delante». De momento, la utopía de montar un torneo de fútbol que compita de igual a igual con Europa ha empezado a dar sus primeros pasos. 

Como no existe el límite económico, todo es posible. «Me creo cualquier cosa», ironizaba Jürgen Klopp cuando se enteró de que Karim Benzema aceptaba la oferta de la Liga saudí: 100 millones de euros limpios por temporada cobrará en el Al-Ittihad. Ya lo hicieron con el golf: el Asian Tour estaba a años luz de los circuitos americano y europeo… y lo quieren convertir en el número uno cueste lo que cueste. «Se rumorea -decía el golfista Pablo Larrazábal- que están ofreciendo contratos de exclusividad de 100 millones de euros por cinco años a jugadores americanos. ¿Quién va a rechazar algo así?». 

Es una pregunta que ahora mismo se están haciendo decenas y decenas de futbolistas tentados por la Liga saudí, una competición menor (la 40º del mundo el 2022 según la IFFHS, situada entre las de Tanzania y Azerbaiyán) que va a manejar un presupuesto ilimitado a raíz de la 'nacionalización' de cuatro clubes (Al-Hilal, Al-Nassr, Al-Ittihad y Al-Ahli), que pasarán a ser de un fondo de inversión público del país al 75 por ciento.

Pionero

Cristiano Ronaldo, en pleno Mundial de Qatar, anunciaba que se desvinculaba del Manchester United… y poco tiempo después anunciaba su fichaje por el Al Nassr para sorpresa de todo el planeta-fútbol. Sobre todo cuando trascendieron las cifras del acuerdo: 200 millones de euros anuales (23.000 euros por hora). «Es muy difícil decir 'no' a esos sueldos por mucho que la competición sea francamente mala», escribía Gary Lineker. 

Por la puerta que abrió Cristiano han entrado Benzema, Kanté y sus 50 millones limpios al año, Koulibaly, Mendy y Ziyech que pueden completar la desbandada del Chelsea, e incluso futbolistas en plenitud de su carrera están tentados de aceptar una 'prejubilación' escandalosamente lucrativa: a la posibilidad real de llevarse a Ruben Neves, los jeques apuntan ahora al flamante campeón de Europa con el City, Bernardo Silva. La tentación sobrevoló a Modric, Busquets, ahora a Saúl, también a Morata (quien tendría una oferta similar a la de Kanté)… de fondo, unos salarios desorbitados, imposibles de igualar por ninguna otra Liga del planeta. Incluso en categorías inferiores: un portal de ofertas de trabajo publicaba una para jugar a fútbol en la Tercera División árabe a cambio de 5.000 euros mensuales y la vivienda pagada. Inalcanzable. 

Iinflación

Pero «sobrecoste» o «inflación» son conceptos que los jeques no manejan. Así como otras Ligas (China, EEUU o Japón) intentaron potenciar sus torneos pagando mucho por estrellas mundiales, el 'capital soberano' de las dictaduras del golfo es inabarcable, y las 'no-reglas' que describía el Bild llevan operando casi con total impunidad en el fútbol desde 2008, cuando Abu Dhabi (capital de Emiratos) adquirió el Manchester City: Mansour bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, dueño del fondo Abu Dhabi United Group, lo compró por unos 400 millones de euros, y ha gastado cerca de 2.300 desde entonces buscando la gloria que hoy paladea como campeón de Europa. Catar entró en 2011 en el Paris Saint-Germain, equipo que había ganado nueve títulos en toda su historia y, desde entonces, suma 27. Qatar Sports Investments (Al-Khelaifi) pagó apenas 70 millones por comprar el equipo, pero ha invertido más de 1.500 en fichajes… y  la gloria sigue sin llegar. 

Arabia, cuyo Producto Interior Bruto (cercano al billón de euros) supera ampliamente los de Emiratos o Catar, no ha querido quedarse atrás: un fondo multimillonario (cuenta con 320.000 millones de euros) propiedad de la familia real saudí pagó 354 'kilos' por el Newcastle; tras gastar unos 320 en fichajes en apenas año y medio, el bloque ha logrado clasificarse para la Champions 20 años después. Este verano podría volver a reventar el mercado: de momento, ya ha trascendido que pagará cerca de 80 millones por Tonali (Milan).