El tesoro del abuelo de la caja de latón verde

Maite Rodríguez
-

Virginia de Oñate dona al archivo municipal la colección de fotografías de su abuelo, luis martínez duverger. Los 440 negativos, que ahora se están restaurando, muestran el valladolid de principios del siglo XX

Virginia de Oñate. - Foto: J.T.

Dos decenas de pequeñas cajas de cartón con negativos fotográficos han sobrevivido más de un siglo custodiadas en otra caja de latón verde en el hogar de los Duverger. Son 440 placas de cristal y acetatos en los que el ingeniero y fotógrafo aficionado Luis Martínez Duverger inmortalizó el Valladolid de principios del siglo XX. Un tesoro familiar, pero también histórico y documental, que su nieta Virginia Oñate acaba de donar al Archivo Municipal.

Esta colección de fotografías deriva de la pasión de Martínez Duverger por el arte, algo que le inculcó su familia. De hecho, su nieta también conserva en su álbum personal imágenes que posiblemente sean autoría de su bisabuelo, Juan Martínez Cabezas, que fue secretario de la Diputación Provincial. Las que ahora se incorporan a los fondos municipales se hicieron con una cámara Voigtländer, una de las mejores de esa época, que el ingeniero vallisoletano adquirió en sus viajes de juventud por Europa. Con esta máquina retrató su ciudad, incluidos edificios y monumentos que ya no existen, pero también muchas escenas de la vida cotidiana de esos años.

Un buen número de esas imágenes se tomaron desde su balcón en la Casa Mantilla. En las placas se dejan ver diferentes estampas del Teatro Pradera, pero también la Academia de Caballería y de la plaza Zorrilla. Martínez Duverger también fotografió otros puntos de la capital como el antiguo castillo de Canterac y viajó por la provincia, donde inmortalizó la plaza del Viejo Coso de Peñafiel o las calles de Medina de Rioseco. Su vivienda no solo era una atalaya privilegiada para su objetivo. En ella también tenía un cuarto oscuro donde relevaba. 

Esta pasión por inmortalizar Valladolid y su trabajo como ingeniero en el Ayuntamiento de la capital han propiciado que el archivo personal de Martínez Duverger sea ahora un colección «muy atractiva» para completar los fondos documentales del Archivo Municipal y que, en breve, se podrá consultar. «El trabajo de estos fotógrafos amateur es único porque aporta un visión subjetiva de la historia de la ciudad, que complementa la que ya tenemos de las instituciones», resalta Eduardo Pedreruelo, director del Archivo Municipal. 

Pedreruelo subraya la importancia de este tipo de donaciones particulares, que califica como acto de ciudadanía, además de que suponen un gran legado para la ciudad. «Muchas veces las familias se ponen en contacto con nosotros porque se dan cuenta del gran valor de estas colecciones, que saben que no es solo emocional. Normalmente lo que buscan es asegurar su conservación», confiesa. Es lo que pasó en 2015, cuando la familia del teniente coronel Román López Muñiz donó al Ayuntamiento un millar de placas fotográficas en soporte cristal. Las imágenes fueron tomadas por el militar durante el primer cuarto del siglo XX en Valladolid, al igual que las de Martínez Duverger, y en sus viajes a otras regiones españolas y Marruecos.

Este fue uno de los argumentos que terminó de convencer a Virginia Oñate para desprenderse del legado de su abuelo. De hecho, llevaba años estudiando esta opción, aunque antes ella misma optó por intentar revelar algunos de los negativos de la colección. En ese álbum personal hay imágenes del Teatro Pradera en todas las estaciones del año, aunque confiesa una especial predilección por una fotografía del emblemático inmueble, ya desparecido, bajo una abundante capa de nieve. Pero también exhibe con orgullo varias fotos de automóviles de la época, incluida una de sus abuelos, o numerosos retratos, donde se muestran los usos y modas de la época. «Me gusta mucho ver lo que había y que ahora ya no hay», confiesa. 

La donación de este legado familiar también se justifica por su cariño a  Valladolid. «Soy una enamorada de mi ciudad, que me ha dado mucho. Y mi abuelo también lo era, y sé que era lo que él hubiera querido. Y si con esta donación puedo agradecer un poco a la ciudad que me ha dado tanto, me doy ya por satisfecha», recalca. 

Restauración.

De momento, las placas, pero también algunos acetatos, ya están siendo restauradas. «Es una restauración limitada, sobre todo se hace conservación preventiva. Es un material muy delicado», explica Ignacio Barceló, conservador y restaurador del Archivo Municipal. Barceló destaca que estos fondos, como otros muchos que llegan a su mano, están sorprendentemente bien conservados, en parte gracias al azar, a pesar de que no se guardaron en las condiciones óptimas. «Las emulsiones fotográficas son muy sensibles a los cambios medioambientales. En este sentido ha sido una suerte que siempre hayan estado en Valladolid porque en otro ciudad con un clima más húmedo se hubieran deteriorado irreversiblemente». 

De hecho, solo una de las placas de Martínez Duverger está fracturada, pero se han podido unir los fragmentos de cristal. Lo que sí necesitan la mayoría es un laborioso proceso de limpieza para quitar el velo de impurezas que las cubre. «Hay que limpiarlas en seco, con muchísimo cuidado para evitar dañar la emulsión. Es un proceso muy lento, que podría tardar varios meses», recalca Barceló. Después la placas, y también los acetatos, se conservarán en sobres de papel fotón con ph neutro, para evitar cualquier daño. «Se individualizan y se guardan ya con una signatura. Luego llegará el proceso de digitalización en alta resolución, la descripción de cada imagen y su introducción en una base de datos», explica Pedreruelo. En ese momento ya podrán se consultadas por el público, bien presencialmente o bien en la web del Archivo Municipal.