La conciliación y la mesura se tiñen de morado

M.R.Y. (SPC)
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Pablo Iglesias vuelve a usar un tono moderado para atacar a PP y Cs y abrir distancias con Sánchez

La conciliación y la mesura se tiñen de morado - Foto: JuanJo Martín

 

Con la consigna de ser «prudentes» arrancó ayer Pablo Casado su participación en el segundo debate a cuatro. Y con esa misma actitud acabó su minuto de oro, en el que apeló a los españoles a cambiar la Historia con su voto el próximo domingo.
El líder de Podemos fue el único que no interrumpió a sus contrincantes -llegó a llamar «maleducado» e «impertinente» a Albert Rivera por sus continuos comentarios fuera de su turno- y quien no dudó en admitir que algunas de las intervenciones le producían «mucha vergüenza». 
Lejos de aguantar salidas de tono, casi al principio, instó a sus compañeros de debate a participar «sin insultos» y quiso poner orden de tal manera que hasta Rivera le cuestionó si era «el árbitro» de la contienda. «Si nos preguntan por empleo, no es normal hablar de Torra», aseguró un Iglesias que prefirió seguir los tempos marcados a enzarzarse en una pelea.
Si bien una vez más sus críticas más duras fueron contra los candidatos de PP y Ciudadanos, no dudó en alejarse del PSOE en determinados aspectos, principalmente los económicos. Eso sí, consciente en todo momento de quiénes eran sus adversarios, no le tembló la voz al sacar la cara por Pedro Sánchez, asegurando que «decir que es amigo de golpistas y terroristas es una barbaridad».
Sin embargo, aunque fue Pablo Casado el principal objetivo de su ofensiva -también Rivera estuvo en su diana-, tuvo palabras duras contra el presidente del Gobierno, una vez más por su ambigüedad a la hora de rechazar un posible pacto con Cs y cuestionando la palabra del socialista: «Para que el PSOE cumpla sus propuestas, es necesario que estemos en el Ejecutivo», aseveró.
Ese es, precisamente, el reto que se plantea Podemos de cara a las generales, en las que, indicó, primero hay que ver quién gana y, para ello, «hay que vencer y convencer». Sin embargo, y sin dudas de que «el próximo Gobierno será de coalición», tendió la mano a un Sánchez con el que apenas mostró discrepancias durante sus intervenciones y al que pidió caminar hacia la reconciliación en España, porque, «si la gente se mueve, cambia cosas».