El sonido de los balcones

R.G.R
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Músicos, profesores y aficionados salen a los balcones y ventanas de sus casas a diario para ofrecer pequeños conciertos con el objetivo de «alegrar la vida» a sus vecinos y «matar el gusanillo» de la música

El sonido de los balcones - Foto: Jonathan Tajes

Algunos empezaron simplemente por afición, otros porque observaron a través de las redes sociales que se estaba haciendo, porque tenían que seguir practicando o por el simple hecho de «alegrar la vida» a sus vecinos. Profesores, aficionados y músicos profesionales llevan desde el comienzo de la crisis sanitaria asomándose a sus balcones y ventanas para cantar y tocar sus instrumentos. Algunos se han decantado por salir todos los días, mientras que otros solo tocan una vez a la semana. En solitario, en parejas, a coro... Todos ellos tienen su público. Unos de forma presencial entre sus vecinos, que se han vuelto incondicionales y salen de forma puntual para observar los conciertos y otros, la mayoría, a través de las redes sociales, donde los vídeos han circulado y han llegado a un gran número de personas.  
Algunos vallisoletanos esconden auténticas joyas en las historias de sus conciertos. Es el caso de las 18 monjas que habitan la residencia Universitaria Santa Rosa de Lima, en la céntrica calle Juan Mambrilla, que salieron al balcón por primera vez para observar a un joven que tocaba el violín y que ahora son ellas las protagonistas. «Algunos vecinos nos dijeron que por qué no salíamos nosotras y nos animamos y lo hacemos todos los días», apunta Sor Corazón. 
Las 18 hermanas cantan unas cuatro canciones religiosas y han conseguido que los vecinos canten también a coro con ellas. «Sobre todo con la canción de la Virgen del Camino. Salimos a los balcones para decirles a nuestros vecinos que no están solos, que todos estamos apoyando para salir de esto». Aunque no salen siempre a la misma hora, las 18 hermanas de origen asiático ya tienen su propio público, ya que no son pocos los habitantes de la zona que estén pendientes de estos pequeños conciertos religiosos. 
La Confederación de Asociaciones de Educación Musical del Estado Español (Coaem) lanzó una iniciativa desde el inicio del estado de alarma para que los profesores se unieran a la iniciativa de tocar en los balcones. Enseguida se sumó a ella Carlos Ayuso, vecino de La Rondilla, que está impartiendo clases de música en la localidad zamorana de Fuentesauco. «Cada día publican una partitura en las redes sociales y yo además siempre toca alguna más». A las siete de la tarde, en la calle Calderón de la Barca, suenan la gaita gallega y el whistel, una especie de flauta. «Cuando salí la primera vez hubo un par de vecinos que esperaban ya al día siguiente para verme y como he subido el vídeo a las redes todos los días sí he tenido seguidores y gente que me ha escrito. Además, cuando comencé los árboles del patio junto a mi casa no tenían hojas ni flores y los vecinos nos veíamos todos los días». Muchos vecinos se han vuelto asiduos a estos conciertos de gaita, que se prolongan «entre tres y cinco minutos». 
El caso de Ramiro González es aún más curioso. Vive en la calle Torrecilla y también es profesor de música. Salió solo el primer día también bajo la petición de Coaem. Toca la zanfona y la gaita. Pero ahora no lo hace solo, toda a dúo. Una vecina de enfrente se puso un día a toca la flauta y desde entonces ha surgido una amistad unida por la música. «Nos llamamos todos los días a las once y media para ver qué vamos a tocar y lo hacemos juntos». Ya cuentan con su público. «Algunos días que ella no ha salido me preguntan por qué y les tengo que decir que está trabajando o que tenía una videoconferencia». Ya casi están obligados a salir todos los días. 
Paula Mendoza es cantante profesional y a los ocho días del confinamiento se animó a salir a la ventana en la zona de Caño Argales. «Me animaron entre la familia y los amigos. Mi casa da a dos calles y salgo una vez por semana a cada ventana». Algunos vecinos han grabado las canciones de ópera y han dado las gracias por la música de ópera. «La verdad es que son encantadores mis vecinos porque cuando termino siempre se oye algún grito dándome las gracias. Canto durante unos diez minutos, dos o tres canciones. Sobre todo repertorio de ópera, es lo único que se puede oír sin ningún tipo de amplificación». 
Luis Ángel Fernández es uno de los diez dulzaineros que reside en Aldeamayor de San Martín. Desde el Mester de Juglería les animaron a que tocaran una canción cada día con el objetivo de animar al resto de vecinos durante el confinamiento y en esto trabajan cada día. Salen en todas las localidades de Valladolid donde residen y «se ha convertido en un  ritual. Cuando terminan los aplausos de las ocho salimos a tocar». Cada día intentan innovar una canción nueva e incluso casi se ha vuelto habitual ya ver canciones de grupos de rock, pero en clave de dulzaina. 
Todos ellos tienen un objetivo común. Conseguir que el confinamiento de sus vecinos sea más ameno. Más divertidos y paliar los efectos que la covid-19 está haciendo en la sociedad de Valladolid.   

 

Carlos Ayuso / Toca la gaita a las siete de la tarde

El sonido de los balconesEl sonido de los balcones

«Al segundo día de tocar ya había dos vecinos esperando»

Carlos Ayuso es uno de los músicos de Valladolid que más repercusión ha conseguido con sus vídeos desde el balcón. Graba sus conciertos todos los días y los sube a las redes sociales y los vecinos de La Rondilla, donde vive, les siguen con puntualidad inglesa. «Al segundo día de salir a tocar ya había un par de vecinos esperando para ver el concierto». Desde entonces no ha parado de salir. Y ahora la música ya no es lo único que sucede en el vecindario, sino que las conversiones después del concierto ya son comunes. Esta actividad ha servido para que los vecinos se conozcan, se pongan cara y hablen entre ellos. «No sirve para ensayar porque para eso serían necesario horas, pero sí para no perder el ritmo y para alegrar un poco a los vecinos sin molestar». 

 

El sonido de los balconesEl sonido de los balcones

Luis Ángel Fernández / Toca la dulzaina a las ocho de la tarde

«Lo hago solo por alegrar el día a mis vecinos»

Primero aplaude al personal sanitario a las ocho de la tarde y una vez que acaban las palmas, comienza la música. Vive en Aldeamayor de San Martín y no es el único que lo hace. Son diez dulzaineros los que tocan prácticamente al unísono. Lo hacen simplemente por divertir a los demás. Tienen que prepararlo con anterioridad, pero el esfuerzo merece la pena. Poco a poco han ido aumentando su repertorio y ahora se atreven con casi cualquier cosa hasta con canciones de ACDC. «Tenemos mucho respeto a la hora de elegir el repertorio dependiendo de las noticias que tengamos en el pueblo, porque puede haber fallecido alguien y tocamos dependiendo de las circunstancias». «Nos estamos divirtiendo mucho con ello y no vamos a parar hasta el final».   

El sonido de los balconesEl sonido de los balcones - Foto: Jonathan Tajes

 

Residencia de Santa Lima / Monjas que cantan a las seis y cuarto de la tarde

«Salimos para decirles a los vecinos que no están solos»

Son 18 las monjas que viven en la Residencia Universitaria Santa Rosa de Lima, en la céntrica calle Juan Mambrilla, todas ellas de origen asiático. Un día salieron al balcón para observan a un joven que estaba tocando el violín. Sintieron algo especial y se preguntaron por qué ellas no podían hacer lo mismo. Desde entonces salen todos los días a las seis y cuarto de la tarde para mostrar a sus vecinos que no están solos y para apoyar a aquellas personas que lo están pasando mal como consecuencia del cororonavirus. Se le suman alguno vecinos en sus cantos religiosos. Cuatro canciones que están teniendo un gran éxito entre el público. Se sienten orgullosas de hacerlo  y de los ‘seguidores’ que las acompañan a diario. La canción de la Virgen del Camino, su gran éxito.  

 

Ramiro González / Toca la zanfona a las doce

«Tengo unos vecinos incondicionales que me hacen salir»

No toca solo. Comenzó a mediodía él solo, pero ahora tiene una compañera. Es una joven austriaca que toca la flauta Iris. Relata que comenzó a salir para seguir la petición de la Confederación de Asociaciones de Educación Musical del Estado Español, pero que después de salir a su balcón se le sumó su vecina. Ahora, se llaman a las once y media de la mañana todos los días para ponerse de acuerdo en qué partitura tocar. Tiene vecinos que le piden que lo haga y disfruta con la música tradicional. La pandereta, el mortero y la sartén también son algunos de sus instrumentos e incluso se aventura también a cantar. «Al menos lo intento», bromea. Cuatro temas todos los días, en torno a unos diez minutos. Ya se lo toma como un servicio público para sus vecinos.