El Museo de Escultura pone el foco en las piezas secundarias

ICAL
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El Museo de Escultura pone el foco en las piezas secundarias

La muestra 'Almacén. El lugar de los invisibles' exhibe alrededor de 280 piezas, "los restos de una especie de naufragio", y puede contemplarse hasta mediados de noviembre en el Palacio de Villena

Con el objetivo de dar a conocer a la ciudadanía “el misterio” y “el secreto” que supone para los visitantes de los museos el almacén, esa “cueva de Ali Babá” donde se custodian los fondos que normalmente no están a la luz del público, la directora del Museo Nacional de Escultura, María Bolaños, ha dado forma a ‘Almacén. El lugar de los invisibles’. La exposición reúne hasta mediados de noviembre en el Palacio de Villena 280 piezas, alrededor del 15 por ciento del total de los fondos de la colección, para mostrar “los restos de una especie de naufragio donde el arte español en parte se ha salvado y en parte se ha perdido”.

Bolaños explicó que la exposición que hoy abrió sus puertas, con la presencia de la subdirectora general de Museos Estatales, Carmen Jiménez, da protagonismo a artistas secundarios, anónimos, y a piezas “de segunda y tercera fila” que normalmente no llegan a ojos del público y que ahora están a su disposición en una exposición “salvaje”, e “indocumentada” donde, al contrario que sucede siempre, las obras prevalecen por encima de las ideas.

Es por ello que a la hora de diseñar el montaje se ha rehuido de la creación de un discursos historicista o cronológico, para apostar por un carácter más “anárquico” y “desordenado”, donde las obras “no se agrupan de una forma histórica sino mezcladas entre sí, atravesando las capas del tiempo y jugando con la propia anarquía de la colección”. ADemás, las piezas no aparecen acompañadas de las tradicionales cartelas que describen la pieza, con su título, autor o materiales, y están agrupadas por salas en torno a criterios formales y estéticos.

Paisajes visuales

Como explicó en la inauguración la responsable del diseño del espacio expositivo, Anna Alcubierre, “cada sala es como un paisaje visual” y toda la exposición propone “un juego de percepción visual” donde, como parte del “juego” propuesto, “lo formal es una prioridad y lo académico no”, y donde “los invisibles se vuelven visibles y se relacionan entre sí”.

La muestra se estructura en torno a nueve salas, que reflejan diferentes ámbitos relacionados íntimamente con la propia exposición. Así, la muestra se abre con un espacio denominado ‘Repetición’, donde se recrea una especie de nichos en los que han depositado numerosos relicarios de diferentes siglos, que dejan paso a continuación a otro área, ‘Contrapuntos’, donde ninguna figura (solo sus sombras) aparece como suele ser habitual a la altura de los ojos del espectador, sino yaciendo en el suelo o suspendidas en el aire desafiando la gravedad, como sucede con numerosos ángeles..

Otro de los espacios es ‘Reversos’, donde se puede apreciar el andamiaje tradicionalmente oculto de esculturas, retablos, relieves y relicarios gracias a piezas que se encuentran de espaldas a su posición natural, dejando a la luz anotaciones, dibujos o la huella de gubias y cinceles, ensambladuras y prótesis posteriores.

En ‘Variaciones sobre un tema’ se reúnen decenas de cristos crucificados, una de las figuras más iconográficas del cristianismo occidental; sobre esa sala, Bolaños aseguró que en ella, “si uno quisiera, podría hacer una historia de la escultura española, atendiendo a la torsión de los cuerpos, los ropajes o la expresión de las figuras”. Tras otro espacio denominado estructuras, que aglutina piezas no figurativas que desgranan el aspecto más “arquitectónico” de la escultura, la siguiente sala es una de las más impresionantes de la muestra, a un lado aparecen suspendidas en la pared nueve figuras que han denominado ‘Solistas’, que “sobresalen del conjunto por su gesto teatral o narrativo”, mientras frente a ellas aparecen dispuestas en cinco filas otras 28 esculturas estructuradas a modo de coro griego dialogando a través de los siglos y las congregaciones religiosas a las que pertenecen sus santos representados.

Tras un espacio donde se arremolinan 1656 fichas de inventario antiguas de los fondos de la colección, a modo de mosaico, en ‘Libreto’, ya en la recta final de la muestra, se describe “la parte narrativa del almacén” y se subraya la relación que la palabra escrita ha tenido con la escultura a través del cristianismo.

Por último, en ‘Fragmentos’ se presenta el almacén como una suerte de “asilo de náufragos”, que reúne restos de obras que simbolizan “lo que la cultura ha podido rescatar de la violencia de la historia”. Ese bloque final le sirve también a Bolaños para “reivindicar la importancia de los museos y la función tan importante que cumplen como custodios y difusores del patrimonio”.