Cada vallisoletano gasta 80 euros en la Lotería de Navidad

M.B
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En Valladolid se ha vendido el Gordo cuatro veces. José, Nacho y Mariano relatan lo que significa que te haya tocado. A ellos les sonrió la suerte en 2013, gracias al 62.246 que compró Manuel en Mondragón:«Lleva 27 años trayendo un número desde allí»

Cada vallisoletano gasta 80 euros en la Lotería de Navidad

Cada vallisoletano gasta una media de 79,66 euros en comprar décimos para el Sorteo de la Lotería de Navidad, un total de 0,66 euros más que en 2018, según la cifra de consignación por habitante de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado.

En cuatro ocasiones se ha despachado el número premiado con el Gordo en Valladolid. En 1821, en 1984, en 2012 y 2018. En 2013 tocó, pero el número procedía de Mondragón.

«Estuve en las nubes más de una semana. Recuerdo que mis hijas iban preguntando que qué le pasaba a su padre». José Quesada reconoce que solamente pensar en aquel día le hace sonreír. No ha pasado mucho. Seis años. Por eso, tiene aún fresco aquel 22 de diciembre: «Estaba ahorcado económicamente y fue increíble. Bajé de casa y una amistad me dio la enhorabuena nada más verme. Pensé que estaba de broma. Entré aquí -Mesón Don Enrique- y me la volvieron a dar. Me fui directamente a casa, busqué entre los décimos y vi que era cierto, que me había tocado». 
El 22 de diciembre de 2013 es una fecha inolvidable para varias familias vallisoletanas. Ese día, el 62.246 dejó un buen pellizco en la capital. Principalmente en dos lugares, el mesón Don Enrique, en la calle Paraíso; y la cafetería Thais, en Mateo Seaone en Parquesol. El número no se vendió directamente en la capital, sino que llegó desde Mondragón (Guipúzcoa), en la maleta de un salmantino de nacimiento, guipuzcoano de adopción y vallisoletano de residencia, Manuel. «Un cuñado que se dedicada a la soldadura entabló amistad con Manuel a través del restaurante que regentaba él en Mondragón; y así empezó a traernos lotería de allí. Primero a la cafetería Kansas y luego aquí. De aquello han pasado 25, no, no, por lo menos 27 años», apunta Mariano, dueño del mesón Don Enrique. Él mismo fue agraciado con dos décimos aquel 2013: «A ver, se vive igual pero con un poco más de libertad, sin que te aprieten tanto los bancos. Lo bueno es que le tocó a toda la plantilla, desde cocina, camareros, a todos».
Manuel dejó catorce décimos de aquel número en 2013 entre los dos establecimientos. Y la ‘suerte’ le sonrió a toda la plantilla del mesón, a varios de sus clientes -entre ellos José-, y a otros tantos más en el Thais.
«Te cambia la vida o, al menos, te la arregla», no duda en apuntar José, que añade, «eso sí, ¿a dónde andará ya ese dinero?». Él, jubilado desde precisamente octubre de aquel 2013, señala que compró el décimo premiado con los últimos 50 euros que le quedaban: «Había dejado de cobrar la ayuda familiar y acababa de pasar a jubilado, pero aún no había recibido el dinero». Por eso, los 400.000 euros -«320.000, que ese año llegó Montoro con su impuesto», deja bien claro- llegaron como agua en mayo a su casa: «Había muchos gastos».
«Me adelantó la vida unos 15 años», bromea Nacho, recordando que el premio le permitió cancelar la hipoteca de su vivienda. A él, como al resto de la plantilla del mesón, le tocaron unos 90.000 euros, «con la consabida retención de Montoro». La celebración en el bar fue... larga. «Hasta que acabamos con las reservas aquí, que sería sobre las cinco de la tarde. Luego nos fuimos a la Perindola (discoteca Rosaleda), cerramos la parte de arriba y allí seguimos la fiesta con familiares y amigos», señala mientras sigue atendiendo a los clientes de este mesón cercano al Clínico. El dinero ayudó a una plantilla de casi diez trabajadores. «Todos siguen aquí. Bueno, todos menos uno, que prefirió irse cuando supo que le había tocado», afirma Nacho.
Este año, el ya famoso Manuel ha vuelto a hacer el recorrido entre Mondragón y Valladolid con varios décimos de un mismo número. No del 62.246. De otro. «Siempre trae uno, pero no tiene por qué ser el mismo. Lo único es que siempre debe terminar en 6», apunta Nacho. Y este año la ‘suerte’ podría caer en el 91.016, que es el que ha vuelto a repartir Manuel entre sus allegados y conocidos de aquí. «Lo cojo todos los años. Él trae el que cree conveniente. Entablamos amistad con él y la pandilla de amigos solemos llevar el número», aclara José. 
A su lado, mientras relata sus vivencias, un cliente del mesón pregunta: «¿Pero le ha tocado el Gordo?». José responde con un sí y explica la historia. «¿Queda algún décimo aún?», interpela a Nacho. «No», responde. Como apunte para el cliente el número se ha comprado en la administración de lotería, 2, de Mondragón, de nombre Garai.
Manuel ha traído, en dos desplazamientos a la localidad guipuzcoana, casi 6 series o más de ese 91.016. Y todos los décimos se han agotado. Como los del número que juegan habitualmente en el mesón Don Enrique: «Se ha vendido entero». «Es que el número que lleváis tiene muy buena pinta», reconoce José.
Aquella suerte repartida en 2013 hizo que la pandilla que jugaba los números de Manuel creciese al año siguiente y al siguiente y al siguiente... «aunque ahora parece que se ha estabilizado», afirma Nacho.
«Toca, es verdad que toca; y a ver si nos volvemos a ver este 22», casi gritan al unísono Nacho y José mientras sujetan el número de su suerte. El de hace seis años. Y el de éste, eso sí guardado en el bolsillo.