Los puntos volaron pero Zorrilla fue una fiesta

D.V.
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Dos fallos de Kiko Olivas y Alcaraz allanan el camino del equipo ché hacia la cuarta plaza. Un Real Valladolid plagado de suplentes cae por 0-2 en el partido de la despedida de Borja y de la celebración de la merecida permanencia

Los puntos volaron pero Zorrilla fue una fiesta - Foto: LaLiga

La temporada del regreso  del Pucela a la élite del fútbol español terminó con sabor agridulce. No por perder ante el cuarto mayor presupuesto de la Liga, sino por lo grosero de los errores que pusieron el triunfo en bandeja al Valencia, que certificó su plaza Champions con goles de Soler y Rodrigo. Pero está vez el resultado no consiguió aguar la fiesta de Zorrilla, abarrotado y volcado con entusiasmo con los suyos.

Sergio puso en liza un 
once plagado de suplentes, a excepción de Kiko Olivas y Alcaraz, dos de los mejores de la campaña y, curiosamente, los que firmaron los dos regalos; uno al final del primer tiempo y otro al comienzo del segundo.

Y no es que el equipo saliese relajado por aquello de que la permanencia llevaba una semana garantizada, porque soltó veinte minutos iniciales en los que pareció tener más hambre que el propio Valencia, relajado como si la Champions fuese ya suya y no tuviese que ganar en Zorrilla. Pero el paso de los minutos fue nivelando la cosa y, en una larguísima jugada de combinaciones en zona defensiva pucelana, llegó el error de Olivas, al intentar recortar a Rodrigo junto al pico de su área. El Valencia no desaprovechó el primer regalo de la tarde: Rodrigo, Mina y gol de Soler.

Los puntos volaron pero Zorrilla fue una fiesta
Los puntos volaron pero Zorrilla fue una fiesta - Foto: Real Valladolid

Con 0-1 se llegó al descanso y en la reanudación no tardó en llegar el segundo gol. También el segundo regalo. Yoel saca de puerta para Alcaraz, que falla en el control y Parejo, muy atento, no perdona; robo, pase en profundidad a Rodrigo y 0-2.
A partir de ahí, la fiesta. La del Valencia, que repetirá en la Champions y la de un Real Valladolid entregado a una afición blanquivioleta, que hizo la ola, que 'bufandeó' y cantó (todo había empezado con el himno a capella), y que despidió con cariño a Borja. El gallego besó el césped y se fue ovacionado y entre lágrimas. Se va dejando a su Pucela en Primera, en su sitio.

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