El último Pichichi

M.B.
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El último Pichichi

Polilla da Silva jugó en el Real Valladolid de 1982 a 1985, acabando como máximo goleador de Primera División en la 83-84, con 17 goles, por delante de Mágico González, Hugo Sánchez o Maradona. Además marcó el primer gol internacional del Pucela

Sería algo soñado. Polilla da Silva respondía así hace unas semanas a la pregunta de si pensaba volver algún día a Valladolid como entrenador. Lo hacía en la web del club blanquivioleta tras repasar la que fue una de las épocas doradas del club, con él como protagonista.
El uruguayo, hoy con 57 años, pasó dos en Valladolid, de enero de 1983 al mismo mes de 1985. Marcó 24 goles en Liga, más 4 en la Copa de la Liga y 1 en la UEFA, el primero que anotaba el Pucela en competición internacional: un 19 de septiembre de 1984 ante el HNK Rijeka (Croacia). Ganó la Copa de la Liga y fue pichichi de la competición doméstica la temporada 83-84, con 17 dianas. Mágico González (14), Santillana (13), Hugo Sánchez (12), Maradona (11), o Bakero (10) no pudieron superar al uruguayo, que empató en ese primer puesto de máximo goleador con el madridista Juanito.
Jorge Orosmán da Silva Echeverrito, más conocido como Polilla da Silva, nació en Montevideo el 11 de diciembre de 1961. Comenzó a jugar al fútbol en el Centro Atlético Fénix, para pasar por Danubio antes de fichar en 1980 por Defensor, su club de toda la vida, con el que debutó con 18 años.
Dos temporadas más tarde llegó al Real Valladolid. «Fue algo muy rápido. Era una época en la que llegar al fútbol europeo era muy difícil, solo podían jugar dos extranjeros por equipo, y no era costumbre que los jóvenes emigraran. Iba a préstamo durante seis meses, me jugaba mucho. Pero no lo dudé, confiaba mucho en mis posibilidades y en ayudar al equipo a permanecer en Primera», recordaba hace escasas fechas el delantero sobre su llegada a Zorrilla.
Llegó en enero cedido y debutó un Día de Reyes de 1983 en el Santiago Bernabéu. Fue titular y jugó los 90 minutos en la derrota de los vallisoletanos por 2-0. Su primer gol llegó un par de partidos más tarde, en San Mamés ante el Athletic, en un encuentro que acabó con 1-1. Hizo cuatro goles más, y otro en la Copa de la Liga. «Tuve la suerte de llegar y el equipo empezar a levantar, y salvarnos una fecha antes de acabar la Liga», recordaba. Y esa permanencia y sus goles le valieron renovar esa cesión una temporada más, por la 83-84. En ella hizo esos 17 goles, siendo el último pichichi blanquivioleta de Primera División de la historia.
Esa temporada, además, el Real Valladolid firmó su título más importante, la Copa de la Liga: «Cuando empezamos ni soñábamos con poder ganar, fue lo más lindo», lo que hizo que se clasificase para Europa. De esos 17 goles ninguno fue de penalti, algo que aún da más importancia a su logro. La temporada siguiente fue la última. «Se especulaba que con la participación del club en UEFA se pudiera pagar mi transferencia. Pero quedó en una situación económica complicada y no se pudieron hacer los pagos de mi transferencia», añade, lo que hizo que volviese a Uruguay. 
Luego llegaría su paso por el Atlético de Madrid, con 21 goles más y la Supercopa como título para después jugar en Chile, Argentina, Colombia y retirarse en su club, Defensor, en 1997.
«Vivía cerca de la plaza de toros y recuerdo los paseos con mi señora, nos pareció una ciudad encantadora» aún recuerda de Valladolid.
Desde 2000 es entrenador, dirigiendo en Uruguay, Argentina, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. Desde el 1 de abril está sin equipo, pero pronto volverá. ¿A Valladolid? «Sería algo soñado».

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