Las librerías reanudan su actividad el lunes con cita previa

César Combarros (Ical)
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Los clientes deberán concertar el encuentro por correo electrónico o por teléfono, y podrán retirar pedidos realizados online o en el mismo establecimiento

La propietaria de Castilla Cómic, Raquel Abia. - Foto: Ical

Las librerías vallisoletanas han decidido mayoritariamente reanudar su actividad desde mañana lunes, 11 de mayo, aunque el hecho de que todas las capitales de provincia de Castilla y León no puedan avanzar hacia la fase 1 de proceso de desescalada les obligará a que el reencuentro con sus clientes solo pueda llevarse a cabo bajo cita previa, una modalidad a la que algunas como El Árbol de las Letras ya se sumó el pasado lunes, y a la que ahora se incorpora el resto. 

La unidad del sector les llevó a acordar, ante la declaración del estado de alarma, la suspensión de la venta online “por responsabilidad” y para evitar la exposición de los mensajeros en los repartos, y ahora reanudan su actividad online y bajo cita previa para poder recoger los encargos y pedidos realizados, mientras aguardan el momento de poder reencontrarse con sus clientes, “con unas ganas tremendas de abrir pero a la vez muchas incertidumbres”, como explica Estrella García, de Oletvm.

“La gente lleva varios días llamando o escribiendo para preguntar, y a partir del lunes nos intentaremos adaptar a los horarios en los que los clientes pueden salir a la calle para poder hacer las entregas”, señala Ana García Allué, de En Un Bosque de Hojas, que lamenta que las normativas para los procesos se transmitan “a última hora, como se deciden por desgracia las cosas en este país”. En Castilla Cómic, que cuenta con tres establecimientos en la capital, han puesto en marcha un servicio de entrega a domicilio en toda la provincia sin coste añadido para poder satisfacer a aquellos que aún prefieran no desplazarse a sus librerías, y confían en que dentro de unos días la situación permita levantar el telón, “aunque sea poco a poco”. “Por algo hay que empezar, hay que mover el engranaje e los negocios para ver cómo va funcionando todo”, recalca su propietaria, Raquel Abia. 

El Árbol de las Letras es una de las pocas librerías vallisoletanas que recuperaron su actividad el pasado lunes, 4 de mayo, acogiéndose a la posibilidad de atender a clientes de forma personalizada bajo cita previa en la fase 0. “En cuanto se nos permita abrir la puerta de nuevo lo haremos, aunque sea para vender un único libro, porque no están los tiempos como para que la gente siga volcando sus compras online o pirateando”, reflexiona Soraya González.

Desde Oletvm, Estrella confirma que a partir de este lunes abrirán su espacio de la Plaza del Salvador, para centralizar los encuentros y entregas bajo cita previa que se realicen tanto en Oletvm Junior como en la librería de adultos. El horario se limitará de 10 a 14.00 horas, y las citas pueden solicitarse además por Facebook y estarán espaciadas cada quince minutos. Desde hace unos días han reactivado la venta online para poder ir preparando los pedidos y agradecen el seguimiento que muchos de sus clientes les han realizado durante la cuarentena aguardando su vuelta.

Medidas de higiene

Todas las librerías vallisoletanas han dedicado esta semana a acondicionar sus respectivos locales a la nueva situación, procediendo a su desinfección y estableciendo los protocolos que seguirán cuando se restablezca el encuentro con los clientes. En Castilla Cómic han instalado mamparas al estilo de las que ya se encuentran en los supermercados, y la tónica general es que los libreros ofrecerán a quienes los visiten geles desinfectantes y guantes desechables antes de entrar a los establecimientos. 

Entre las instrucciones recogidas el pasado domingo por el Ministerio de Cultura a las asociaciones y gremios de librerías en España, el protocolo marcaba explícitamente la prohibición de que los clientes puedan tocar los libros, algo que se contempla con escepticismo desde el sector. “A una librería entras muchas veces a hojear, a curiosear. Si no se puede tocar el libro sin comprarlo será complicado. ¿Qué sucederá entonces con las posibles devoluciones?”, cuestiona Estrella García, que incide en que “todos debemos ser conscientes de que hay que ser estrictos con las medidas de seguridad e higiene, porque esto no es ninguna broma”. 

En ese sentido, Ana Garcia Allúe considera que “no poder tocar el libro es una medida un poco exagerada, sobre todo cuando de antemano se adoptarán medidas higiénicas con los geles, guantes y mascarillas”, y Raquel Abia coincide en afirmar que, si se concreta ese punto, será bastante difícil de llevar a cabo: “Mucha gente está haciendo sus colecciones, quiere los siguientes números de una serie y va a tiro fijo, pero otros pueden buscar un regalo para un cumpleaños por ejemplo y es difícil que se lleven algo sin verlo bien antes”, explica.

Soraya González, por su parte, señala que, en el caso de El Árbol de las Letras, “el cliente no suele pulular por la librería ni se queda mirando las estanterías, sino que va directamente a por los títulos que busca”, y reconoce que el escaparate sigue siendo “un pastel” para despertar su atención sobre unos u otros títulos.

Heridas abiertas

Para ella, “el libro está tocado por muchísimas más heridas que otros sectores, y las que ya estaban abiertas se han acuciado en este encierro”, ya que durante las últimas semanas grandes portales de internet han seguido vendiendo libros con normalidad, “y la gente se ha acostumbrado a registrar su número de Visa y comprar de todo con inmediatez con solo darle a una tecla”, algo que a medio plazo puede acarrear consecuencias. 

“Nuestra librería forma parte del pequeño tejido empresarial de la ciudad, que es como una red de pymes, entramada y cerrada con cada uno de sus nudos para que la economía funcione. Si por poner un ejemplo el ciudadano solo compra en grandes portales de internet, yo tendré que cerrar, y si antes yo tomaba una cerveza en el bar de al lado o iba a la peluquería de más allá, ya no podré ir y quizá ellos también tengan que acabar cerrando. Puede llegar un momento en que la gente salga a la calle y solo encuentre tiendas de móviles y de compraventa de oro, sin escaparates, sin variedad y sin una vida en las calles que invite a la gente a pasear y a entrar en comercios que ya no existan. Dar un clic puede parecer un gesto inofensivo pero quizá mañana tu hijo tenga que buscar trabajo y no lo pueda encontrar”, reflexiona, pidiendo que no se rompa ese tejido que sostiene la microeconomía.

Menos pesimista ante una posible situación irreversible con la compra online de libros se muestra Ana García Allúe, de En un Bosque de Hojas, que considera que en cuanto sea posible los clientes regresarán a las librerías: “Hacer un pedido online a medianoche desde la cama es muy fácil, pero lo que más nos gusta en este país es entrar en cualquier tienda y contar nuestras desgracias a los dependientes, que muchas veces ejercen de psicólogos. Hablar es lo que más nos gusta del mundo mundial”, bromea con una amplia sonrisa.

Desde Oletvm, Estrella García reconoce que la situación ha despertado cierto “miedo” en un sector donde “antes de la pandemia las cosas ya estaban complicadas”, tras haber perdido fechas clave en el calendario para sostener sus ingresos, como el Día del Libro o el Día de la Madre. Además, reconoce que aunque la Feria del Libro de Valladolid se ha aplazado momentáneamente hasta el 25 de septiembre en el mismo escenario, la Plaza Mayor, “ya no será lo mismo”. “Tenemos que ver cómo podemos ir resistiendo, el apoyo de los clientes está siendo una inyección de moral”, reconoce. 

37 años después de dar sus primeros pasos en el negocio, Raquel Abia reconoce que “nunca” había vivido nada similar a la situación actual. “Mira que hemos vivido crisis y épocas buenas y malas, pero esto es lo peor de lo peor. La mayor desgracia que nos podía haber pasado a nivel mundial”, lamenta. En ese sentido, recuerda que “la salud es lo más importante” y considera que si los negocios reabren pero las ventas no son suficientes quizá tenga que mandar a alguno de sus “compañeros” al paro, algo en lo que prefiere no pensar de momento ya que, como están “tan unidos”, sería para ella “muy doloroso”.

“El problema del autónomo es que si no abro, no cobro, y si no cobro no como. Los que tienen empleados no van a poder abrir su cafetería para poner un café a lo largo del día, o las peluquerías no podrán pagar sueldos si solo peinan a dos señoras. Está por ver qué sucede con todo”, completa Soraya González.