Sandro: «En Valladolid he sentido un 'feeling' diferente»

M.B
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Sandro nació en Las Palmas hace 24 años. A los 14 se fue a Barcelona y creció en La Masía. A los 21 despuntó en el Málaga y se lo rifó media Europa. El domingo marcó su primer gol en dos años. No promete cifras, pero sí se le ve pleno de confianza

Sandro: «En Valladolid he sentido un ‘feeling’ diferente» - Foto: Inaki Sola

La imagen de Sandro arrodillado, mirando al cielo, tras el pitido final ante el Mallorca fue simbólica, tanto o más como la de todos sus compañeros rodeándole, apoyándole y felicitándole. Sandro Ramírez rompió el pasado domingo el mal fario que le perseguía desde el 23 de noviembre de 2017, fecha en la que había anotado su último gol (con el Everton en la Europa League). Desde entonces, habían pasado casi dos años y 53 partidos oficiales. Él tenía claro que el gol llegaría. Y llegó. Ahora quiere más. 
¿Cuánto peso se quitó de encima el domingo?
Mucho, la verdad es que sí. Llevaba mucho tiempo buscándolo, con mucho trabajo detrás. Gracias a mis compañeros, al club, al míster, al cuerpo técnico... que desde el principio han confiado en mí. Estoy contento, feliz.
Lo primero que hizo fue mirar a uno de los palcos, ¿a quién buscó?
A mi novia, Gabriela, que es la que está todos los días conmigo, sabe lo que hay detrás, sabe lo que realmente paso y ella también lo pasa. Mutuamente nos ayudamos y se lo quise agradecer.
La jugada y la grada casi le obligó a chutar, cuando parecía que iba a buscar el pase.
Sinceramente mi idea era pasarla. Estábamos en los últimos minutos, mi idea era mantener el balón porque si lo perdíamos, aunque íbamos 2-0, te podían marcar. Por eso era pasarla para no perder el balón, pero vi que Raillo se estaba abriendo y me dejaba la portería. Al final decido chutar, le pegué con todo mi alma y gracias a Dios pudo entrar.
Otra imagen es la del abrazo con el staff técnico nada más marcar...
Tenía muchas cosas que hacer. Se lo dediqué a mi novia. Luego había hablado con el doctor unos días antes y me había dicho: ‘Visualízalo, tenlo claro que vas a marcar’. Al final ellos han estado ahí en mis problemas de lesiones y han estado dándome fuerzas. Lo quise dedicar, por eso, con el doctor y todo el equipo. Al final somos un equipo, me han ayudado desde el principio y siempre han confiado en mí.
Y acaba el partido, se pone de rodillas en el centro del campo y todo el equipo va a abrazarle.
Los compañeros saben del trabajo, aunque lleve poco tiempo en Valladolid, que vengo haciendo para poder abrir la lata. Siempre el primer gol es el más difícil y a mí me ha costado en los últimos equipos que he estado. Aquí he sentido un feeling diferente, una confianza hacía mí en todos los sentidos. Y es un motivo de agrado, me pongo de rodillas porque al final ‘lo conseguí’. Ahora a pensar en seguir marcando goles y ayudando al equipo.
¿Recuerda la fecha del 23 de noviembre de 2017?
¿El último gol? Lo he escuchado, pero sinceramente no me acordaba. Ni me acordaba con qué equipo.
Everton...
Ah sí, pase de Kevin Mirallas atrás y la cruzo... ¿ante? ¿Atalanta? Me acuerdo. Al final me fui al Sevilla, salí, entré, salí... es muy difícil, tuve ocasiones, pero es muy difícil. Y también jugamos con un portero rival... en la Real Sociedad tuve oportunidades pero no las pude aprovechar - recuerdo un par de tiros al palo-, pero no me entraban, no había cómo hacerlo. El pasado fin de semana lo pude conseguir, está bien para ayudar al equipo y en lo personal para quitarme un peso de encima.
¿Cómo se convive estos dos con ese mal fario que parece que le perseguía? 
No entraba y no había un porqué. Trabajaba igual y ahora lo sigo haciendo, incluso más que antes, y no había un porqué. Los delanteros creo que pasamos por rachas y la mía ha sido un poco más larga, pero no sabía el porqué. Tienes que convivir con eso. Como he dicho en otras ocasiones, yo confío en mí, en mis posibilidades, sé lo que puedo hacer. Ya lo hice un año en Primera y era muy joven. Sigo siendo joven, estoy y estaba tranquilo. Es verdad que cuando terminan los partidos le das vueltas a la cabeza y visualizas y analizas el porqué haces unas cosas u otras, pero no encontraba el porqué de los goles. Mi padre siempre me ha dicho: ‘Olvídate del gol y trabaja para el equipo. Luego el gol vendrá, siempre has hecho goles y siempre los vas a hacer. ¡Estate tranquilo’!.
Los delanteros viven de los goles. Es una frase hecha...
Es cierto. Al final de una temporada cuando se valora a un futbolista, lo primero que se mira si eres delantero es cuántos goles ha metido, no cuántos pases o asistencias ha dado. Esto es el fútbol. Tengo claro que soy un goleador, pero no tengo ese papel de delantero centro fijo, fijo, puedo jugar en banda, de mediapunta... no soy un delantero fijo que tenga que buscar siempre el gol. Pero como siempre se me ha caracterizado de eso, ahora me piden que meta goles… no tengo ningún problema, sé que puedo hacerlo.
¿Cuántos malos momentos ha vivido en estos dos años? Se le vio realmente ‘tocado’ el día del penalti contra el Atleti.
Unos cuantos. No sabes ese por qué no entran. Igual que contra el Atlético, tengo una oportunidad clara y al final piso, el balón se levanta y es lo que hace que se vaya hacia arriba. La vida te la pone así, creo que me he hecho más fuerte de lo que era antes, hay que tener la cabeza bien amueblada, ser duro, constante, trabajador, humilde... si siempre has hecho goles van a llegar.
¿Cuántas llamadas ha recibido esta semana?
Muchas y mensajes de whatsapp. Contento porque al final la gente que me quiere, mi familia, amigos... se alegran porque al final ellos saben como lo pasa uno, lo pasan ellos también mal al verme mal. Siempre dicen que el primero es el más importante y los demás vendrán solos, y ojalá sea.
Le habrán vacilado un poco con que se ponga una cifra.
No. Los compañeros contentos porque desde el primer día me ayudaron, confiaron en mí y siguen confiando en mí. La verdad es que es un gusto entrenar con gente así.
Cambiemos de tercio. ¿Por qué se decidió por Valladolid y qué busca aquí?
Tenía varias opciones, como dijo Miguel Ángel en mi presentación. Le dije que quería hablar con el míster porque al final lo más importante es el entrenador y lo que piensa de ti. Hablé con él, me transmitió y me dio una confianza que yo necesitaba en ese momento. Venía de unos años malos y, como dije antes, han confiado en mí desde el principio. Firmar a un delantero que lleva un año y algo sin marcar gol es complicado; y cuando confían en ti y te lo demuestran viendo que te quieren... se lo dije a mi agente, Ginés Carvajal: ‘Me voy al Valladolid, no miramos más opciones, intenta hacerlo con el Everton como sea’. Al final, el que decide donde juega es el jugador y yo lo tenía claro. Salió todo bien y aquí estoy, con la máxima ilusión para poder crecer como jugador, como persona y aportar mi granito de arena para que el club siga creciendo.
¿Y qué se ha encontrado, como club y como ciudad -además del frío siendo canario-? 
No sabía cómo era el club antes. Mis compañeros me han hablado un poco y me dicen que ahora está mucho mejor que antes, todo más estructurado con la ayuda de Ronaldo, que es una persona muy cercana al futbolista y sabe lo que necesitamos. Es un club que está en crecimiento y vengo a aportar mi granito de arena. Tenemos que ser conscientes de que nuestra prioridad es la salvación lo antes posible y vamos a intentarlo. Pero soy una persona ambiciosa y ¿por qué no podemos mirar hacia arriba si conseguimos pronto la permanencia? Lo he hablado con los compañeros, veo a un equipo muy bueno y podemos pelear con cualquier equipo. Primero la permanencia y luego ya veremos.
¿El frío? Mis compañeros me han dicho que esto no es nada, que no acostumbre que esto no es lo normal. Habrá que abrigarse bien pero si uno está contento, juega, está feliz y el equipo va bien, son cosas que se pasan fácilmente.
Usted es canario, pero se crió deportivamente en La Masía. Llegó a los 14 años. ¿Duro?
Muy duro. El primer año lo pasé muy mal, lloré mucho, llamaba a mis padres... era un niño que siempre había estado con mi familia. Al marcharme y verme solo, sin tu familia, amigos y rutina diaria... fue duro, pero siempre tuve claro que quería dedicarme al fútbol y llegar a Primera. Recuerdo que al cumplir un año, vuelvo a Las Palmas y al tener que regresar a Barcelona le dije a mi madre que no quería irme. Si realmente sigo jugando y llegué en el Barça fue por ella, por mi madre, que me dijo: ‘Sandro, te tienes que ir’.
Siete años después se fue al Málaga y explotó.
Salí libre del Barcelona. Siempre lo he dicho, el futbolista necesita sentirse importante. Al final la confianza es el 70%-80% del futbolista. Y allí me la dieron. Era lo que quería para poder dejarme ver y mostrarme. En el Barça estaban Neymar, Messi y Luis Suárez, y era muy complicado. Un jugador joven lo que busca es jugar y salió la opción de Málaga, y salió un año redondo.
Y le quiso media Europa...
Cuando salgo del Barça, mi representante intenta negociar una cláusula baja para que si salía bien, poder salir. La idea era aspirar a más. Salió bien y tras 16 goles en Primera, es cierto que tuve ofertas, y las dos últimas fueron el Atlético y el Everton. Lo tenía casi hecho con el Atlético pero al final me fui a probar cosas nuevas a la Premier, que se veía una Liga muy grande. Me fichó Ronald Koeman, se iba Lukaku del Everton y tenía muchas opciones de jugar. Y empecé jugando, aunque es cierto que no di el nivel del Málaga. Uno necesita tiempo, adaptarse a otra Liga y el equipo no ganaba y jugaba al pelotazo, y yo no soy un chico que te pueda aguantar balones con los defensas de Inglaterra. Salió mal. Cuando un futbolista no tiene continuidad es complicado demostrar. 
¿Cómo se convive con tres cesiones?
Bueno, para mi novia es complicado. Uno necesita una estabilidad, le pasa a un futbolista y a cualquier trabajador. Las personas necesitamos tener la cabeza asentada en un sitio, pero trato de llevarlo de la mejor manera, que esto es fútbol y que hoy puedes estar aquí y mañana en otro lado. Intentas aclimatarte a la situación, a la ciudad, al club, a tus compañeros... y ayudar en todo lo que sea posible.
¿Se ve en el Pucela en un futuro?
Nunca se sabe. El fútbol es... no sabes por dónde va a salir. Ahora mismo estoy muy a gusto, contento, feliz, creo que se me ve todos los días. Nunca se sabe. Lo primero es conseguir la permanencia lo antes posible. Luego miraremos qué puede pasar. 
Los canarios siempre vuelven a casa...
Lo he hablado con mis padres, mi familia e incluso el presidente de Las Palmas. Quiero jugar allí y hacerlo con una edad buena, de sentirme útil e importante, y defender el escudo de mi tierra.
Por último, ¿qué les da Sergio González que se os ve a todos enchufados?
Lo hablé muchas veces con Roque Mesa, cuando estaba en el Sevilla. La gestión de vestuario es muy importante y creo que el míster lo hace muy bien con Diego. Al final los jugadores que no juegan mucho los tiene siempre metidos, para ayudar al equipo. Eso es lo más importante, el equipo, y todos los tenemos claro. Esto es un barco y todos remamos en la misma dirección.