El cambio climático alarga 3 semanas el verano vallisoletano

A. G. Mozo
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Un estudio de la Aemet desvela que la provincia 'disfruta' ahora de 20 jornadas estivales más que en los años 80. En el verano de 2018 se superaron los 30 grados más de la mitad de los días

El cambio climático alarga 3 semanas el verano vallisoletano - Foto: Jonatan Tajes

Más días cálidos, más noches tropicales... y veranos más largos. Son las consecuencias del cambio climático desde un punto de vista meteorológico y que también tienen su fiel reflejo en la salud y el aumento de la mortalidad de la población. Así se pone de manifiesto en un reciente informe de la Aemet, que ha estudiado las temperaturas registradas durante las cuatro últimas décadas y que desvela que, ahora, los periodos estivales se prolongan una media de cinco semanas en España. En el caso de Valladolid, el alargamiento sería ya de casi tres semanas: 20 días.
«Es algo que todos notamos y que nos lo vienen a confirmar los datos», explicaba hace unos días uno de los portavoces nacionales de la Aemet, Rubén del Campo, en la presentación de un informe del que se extraen más conclusiones, como el hecho de que ya habría más de 32 millones de españoles (el 70 por ciento de la población) afectados de un modo directo por las consecuencias del imparable cambio climático, obligando a esas personas a vivir en zonas secas, «semiáridas», según el documento; así, la escasez de precipitaciones golpea sobre todo a Castilla-La Mancha, el valle del Ebro y a todo el sureste peninsular, detallan.

CATORCE OLAS DE CALOR EN DIEZ AÑOS

El estudio de la Agencia Estatal de Meteorología sostiene que el alza progresivo de las temperaturas, tanto de las máximas como de las mínimas, tiene consecuencias en la salud de la población, pues «si bien los episodios fríos disminuyen» a lo largo de estos años, «las olas de calor sí tienden a concentrarse en estos últimos tiempos, con especial incidencia en su duración». «Este es un hecho que es particularmente relevante», destaca el informe, «ya que existe una elevada correlación entre las temperaturas máximas y la mortalidad», en el sentido de que «a partir de un determinado umbral de temperatura máxima las muertes aumentan de una forma notable». España ha sufrido veinte olas de calor en la última década y catorce de ellas han afectado a la provincia vallisoletana.
Los últimos datos de mortalidad vinculada al calor que se conocen aparecen recogidos en un estudio de la Escuela Nacional de Sanidad, dependiente del Instituto de Salud Carlos III, hablan de 126 muertes en Valladolid en la década 2000-2009. La media anual, por tanto, sería de unos doce fallecidos, en la línea de los 1.400 que se estima que mueren cada año en España.
El cambio climático alarga 3 semanas el verano vallisoletanoEl cambio climático alarga 3 semanas el verano vallisoletano - Foto: La Aemet ha elaborado el estudio (Efectos del Cambio Climático en España) en base a los datos de 58 de los observatorios que la Agencia tiene repartidos por todo el país, remontándose a los años 70, si bien es a partir de los años 80 cuando ya se aprecia ese alargamiento de los periodos veraniegos, tendencia que se acentúa cada vez más y que hace que, de media, España tenga  ya esas cinco semanas de verano ‘extra’, a razón de nueve días por década, una cifra que se reduce en zonas como el centro y norte de Castilla y León hasta los cinco por cada diez años, hasta sumar veinte días más.
63 DÍAS A 30 GRADOS

En el caso de Valladolid, en una revisión de los datos acumulados durante los últimos cuarenta años, se aprecia un incremento generalizado de las jornadas en que se superan los 30 grados y el mejor exponente es lo ocurrido en el pasado 2018, cuando se estuvo por encima de esa cifra en la mitad de los días de los cuatro meses objeto del análisis (junio, julio, agosto y septiembre): 63 de 122. Nada que ver con los 38 días en que ocurrió eso en 2008 o los 42 de 1988. La tendencia, de todos modos, no es uniforme, pues en 1998 fueron 61, por los 53 de 1978.
Algo parecido sucede al analizar las jornadas estivales en las que las máximas se quedaron por debajo de los 20 grados, ya que, aunque también con excepciones, viene a confirmar esa tendencia casi a la desaparición de días frescos ya no en julio o agosto, que entra dentro de lo normal en Valladolid, sino también en junio y septiembre, los dos meses que están asumiendo el grueso de ese proceso ‘veranizante’. Así, en el verano de 2018 solo hubo seis días con máximas por debajo de los 20, por los nueve registrados los cálidos 1998 y 1978, los diez de 2008 y los catorce de 1988.
En la comparativa 1978-2018 se aprecian cambios meteorológicos que son tan evidentes como que hace cuarenta años el mercurio de Valladolid registraba mínimas de un dígito (menos de diez grados) en 42 días de esos cuatro meses analizados, mientras que durante el pasado 2018 solo ocurrió eso en cinco jornadas estivales, según la información recabada por este periódico.