El coyote de Coria

M.B
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César Sánchez jugó en el Real Valladolid, tras llegar en juveniles con Yepes, desde 1988 a 2000. Asegura que los primeros años fueron duros pero que todo lo que le ocurrió aquí fue positivo. Ahora se desenvuelve como comentarista de tele y radio

El coyote de Coria

Valladolid es mi casa. No mi segunda casa, es mi casa». Así de rotundo es César Sánchez, bautizado en su etapa como blanquivioleta como el Coyote de Coria. Portero sobrio, internacional absoluto en una ocasión, campeón de la Liga y de la Champions, entre otros títulos, con el Real Madrid; creció y se desarrolló como lo que fue en los Anexos y en el José Zorrilla. 
A Valladolid llegó con 16 años y se fue cuando ya iba camino de los 29. «No tengo ni un mal recuerdo de mi etapa allí», sentencia.
César Sánchez Domínguez nació en Coria el 2 de septiembre de 1971. Allí empezó a jugar al fútbol en su colegio. «Siempre he dicho que he sido un delantero frustrado», bromea. La realidad es que, como muchos otros, sus inicios no fueron bajo palos. De forma federada, y ya como portero, dio sus primeros pasos en Plasencia, aunque pronto llamó la atención del Real Valladolid.
A los 16 años le fueron a ver Ramón Martínez y Santiago Llorente. Vino en noviembre de 1987 a probar una semana. Y en enero del siguiente año se incorporó a un Real Valladolid que había prescindido de todos sus futbolistas de fuera de las categorías inferiores. Él fue de los pocos o el único que se quedó.
«Los inicios fueron duros. Era salir de un entorno de confort y llegar a una gran ciudad. Y por entonces no había las comunicaciones que hay ahora», recuerda. Entró en el juvenil con Javier Yepes y en cuanto cumplió los 18 años firmó un contrato profesional con Fernando Redondo. Y eso que, como él dice, cuando vino a Valladolid no pensaba que iba a llegar a serlo.
«Estuve a caballo entre el primer equipo y el filial, con el que jugué otros seis meses», añade para responder sin dudas sobre su debut en Primera: «Fue contra el Barça del Dream Team, perdimos por 0-6». Aunque él entró al ser expulsado Ravnic, ya con 0-3 en el marcador.
Los tres primeros años fue suplente de Lozano y González. Hasta que en la campaña 95-96, con Rafa Benítez en el banquillo, se hizo con la titularidad. No la perdió hasta que se fue en 2000: «Fue la etapa más importante de mi vida». A Valladolid vuelve siempre que puede, en varias ocasiones al año. Aquí se vino su novia de entonces, hoy mujer, María;y aquí tiene a los que considera posiblemente sus mejores amigos, Pedro Muñoz y David: «Fue una etapa que me marcó mucho. Nunca me sentiré un extraño, aunque pase mucho tiempo sin ir». De hecho, asegura, que tiene pendiente una próxima visita.
En 2000 se fue al Real Madrid. Realmente firmó en 1999, aunque estuvo un año más en Valladolid, una especie de transición hasta ir al club blanco. Allí ganó Ligas, Supercopas, Champions... En 2005 se fue al Zaragoza, luego al Tottenham Hotspur, Valencia y Villarreal, donde colgó las botas en 2012: «La idea era seguir jugando porque me encontraba bien. Pero quería ser honesto y no me salió nada, y no me refiero a tema económico, que me convenciese». Se retiró con 41 años.
Desde entonces, aparte de alguna empresa inmobiliaria y startup que gestiona, se ha dedicado a la comunicación, como comentarista de televisión, en Bein Sport y Movistar; y de radio, en Cope. También estuvo en el cuerpo técnico de      Pako Ayestaran en el Valencia en la temporada 2016-17: «Una etapa corta». No se ha desvinculado del fútbol y no es descartable que pronto se le vea en algún proyecto mayor, dentro de una estructura de una Dirección Deportiva. Él mismo asegura que en ello anda.

Estuvo a punto de volver al pucela

Una de las cosas que pocos saben que es César Sánchez estuvo cerca de volver a defender la portería del Real Valladolid. Fue en la etapa en la que Alberto Marcos era el director deportivo del club: «Me llamó y me dijo si estaba dispuesto a ir. Le dije que sí, pero al final no se concretó». El extremeño, que vive en Valencia, va más lejos y desvela que en el caso del Valladolid hubiese venido a jugar «gratis».