Seminci: mundos por contar

ICAL
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Castilla y León en Corto reúne este año siete cortometrajes de cineastas de la Comunidad o rodados en ella, que abarcan desde la animación hasta la 'performance'

Seminci: mundos por contar

La sección Castilla y León en Corto vuelve a abrir un año más en la Seminci una puerta para conocer los últimos trabajos de cineastas de la Comunidad que pugnan por encontrar su espacio en el sector audiovisual. Este año, la sesión se proyectará este domingo en el Teatro Zorrilla a partir de las 16.30 horas, con siete títulos, entre los que se incluyen los dos ganadores de la convocatoria Seminci Factory del pasado año: ‘Nameless’, del vallisoletano Juan Carrascal Ynigo y el zaragozano Arturo Artal, y ‘Umbral’, de la croata afincada en Valladolid Jelena Dragas. Junto a ellos, se exhibirán ‘Amandine’, del leonés nacido en Valladolid Juan Carlos Mostaza; y ‘Nuestra calle’ y ‘Papá Cohiba’, de las vallisoletanas Clara Santaolaya y Sara Rivero. La sesión incluirá además dos trabajos rodados en la Comunidad: ‘Best Seller’, del veterano Max Lemcke (filmado en Medina del campo tras ganar el concurso nacional de proyectos de la Semana de Cine de Medina); y ‘Muedra’, del madrileño de ascendencia soriana César Díaz Meléndez.

‘Amandine’, según cuenta Mostaza, nació de un guión de largo escrito por él, que narra las experiencias y desdichas de un buen amigo durante una estancia en el extranjero. “En la historia original, los roles de la chica y el chico estaban cambiados. Para dar entidad propia a una de las partes más malsanas y perturbadoras de lo que sucedía, creí conveniente cambiar los roles de los protagonistas. Creo que fue un acierto y lo que siempre fue un relato sobre el abuso, el sufrimiento y el control ganó muchos más matices al ser una mujer el ‘objeto’ de la historia”, explica.

‘Muedra’, por otra parte, es una película de animación ‘stop motion’ rodada al aire libre, todo un reto para el director, César Díaz Meléndez, debido a “los cambios constantes en el clima y en la luz a la hora de animar”. La historia, según relata, “empezó como un experimento” porque no tenía claro que fuera a ser posible animar en el campo, y partió de una premisa “muy simple: el ciclo de la vida visto desde un ser que emerge de las aguas en un entorno extraño donde todo puede pasar”. Casi toda la película está rodada en el entorno del embalse de la Cuerda del Pozo, en “un paisaje único, medio desértico pero también rodeado de mucha naturaleza”. 

‘Nameless’, de Artal y Carrascal, era un proyecto que dormía el sueño de los justos desde años atrás hasta que la convocatoria de Seminci Factory le devolvió la vida. “El planteamiento inicial es cuestionar nuestro posicionamiento como sociedad hacia la violencia, hacia la amenaza. Qué pasa cuando el que creemos débil y desvalido se convierte en el cazador, qué pasa cuando la presa, con la que normalmente empatizas, se revuelve y, lejos de querer parar la violencia de la que huía, la continúa, convirtiéndose esa persona en amenaza para otro”, cuestiona Carrascal.

En el caso de ‘Nuestra calle’, un corto realizado por un equipo integrado prácticamente en su totalidad por mujeres, “surgió como un grito de protesta, un decir basta a esas pequeñas agresiones a las que nos enfrentamos todas día a día, por muy diferentes que seamos, por el hecho solo de ser mujeres”. Su germen está en un día que la directora, Clara Santaolaya, regresaba a casa sola por la noche, y llevaba el móvil en la mano porque eso le hacía sentir “más segura”. “Entonces, empecé a pensar por qué narices tenía yo, pese a ser una mujer relativamente empoderada, que esforzarme por andar en mi propia calle, en mi propia ciudad, para llegar a mi propia casa. A mí me habían dicho que la calle era un espacio de conquista, de reivindicación, un lugar donde reunirnos y fomentar el tejido social, pero en ese momento, yo sentía que la calle no era mía. Por eso, para mí era importante centrar la historia de mis mujeres en la calle, una cualquiera, para recuperar la calle como espacio de reivindicación, pero, sobre todo, como espacio propio”.

Por su parte, ‘Papá Cohiba’ nos acerca a “los orígenes del tabaco, en una propuesta de base documental en convivencia con lo performativo, lo estético y la música electrónica”. Como relata su directora, Sara Rivero, este trabajo es, tras ‘La fe’, la segunda entrega de lo que ha denominado su ‘Trilogía de la renuncia’, donde revisa y documenta “uno de esos elementos sagrados y pervertidos por el hombre, cuyo uso me lleva a la contradicción y a la dificultad de desapego”. 

Por último, en ‘Umbral’ Jelena Dragas recupera un hecho real que ocurrió hace muchos años y que le sirve ahora para “crear una historia con muchas capas, que habla sobre las relaciones, emociones y recuerdos, falta de la intimidad y empatía en la sociedad actual, sobre sensibilidad y dolor, sobre esos momentos en la vida que de repente e inesperadamente desencadenan una avalancha interior, después de los que nada vuelve a ser igual, ni siquiera nosotros mismos”.

Una mirada esperanzadora

Cuestionados sobre su percepción del audiovisual de Castilla y León, Juan Carrascal apunta que “la situación, como siempre, es débil, pero con gran potencial”, si bien aplaude iniciativas como Seminci Factory, la Valladolid Film Office o la Plataforma del Audiovisual de Castilla y León y asegura que las instituciones “deberían seguir apostando por nuestra tierra y sus creadores sin escatimar esfuerzos, sin restringir ayudas”, para que ellos puedan “mostrar desde el audiovisual la gran variedad de escenarios naturales y riqueza visual que existe en Castilla y León a todo el mundo”.

En términos parecidos se expresa Clara Santaolaya, que recalca que pese a que “se tiende a pensar que Castilla y León no produce casi cultura ni arte, existe mucha iniciativa y mucha creatividad en la región, que desde siempre ha amado el cine y la cultura”. “Ahora mismo hay muchos proyectos artísticos y culturales naciendo, creciendo y luchando por sobrevivir aquí. No falta iniciativa, lo que falta es apoyo gubernamental, un cambio de prisma estructural. Castilla y León cuenta con unos espacios increíbles y un capital humano lo suficientemente solvente como para convertirse en un impresionante plató de rodajes. Necesitamos más apoyo institucional, más apoyo de las marcas y empresas castellanas y leonesas, que patrocinen y apoyen la industria audiovisual local, y seguir peleando, no desanimaros y darnos cuenta de que no estamos solos”, resume.

También reclama esa cohesión y más apoyos Sara Rivero, que considera la situación “frágil y precaria”, y lamenta que la mayoría de los creadores se vean “obligados” a marcharse fuera, “porque aquí no hay una red o un soporte generador de proyectos”. “Necesitamos claramente más apoyo político, y mucho más apoyo por parte de la televisión, porque las televisiones son indispensables para generar industria. Pero estamos en la unificación de fuerzas para conseguirlo y confío en que lo haremos. También es cierto que hay una herida de identidad muy fuerte, en la que nos cuesta mucho reconocer el valor de lo nuestro, siendo Castilla y León de una riqueza cultural y profesional tan inmensa”, argumenta. 

Jelena Dragas lamenta que las empresas e instituciones regionales de la Comunidad confíen más en las empresas audiovisuales de fuera, pese a que las autóctonas “alcanzan esa calidad de sobra”. Además, reclama una mayor partida en las ayudas destinadas a la producción y distribución cinematográfica, y asegura que “hablar de la importancia de cine en términos económicos y de empleo, y de industrias culturales, sin un plan desarrollado y un programa de incentivos fiscales para las producciones cinematográficas, es totalmente inviable”.

Desde Madrid, Juan Carlos Mostaza asegura que es consciente de que hay trabajos que se realizan en Castilla y León “con los medios adecuados” que “pueden competir con cualquier producción”, mientras que César Díaz Meléndez afirma que conoce a compañeros que “tienen que salir de su región para formarse y para trabajar en el audiovisual por la falta de escuelas y profesionales del sector y la falta de apoyos a jóvenes talentos”. 

 

Un escaparate idóneo

En su opinión, “festivales como Seminci o el Certamen Internacional de Cortos Ciudad de Soria, conocidos internacionalmente, dan mucha visibilidad a lo que se hace aquí. Crean iniciativas e involucran bastante a participar y a crear a la gente de Castilla y León”. Tras recalcar su “alegría total” por formar parte de la programación de Seminci este año, Díaz subraya que para él supone “un enorme orgullo”: “Aún más si puedo aportar algo al cine de animación de este país y encima mostrar con mi trabajo un cachito de la tierra que más quiero, Soria”.

Para Mostaza, “Seminci es una referencia con mayúsculas”, además de suponer para él en cierto modo “volver a casa”, ya que aunque se crió en León, nació en Valladolid y es allí donde tiene a buena parte de su familia. Otro habitual del festival es Juan Carrascal, que conquistó el premio al mejor corto en esta misma sección en 2010 gracias a ‘Las remesas’, y que también presentó ‘15/03/09 La última ofensiva’ en Tiempo de Historia hace una década. “Formar parte de la programación de la Seminci es siempre un orgullo. Para mí la ciudad cuando más interesante, seductora, y mágica está es durante esta última semana de octubre; me encanta”, relata.

Jelena Dragas, que lleva doce años afincada en Valladolid, apunta que “formar parte de la programación de Seminci” y estrenar el corto “en casa” les hace “mucha ilusión”. “Qué mejor sitio que el festival con el cual nos hemos criado, y en el cual año tras año disfrutamos de increíble cantidad y calidad de cine de autor. Es un verdadero placer”, resume. Otra cineasta que está deseando que llegue el pase de mañana Sara Rivero, que está “tan contenta y tan agradecida” que cada vez que habla de ello siente “un cosquilleo en el estómago”.