El Cristo de la Luz se abre paso ante un cielo amenazante

Ical
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La salida de una de las procesiones más emblemáticas de Valladolid se retrasó media hora por el riesgo de lluvia y estuvo cerca de no partir de Santa Cruz

El Cristo de la Luz se abre paso ante un cielo amenazante

La mañana amaneció encapotada en Valladolid, con todos los fieles comprobando la evolución de las previsiones meteorológicas para comprobar si finalmente podrían contemplar uno de los pasos más queridos de la Semana Santa vallisoletana, la Procesión del Santísimo Cristo de la Luz. Una buena dosis de suspense rodeó hasta el último momento el arranque, que tuvo que demorarse 25 minutos ante el riesgo que la humedad en el ambiente podría entrañar para una de las tallas más emblemáticas del maestro Gregorio Fernández.

Depositada en la Universidad de Valladolid desde 1940, la obra pertenece al Museo Nacional de Escultura, y su delicadeza requiere un cuidado especial que mantuvo en entredicho hasta el último momento si este año podría salir a iluminar las calles vallisoletanas, con su fiel reflejo del dolor y el dramatismo a través de una representación de Cristo cricificado tras sufrir el más cruel de los martirios.

A las 11.25 minutos los 25 integrantes del Coro Universitario de la UVa accedieron a la fachada del Palacio de Santa Cruz, confirmando la celebración de la procesión, para tranquilidad de miles de vallisoletanos que aguardaban impacientes la decisión. La lluvia, que en esos momentos caía en otros barrios de la ciudad como Parquesol, hizo un leve acto de presencia con la aparición de tímidas gotas, instantes antes de que los integrantes de la Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz abrieran las puertas principales del Palacio, para sacar a la calle la talla.

La procesión del 'Cristo de la Cruz' acorta el recorrido
La procesión del 'Cristo de la Cruz' acorta el recorrido - Foto:

Los 24 hermanos que portaban el paso iniciaron 20 minutos antes del mediodía la ensayada coreografía para lograr sacar al exterior la figura, mientras el Coro entonaba canciones religiosas para ilustrar musicalmente el momento. El claretiano Eugenio Oterino fue el encargado de incensar la figura, mientras los integrantes del claustro universitario, con el rector Antonio Largo Cabrerizo al frente, contemplaban el inicio de la marcha, secundada por autoridades como el delegado territorial de la Junta en Valladolid, Pablo Trillo, la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo, o la concejala Mayte Martínez, entre otros.

La Banda Municipal de Arroyo de la Encomienda cerraba el desfile, que se detuvo frente a la Casa de Galicia para escuchar los sones de una gaita, antes de enfilar la calle Librería hasta la Plaza de la Universidad, donde se realizó una ofrenda floral por parte de los estudiantes a la sagrada imagen. Allí llegaron escasos minutos después del mediodía, para recibir un breve homenaje en el que aseguraron que “sin el amor, todo saber es vano”. Tras recalcar la necesidad de ofrecer una “entrega total a los demás, sin límites”, aseguraron que “en ese empeño no estamos solos, ya que nos acompaña Cristo, nuestro único maestro, nuestro modelo”, palabras que culminaron con la interpretación por parte del Coro de ‘Señor, me cansa la vida’ (que recrea un poema de Machado) y el himno universitario por excelencia, ‘Gaudeamus igitur’.

Culminada la ofrenda, la procesión acortó su recorrido tradicional por la calle Cardenal Cos, hasta entrar en la catedral a las 12.40, momentos antes de que comenzara una leve lluvia. Una vez dentro del templo, los integrantes de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz realizaron el rezo del Vía Crucis, momentos después de que el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, pronunciara la homilía de la misa crismal, que marcó el inicio de los días del Triduo Pascual, las jornadas centrales de la liturgia de Semana Santa. En ella participaron todos los integrantes del clero diocesano, presbíteros y diáconos, quienes renovaron en el primer templo de la Diócesis las promesas que realizaron el día en que recibieron el sacramento del orden.

En su homilía, Blázquez lamentó la “erosión de la vida cotidiana” , donde “la vida mortecina y mediocre abre la puerta a numerosas claudicaciones”. “En la situación actual, que a todos nos envuelve como una niebla densa por las acciones abominables de hermanos nuestros, debemos, además de intensificar la comunión orante con el Señor, estrechar los lazos entre nosotros como miembros del presbiterio diocesano. No privemos a los hermanos de la gracia de la fraternidad”, exhortó. Tras su intervención, el prelado invitó a sus sacerdotes a renovar su consagración y dedicación a Cristo y a la Iglesia.