Elegía teatral para un superviviente

Óscar Fraile
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El prestigioso Festival de Otoño de Madrid selecciona el proyecto 'I'm a survivor' de la dramaturga vallisoletana María San Miguel, un viaje por la lucha de su padre contra tres cánceres y el coronavirus

El pasado 4 de abril, a las 8.00 de la mañana, María José Santos recibió una llamada. Y como casi todas las llamadas que llegan a deshoras, no traía buenas noticias: su marido había dado positivo en la prueba del coronavirus. Bernardo San Miguel había ingresado en el hospital de Medina del Campo nueve días antes por una infección de riñón. Por entonces padecía un cáncer de vejiga por el que le habían tenido que practicar dos nefrostomías, pero ni él ni su mujer llegaron a plantearse de verdad que los vómitos de los últimos días se debiesen a la covid-19.
A partir de ese momento los médicos prohibieron a María José realizar sus visitas diarias y le pidieron que no saliera de casa. Las mismas instrucciones que recibió su hija, la actriz y dramaturga María San Miguel, que por entonces estaba en Madrid.
Las dificultades para comunicarse con él y el contexto informativo del momento hicieron que ambas pasasen un fin de semana de ansiedad extrema. Sobre todo teniendo en cuenta que Bernardo era una persona inmunodeprimida y con un delicado estado de salud después de superar dos cánceres, uno de lengua y otro de laringe, aparte del que todavía padecía.
Elegía teatral para un supervivienteElegía teatral para un superviviente - Foto: Jonathan TajesUna vida marcada por serios problemas de salud que fueron dejando su sello en el cuerpo, pero que no lograron borrar una sonrisa impropia de una persona que había mirado tantas veces a la muerte a los ojos. No importaba que hubiera tenido que volver a aprender a pronunciar cuando le quitaron un trozo de lengua, a andar después de unos problemas derivados de una depresión y a hablar con una traqueotomía cuando le extirparon la laringe. Estaba acostumbrado a dejar a los médicos con la boca abierta con su entereza. Y a su hija también. Tanto, que María decidió empezar a documentar su lucha contra el coronavirus para crear una pieza de teatro documental denominada I'm a survivor (Soy un superviviente), uno de los diez proyectos que el prestigioso Festival de Otoño de Madrid ha seleccionado dentro de su nuevo ciclo #Confín, impulsado para contar historias del confinamiento a través de las artes escénicas.
Bernardo llegó a superar el coronavirus, pero falleció el pasado 29 de mayo por las secuelas de la enfermedad. Concretamente, por una trombosis. Dejó tras de sí una tristeza inabarcable que, sin embargo, no hizo que su hija abandonase el proyecto. Y no lo hizo por tres razones. La primera, porque sabe que su padre no lo hubiera permitido; la segunda, porque su madre le pidió que siguiera adelante; y la tercera, por el compromiso adquirido con el festival.
Quizá no lo termine como lo había concebido al principio, pero tiene claro que se subirá a las tablas para rendir homenaje a su padre. Y lo hará junto a su madre, quien interpretará su propio papel. El de valiente cuidadora. El de la persona que siempre está ahí, sin hacer ruido, en un segundo plano, sin medallas que colgarse. «Cuidar es muy bello, pero es durísimo, y mi madre se ha enfrentado a cosas para las que hay que ser muy valiente», reconoce emocionada María.
Bernardo San Miguel posa con su mujer, María José Santos.Bernardo San Miguel posa con su mujer, María José Santos. - Foto: El DíaSu proyecto también pretende ser un viaje a través de la capacidad de resistencia del cuerpo humano.El de su padre era un lienzo en el que la enfermedad había estampado demasiadas firmas. En su última hospitalización llegó a perder 23 kilos, así que María José le decía cariñosamente que se le había quedado cuerpo de Quijote. María llegó a fantasear con que su padre también se subiera a escena con ella porque sabe que nadie como él podría mostrar esa mezcla de fragilidad y resistencia que desprendía su cuerpo. Pero no podrá ser.
I am survivor también tendrá toques de humor negro para recordar que la risa ha sido una de las armas más poderosas de Bernardo. «Siempre nos hemos reído mucho, y mi padre el primero», recuerda la actriz. La obra también abordará otros temas, como la «violencia estructural» a la que son sometidos los familiares de las personas que fallecen, obligados a realizar infinitos trámites burocráticos cuando el dolor lo abarca todo y, a veces, sin tener la garantía de poder pagar los gastos.
Pero, por encima de todo, será un homenaje a su padre. Una elegía teatral a un hombre valiente, culto, amante de la libertad y comprometido socialmente (llegó a ser procurador del PSOE). Un padre cariñoso, deslenguado y divertido que volverá a sobrevivir, esta vez al olvido, a través del trabajo de su hija.