Las ventas de gasolina caen un 80% durante la pandemia

Óscar Fraile
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El descenso de actividad acaba con uno de cada diez empleos en el sector

Estación de servicio de Valladolid. - Foto: Ical

Las estaciones de servicio se han tenido que enfrentar en las últimas semanas a una situación peculiar. A diferencia de muchos negocios, han podido permanecer abiertas. Es más, muchas de ellas estaban obligadas a hacerlo. Pero las limitaciones de movilidad han reducido sus clientes a la mínima expresión, hasta el punto de que en algunas gasolineras las ventas han caído hasta el 90 por ciento. Una consecuencia de tener que seguir dando servicio a una población que, en su inmensa mayoría, estaba confinada en casa.
Según los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), el año pasado se vendió en Valladolid una media de 4.365 toneladas al mes de gasolina de 95 octanos. Pues bien, en marzo, con 15 días ya de estado de alarma, esa cifra bajó hasta 2.698 para desplomarse definitivamente en abril hasta las 859 toneladas, un 80 por ciento menos que la media de 2019. Más moderada ha sido la caída en el gasóleo A. La media mensual de ventas el año pasado fue de 23.573 toneladas, que cayeron a 17.536 en marzo y 9.889 en abril, un 58,1 por ciento menos.
«Todo esto nos ha afectado mucho porque, al ser servicios mínimos, hemos tenido que tener abiertas las instalaciones», señala el presidente de la patronal vallisoletana, Leopoldo Herrero. Y esto ha tenido sus consecuencias en el empleo. La Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio calcula que unos 4.500 trabajadores en toda España se han quedado sin empleo de los 40.000 que hay en España, algo más de un diez por ciento, un porcentaje que, según Antares, es extrapolable a Valladolid, donde hay unos 350 trabajadores. El representante de la patronal alerta del calado de esta cifra. «Fíjate la que se ha montado en Cataluña con las 3.000 personas de Nissan, lo que pasa es que, como esta cifra es a nivel nacional, parece que no dice nada, pero son 4.500 personas», señala.
Durante estas semanas los empleados han utilizado equipos de protección individual facilitados por la Junta de Castilla yLeón y la Delegación del Gobierno. «Nos hemos ido adaptando según las normas de las autoridades sanitarias», dice Herrero. Unas normas que limitaban aún más su negocio porque no permiten que abran las tiendas de conveniencia, solo puede atender desde una ventana a la calle, con algunas excepciones, como a los profesionales del transporte. «Todos los productos perecederos se nos han ido caducando», se queja el presidente de la patronal. Los empleados también han tenido que asumir otras labores, como desinfectar los lavabos cada vez que un transportista los usaba (los único que podían hacerlo), algo que ha provocado algún conflicto en ciertas estaciones de servicio porque es una función que no recoge su convenio colectivo.
El Gobierno aprobó en abril una orden que obligaba a determinadas estaciones de servicio a seguir abiertas con el mismo horario, mientras que otras podían cambiarlo. Todo para garantizar el suministro de combustibles. Entre las primeras están las que vendieran más de cinco millones de litros de gasolina y gasóleo A el año pasado y las que acumularan el diez por ciento de ventas o más en una determinada zona. También han estado obligadas las situadas en autovías o autopistas, las que estaban junto a hipermercados y centros sanitarios y las que prestan servicio en régimen desatendido, entre otras.
Bien es cierto que con el avance de fases las gasolineras ya han empezado a recibir a más clientes, especialmente con la apertura de las grandes fábricas. Pero no todos. Herrero pone como ejemplo su negocio. «Yo estoy en la A-62, una carretera que une Portugal con Francia y que depende mucho de la apertura de las fronteras», finaliza.

Los precios vuelven a subir en Valladolid

La caída de la demanda por las restricciones de movilidad y la bajada del petróleo propiciaron que el precio de la gasolina registrase un importante descenso en Valladolid entre febrero y marzo. Así, los 1,305 euros que se pagaban por el litro en febrero pasaron a ser 1,211 en marzo, 1,109 en abril y 1,090 en mayo. Esto significa que llenar un depósito de 50 litros en el segundo mes del año suponía un desembolso de 65,25 euros, mientras que en mayo era suficiente con 54,5 euros.
Lo mismo ha sucedido con el diésel. Después de un 2019 con mucha estabilidad en el precio, los 1,220 euros de febrero se convirtieron en 1,021 en mayo, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Es decir, el coste de llenar el depósito ha bajado de 61  a 51,05 euros.
La gasolina no estaba tan barata en Valladolid desde febrero de 2018, cuando se situó en 1,038 euros por litro, si bien es cierto que el coste no ha bajado en la misma medida que lo ha hecho el precio del petróleo. De hecho, la asociación de consumidores Facua ha solicitado a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia que investigue la «ínfima» bajada de las últimas semanas para comprobar su existe un acuerdo para fijar precios. Según un estudio realizado por la asociación, la gasolina solo ha bajado un ocho por ciento, mientras que el precio del petróleo ha hecho un 45 por ciento.
Sin embargo, la recuperación de la actividad económica, de la movilidad social y, por ende, de la demanda de gasolina, han hecho que se vuelva a invertir la tendencia. El precio medio de la gasolina registrado esta semana ya estaba en 1,124 euros el litro, y del diésel, en 1,057 euros. Ya no hay ninguna estación de servicio de la capital donde se pueda encontrar el litro por debajo del euro. La más barata a mediados de esta semana era la ubicada  en el número 78 de la avenida de Gijón, de la empresa Petroprix, con 1,011 euros. En el otro extremo se sitúa la gasolinera de Repsol situada en el número 80 de la avenida de Salamanca. Es la más cara de la capital, con 1,179 euros el litro.
por debajo de coste. El presidente de la asociación provincial de estaciones de servicio, Leopoldo Herrero, asegura que la bajada de precios de las últimas semana se ha unido al resto de factores para dañar la economía de las empresas. «Hemos tenido que vender perdiendo dinero», asegura. De hecho, sostiene que hasta cierto punto es un alivio haber vendido tan poco combustible en las últimas semana teniendo en cuenta el precio que tenía.
Un periodo en el que los pocos clientes que tenían eran particulares, ya que los profesionales del transporte, que son los que más gasto hacen, estaban casi todos parados.