Recoletos, un espacio muy apreciado por la ciudad

Jesús Anta
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La sección 'Callejeando' que presenta Jesús Anta semanalmente llega hasta la Acera de Recoletos

Acera de Recoletos. - Foto: D.V.

Hablamos de palabras mayores en lo que tiene que ver con el callejero de Valladolid, pues probablemente sea el lugar de mayor calidad residencial de la ciudad. Se trata de una calle céntrica, con escasísimo tráfico y unas vistas sobre el jardín histórico de Valladolid por antonomasia: casi 12 hectáreas de arbolado tiene el Campo Grande al pie de las fachadas que asoman a la Acera de Recoletos.
Viene su nombre del desaparecido convento de Recoletos de San Agustín (siglo XVI), que no era sino un convento más de los muchos que rodeaban el Campo Grande. La acera conoció constantes cambios de nombre: Recoletos, Alfonso XIII, avenida de la República, de nuevo acera de Recoletos, y otra vez, en 1936, avenida del General Franco, hasta que en la Democracia volvió a recuperar su nombre primigenio. Pero no para ahí la cosa, pues con motivo del centenario que va a celebrar Valladolid del nacimiento de Miguel Delibes, ya hay voces con influencia que hablan de mudar de nuevo el nombre para ponerle el del insigne escritor so pretexto de que nació en el número 12 de la calle. Por cierto, en los ambientes juveniles también se la motejó como acera de la ‘J’, por ser lugar habitual de paseo de la juventud en los días festivos. 
En cualquier caso, jóvenes, mayores y chiquillería han tenido en esta acera y su inmediato paseo de Coches del Campo Grande uno de los lugares de expansión más tradicionales y apreciados por la población, antes y ahora. A lo largo de su historia no han faltado templetes para orquestas, cafeterías,  juegos infantiles y espacios para la práctica del deporte. A lo largo de la acera se han levantado edificios que se han incrustado en la historia de la ciudad, de los que la Casa Mantilla acaso sea el más destacado.
Su construcción se dio por concluida en 1892 y supuso una auténtica novedad, pues se trataba del edificio más alto de la ciudad y las crónicas, quizá exageradas, decían que desde el torreón que la corona se alcanzaba a ver el pueblo de Pozaldez. Es el caso que fue la primera casa en disponer de ascensor y además producía su propia energía eléctrica. De la casa, el cronista Casimiro García Valladolid escribió que se estaba ante una «grandiosa, magnífica y gallarda manifestación soberbia de un pueblo que se moderniza». Su arquitecto fue Julio Saracíbar, al igual que firma la autoría de la Casa Resines: un notable edificio de la misma época que ocupa los números 8 y 9 de la Acera.
Y para rematar la nómina de significadas construcciones está la Casa del Príncipe, con vuelta a la calle Colmenares. Su arquitecto fue el acreditado Jerónimo de Arroyo y su construcción se adentra en el siglo XX y se convierte en señero del Modernismo.
El resto de la calle se va trufando de dignos edificios a caballo entre el XIX y el XX, y otros contemporáneos que han roto la lógica arquitectónica de la Acera de Recoletos.
La casa donde nació Delibes tiene en su fachada una placa que ilustra al paseante sobre el particular. Hecha en los talleres madrileños de la Fundición Capa, indica que en esta casa nació el 17 de octubre de 1920, con una frase del escritor que se define a sí mismo ‘Como un árbol que crece donde lo plantan’.
Encierra la acera un desconocido hecho histórico, cual es que en la calle Mantilla, detrás de la casa, durante la Guerra Civil estuvo lo que se conoció como ‘el bunker’: el centro de inteligencia de las tropas franquistas, del que el general Martínez Anido estuvo el mando durante un tiempo. 
Termina la acera en la plaza de Colón, con un edifico de reciente construcción que junto con el jardín de la plaza se han comido el suelo reservado en otro tiempo para hacer dotaciones de servicio a la ciudadanía. Pero que se eliminó con el absurdo pretexto de que tras el soterramiento del ferrocarril habría suelo más que suficiente en los terrenos emergentes.
Acompañan a la Acera Recoletos un digno principio y final: los conjuntos escultóricos de Zorrilla y Colón. De Carretero el primero y de Susillo el otro.