Reconocimiento a víctimas de la dictadura y la Guerra Civil

D.V.
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El delegado del Gobierno advierte de que "no hay que bajar la guardia" y reclama una defensa diaria de la democracia

Carmen Calvo conversa con familiares de las víctimas de la dictadura y la Guerra Civil - Foto: Ical

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La vicepresidenta primera del Gobierno de España preside un acto de reconocimiento a cuatro víctimas de la represión franquista

La vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo, presidió hoy en Valladolid un acto de entrega de declaraciones de reparación y reconocimiento personal a cuatro víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista de Castilla y León.

El acto fue aprovechado por la vicepresidenta para recalcar el compromiso del Gobierno en la restitución de la dignidad a todas las víctimas del franquismo, para que el sistema democrático no esté sustentado ni en desaparecidos ni en fosas comunes, y en el mismo el delegado del Gobierno, Javier Izquierdo, advirtió que “no hay que bajar la guardia”, ya que la democracia es un derecho conquistado pero no “eterno”, por lo que animó a su defensa diaria.

En su intervención calificó el acto de reparación de hoy como “justo y necesario”, pero también como un “grito de protesta por inocentes caídos”, y recordó que en muchos lugares olvidados del país todavía yacen los cuerpos de miles de españoles, “sin que sus seres queridos tengan un lugar digno donde recordarlos y llevarles unas flores”.

Las declaraciones de reparación y reconocimiento personal fueron entregadas por Carmen Calvo a los familiares de Calixto Carbonero Nieto, Arelio García Valea, Florencio Moral Esteban y Saturnino Bilbao de Prada. En todos los casos está acreditado que los afectados padecieron persecución por razones políticas e ideológicas durante la Guerra Civil, y en el caso de Florencio Moral, también durante la Dictadura.

 

Víctimas

Calixto Carbonero Nieto, viajante de comercio, fue condenado en noviembre de 1936 en consejo de guerra en Salamanca por el supuesto delito de rebelión militar a la pena de 30 años de reclusión mayor. Posteriormente, en 1938 fue condenado a la pena capital por consejo sumarísimo de guerra por su supuesta participación el 22 de mayo de 1938 en una sublevación de presos en el penal de la fortaleza de San Cristóbal. Fue fusilado en la Ciudadela de Pamplona tres meses después.

Por su parte, Arelio García Valea, según se informa desde la Delegación del Gobierno, en verano de 1936 ocupaba el cargo de gestor en el Ayuntamiento de Tordesillas (Valladolid) y al estallar la Guerra Civil hizo lo posible porque esa localidad se mantuviese fiel al orden constitucional. Fue condenado por estos hechos en octubre de 1936 a la pena de muerte por un supuesto delito de rebelión militar. Esta pena fue conmutada a reclusión perpetua, pero falleció finalmente por una endocarditis en la prisión central de Burgos, en mayo de 1939.

Mientras tanto, Florencio Moral Esteban fue soldado del Ejército de la II República desde 1932 y durante la Guerra Civil realizó abundantes misiones de espionaje y contraespionaje en el norte de Madrid y provincias limítrofes, llegado a ser apodado ‘el Murallas’ por su capacidad de burlar a las fuerzas enemigas. Al concluir la guerra fue condenado en juicio sumarísimo a la pena de muerte por un supuesto delito de adhesión a la rebelión militar, pena que fue ejecutada en San Lorenzo del Escorial el 19 de abril de 1939.

Por último, Saturnino Bilbao de Prada fue juzgado y absuelto por un supuesto delito de rebelión militar en agosto de 1936 relacionado con la toma de la casa del pueblo de Valladolid, donde tenía el cargo de conserje. Sin embargo, el 10 de abril de 1937 fue extraído de la ‘Cárcel de cocheras de tranvías’ de Valladolid y ejecutado extrajudicialmente en Laguna del Duero