Destierros, la implacable 'ley gitana'

A.G.M.
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La salida de Las Viudas del clan de los 'Píos' aparece como el último ejemplo de esta ancestral práctica, pero son muchos los casos conocidos en las últimas décadas en los que la 'ley gitana' se impuso para decretar destierros por distintos motivos

Dos patrullas de Policía en Las Viudas. - Foto: Jonathan Tajes

El día que los ‘Píos’ volvieron a zanjar a tiros una discusión en Las Viudas se escribía la última de las páginas de una ley ágrafa y que solo se transmite a través de los mayores, sentando jurisprudencia casi en cada barrio; de generación en generación. Una ‘ley gitana’ que es implacable y que tiene en la figura del destierro a la pena más grave. Aquella especie de ‘orden de alejamiento’ (ese vendría a ser el equivalente en el Código Penal español) cuentan que se adoptó «voluntariamente» en el caso de hace un par de semanas, tras una reunión de los patriarcas con los ‘Píos’ solo cinco días después de que el sábado 10 de agosto pegasen unos tiros al aire (pero hacia una zona en la que había otros vecinos) tras una discusión familiar. 
Una afición por las armas, la de los ‘Píos’, que ya se había llevado por delante a tres personas en 2005 (dos toxicómanos y la mujer de uno de ellos murieron en un piso de la calle Tajo); y que en 2012 también desembocó en el teórico destierro de varios de sus miembros, tras otro tiroteo por un problema de pareja. Un ‘pío’ habría sido infiel a una joven de los Lázaro y la cosa acabó a tiros. Llegó a intervenir la Policía, pero al final se solucionó con una charla entre arregladores de la barriada en pleno paseo de Juan Carlos I.
También fue «voluntario» aquel destierro del pasado mes de mayo, en Tordesillas, después de que se enfrentaran en la calle dos clanes de temporeros. Uno se esfumaba horas después. Aseguran que todo fue por una deuda económica.

Destierros, la implacable 'ley gitana'
Destierros, la implacable 'ley gitana' - Foto:
El dinero, pese a todo, no suele estar en el origen de la mayoría de los destierros de Valladolid. No al menos de los conocidos, que, por otra parte, también suelen ser los más dramáticos. Las leyes gitanas no se airean en los periódicos y la comunidad no habla abiertamente de este tipo de costumbres, pero hay ocasiones en que este tipo de ‘sentencias’ sí trascienden y entre las principales motivaciones suelen estár el honor, el amor y hasta las muertes.

RELACIÓN NO ACEPTADA

Una relación sentimental entre un par de jóvenes no aceptada por una de las familias fue el detonante, el 29 de julio de 2001, de uno de los casos más trágicos (y mediáticos) de esta ciudad a lo largo de las últimas dos décadas. El destierro forzoso para los Teixeira llegó después de que dos hijos de la familia mataran a tiros, en su vivienda de la calle Arca Real 63, a dos miembros del clan de los Ferreruela, oriundos del Barrio España. Hubo una cita en aquel piso de Las Delicias, con arregladores gitanos a modo de jueces, para tratar de auspiciar un acuerdo entre las familias sobre la relación entre la ‘Ojitos’ (Teixeira) y el ‘Boyto’ (Ferreruela). Lejos del pacto, el tiroteo acabó con dos de los patriarcas del Barrio España muertos, según la sentencia, al gatillo de dos hijos de los Teixeira.
Otra relación no aceptada por las familias terminó en destierro hace dos años en el barrio de Santa Clara. Y nada se supo de aquello hasta que la tarde del 23 de agosto de 2017, la aparición por la zona del supuesto desterrado hizo que se reactivase la tensión: tiros al aire y hasta un falso aviso de bomba. La Policía lo zanjó una semana más tarde con tres detenciones.
Parecido a lo que pasó en 2014 en Medina del Campo, cuando la Policía tuvo que mediar entre dos clanes, después de que se topasen entre sí, pese al destierro dictado cinco años antes, por causas no aclaradas.

TIPOS DE DESTIERRO

Porque ese tipo de ‘sentencias’ no se publican en ningún boletín. Se decretan de forma oral y se cumplen con total respeto a esos mayores que dieron la orden de que tal o cual familia se fuese del barrio, de la ciudad o del pueblo... El destierro a veces es de por vida o durante un determinado tiempo.
Todo va en función de lo grave que es la afrenta, el ‘delito’ que infringe su ‘código de derecho’. Ahí aparecen actitudes que, tal como recoge la publicación ‘Nuestras culturas’ de la Asociación Secretariado General Gitana, van desde «el engaño o el robo a otro gitano» a «abandonar a la familia en trances difíciles», «invadir los límites del territorio de una familia ‘contraria’», «delatar a otro gitano» e «incumplir con las leyes impuestas por un consejo de ancianos. 
Los ‘jueces’ son hombres de más de 50 años de edad y con reputación intachable. «Al ser orales, los límites que marcan la diferencia entre lo que es ‘ley’ (de cumplimiento obligado) y ‘costumbre’ (una práctica de uso común), son a menudo difusos», detalla este documento en el que se habla de penas que «pueden ir desde la agresión física hasta la prohibición de pisar determinado territorio» o «a la expulsión de un grupo familiar al que se pertenece».
El destierro más duro registrado estos últimos años fue el que se decretó a resultas del tiroteo de Pajarillos, el 15 de junio de 2004, cuando un miembro del clan de los ‘Miguelones’ disparó contra cinco del de los ‘Monchines’. ‘Pitu’ fue el único condenado por matar a un ‘monchín’ y herir a otros cuatro, en un altercado que tuvo su origen en la ruptura -no aceptada por éste- con su esposa y madre de su entonces bebé, Aroa, hija del ‘Negro’; ‘número tres’ del clan en aquellos tiempos y, a la postre, líder de los Romero Larralde. El tiroteo, tras un fallido intento de venganza, acabó con la salida de Valladolid de unos 300 ‘miguelones’.