El 'vallisoletano' Paco Cerro, nuevo arzobispo de Toledo

D.V.
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El monseñor, que sustituye a Braulio Rodríguez, pasó 18 años en la Diócesis de Valladolid. "Es un hombre muy cercano y servicial. Trabajador, hondamente espiritual y buen pastor", asegura Ricardo Blázquez

El 'vallisoletano' Paco Cerro, nuevo arzobispo de Toledo - Foto: Arzobispado de Valladolid

La Nunciatura Apostólica en España ha comunicado a la Conferencia Episcopal Española (CEE) que a las 12.00 horas del viernes 27 de diciembre la Santa Sede ha hecho público que el papa Francisco ha nombrado al actual obispo de Coria-Cáceres, Francisco Cerro Chaves (Malpartida de Cáceres, 1957), arzobispo de Toledo, en sustitución de Braulio Rodríguez, quien el pasado 27 de enero, al cumplir los 75 años, presentó su renuncia. Monseñor Rodríguez seguirá al frente de la diócesis de Toledo como administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor.

El prelado cacereño, según destacan fuentes del Arzobispado, es "muy querido en Valladolid", donde ejerció el sacerdocio durante 18 años (1989-2007), tiempo en el que "desempeñó diversas encomiendas pastorales" y apuntan que "se da la circunstancia de que sustituirá en Toledo, como primado de España, al madrileño Braulio Rodríguez Plaza, que el 28 de agosto de 2002 fue nombrado arzobispo metropolitano de Valladolid, donde colaboró estrechamente con Mons. Cerro". Don Braulio ocupó la cátedra vallisoletana hasta el 16 de abril de 2009, cuando Benedicto XVI le nombró arzobispo de Toledo.

La noticia se ha dado a conocer apenas unos días después de la llegada del nuevo nuncio (embajador de la Santa Sede en España) Bernardito Auza, de origen filipino y que hasta ahora ejercía como observador permanente ante la ONU (Organización de las Naciones Unidas), entre cuyas misiones está la de proponer al Santo Padre la terna de candidatos para el nombramiento de los obispos de las diócesis vacantes. El nombramiento como nuncio apostólico en España y en el Principado de Andorra por el papa Francisco tuvo lugar el 1 de octubre, aunque todavía no ha presentado sus credenciales.

Toledo no es un territorio ajeno a Mons. Francisco Cerro. Completó sus estudios teológicos en el seminario de esta ciudad; allí fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981, y más tarde, desempeñó diferentes ministerios: Fue  vicario parroquial de San Nicolás, consiliario de Pastoral Juvenil y director de la casa diocesana de ejercicios espirituales hasta que en 1989 se marchó a Valladolid, donde se incardinó el 20 de septiembre de 1992.

En lo que respecta a Valladolid, fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y director del Centro Diocesano de Espiritualidad (1989); director diocesano del Apostolado de la Oración (1990); miembro del Consejo Presbiteral Diocesano (1994); delegado diocesano de Pastoral juvenil (1996), y profesor de Teología espiritual del Estudio Teológico Agustiniano, detallan desde el Arzobispado vallisoletano. El 21 de junio de 2007 se hacía público su nombramiento como obispo de Coria-Cáceres y el 2 de septiembre del mismo año recibió la ordenación episcopal y tomó posesión de aquella Diócesis.

En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias y de Comisión Episcopal del Clero desde 2017. Dentro de esta última Comisión, es Presidente Nacional del Diaconado Permanente. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Vida Consagrada (2007-2017) y de Apostolado Seglar (2008-2011).

Cuando don Ricardo Blázquez llegó a Valladolid (2010) Francisco Cerro ya estaba en tierras extremeñas pero el vínculo ha sido estrecho: “Desde entonces y, continuamente, me han llegado muestras de cariño y de afecto de los vallisoletanos hacia él. Llegó a incardinarse en nuestra Diócesis”, apunta don Ricardo, quien había participado en su ordenación episcopal en Coria siendo todavía obispo de Bilbao. En opinión del cardenal arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, Mons Cerro -‘Paco Cerro’, como se le conocía en tierras vallisoletanas- “es un hombre muy cercano y servicial; trabajador, hondamente espiritual y buen pastor; y es, además, un gran conocedor de la pastoral juvenil y de la vida religiosa”.

Destaca asimismo Blázquez los "vastos" conocimientos teológicos de quien en breve asumirá la cátedra de Toledo. “Estudió como tema de su tesis doctoral la experiencia religiosa del Hermano Rafael –santo trapense del monasterio de San Isidoro de Dueñas–, al que ha dedicado también otra gran publicación Silencio en los labios, cantares en el corazón”.