La incidencia sigue en máximos pese al mes de restricciones

A. G. Mozo
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Las medidas de contención tendrán dos semanas más para tratar de frenar la difusión del coronavirus, que empieza a bajar lentamente en la provincia, pero que todavía continúa cuadruplicando las ratios máximas y en las que Valladolid lleva tres meses

Un grupo de señoras se toma un café para llevar en un banco, en Valladolid. - Foto: Miriam Chacón (Ical)

Las restricciones implementadas por la Junta de Castilla y León para contener el avance de la pandemia siguen sin tener el efecto deseado. Algunas, las primeras puestas en marcha en octubre y que limitaban las reuniones sociales a un máximo de seis personas, cumplen ya un mes sin que sus efectos se hayan apreciado. Lo mismo ha sucedido con el toque de queda, decretado justo una semana más tarde, y con el cierre perimetral de Castilla y León, que llegó el 30 de octubre. La única medida que parece que sí está dando un cierto resultado en el freno de los contagios es el cierre de la hostelería, el gran comercio y los gimnasios. Fue la última batería de restricciones implementada en la Comunidad, el 6 de noviembre, y, junto a las tres anteriores, gozará de otros 14 días para tratar de lograr su objetivo, tras la decisión de la Junta de prorrogar todo hasta el próximo 3 de diciembre.
La medida, pese a las quejas, se está mostrando como la única con un cierto efecto, aunque todavía no se aprecia una reducción drástica de los contagios, aunque sí un freno en la escalada que se vivía hace un par de semanas. En este sentido, la consejera de Sanidad de Castilla y León, Verónica Casado, señaló en su última comparecencia pública que el conjunto de la Comunidad tiene una «tendencia a la estabilización» y apuntó que se estaría entrando ya «en una zona de meseta» de la curva.
En el caso de la provincia de Valladolid, Verónica Casado habló únicamente de una tendencia de «descenso lento» y es que la provincia no acaba de mostrar una mejoría nítica. Sí, ha conseguido pasar de los 795 casos en un día (récord) que llegaron a notificarse, precisamente, el 6 de noviembre, a los 386 del día 13 (justo una semana después), y sí, en general, Sanidad comunica menos casos que en las semanas previas, pero sin llegar aún ningún descenso drástico y continuado en el tiempo. Y aunque la tendencia de contención parece evidente, la famosa curva no acaba de iniciar ese descenso acusado que se le exige para poder llevar la incidencia acumulada (IA) hasta las ratios establecidas como máximas por el Ministerio, esos 250 casos por 100.000 habitantes.

DESDE EL 29 DE AGOSTO
Ese sería el límite, la barrera que marca el salto al nivel 4 o ‘muy alto’, en el que está instalado gran parte del país y al que Valladolid se ‘mudó’ hace ya mucho; un par de meses antes de que el Gobierno central se decidiese a establecer estas ratios –el llamado ‘semáforo’– comunes para toda España. Así, la provincia lleva desde el pasado 29 de agosto por encima de esa tasa máxima a la que ahora hay que volver a llegar para desactivar gran parte de las restricciones vigentes.
El crecimiento en septiembre fue muy contenido, pero constante, tanto que se llegó a octubre con una tasa superior a los 600 casos que luego se consiguió mitigar hasta permanecer siete días incluso por debajo de los 500, esos que en aquellas fechas aparecían como la puerta al descontrol de la pandemia; era la barrera que llevaba a las grandes ciudades al cierre perimetral. Y fue el 19 de octubre cuando empezaron a sentirse los efectos de esa fase de transmisión comunitaria que las autoridades sanitarias admitirían poco después y que situaron como punto de partida en el puente del Pilar.
Eran unas jornadas en que se iban implementando medidas de contención semanalmente, pero los contagios corrían más que los responsables sanitarios. Octubre acababa ya con ratios superiores a los 800 casos en Valladolid y con la palabra confinamiento en boca de todos. Para cuando llegó el cierre de la hostelería, el gran comercio y los centros deportivos cubiertos, aquel 6 de noviembre, la provincia vallisoletana superaba ya la barrera de los 1.000 casos por 100.000, de donde no se ha bajado hasta esta misma semana.
Un enorme muro que la capital, por ejemplo, había cruzado antes. Valladolid lleva ya desde el 29 de octubre por encima de esa tasa de los 1.000 casos, con un pico de 1.143 registrado el 10 de noviembre. Los datos, como ocurre en el grueso de la provincia, ya han empezado a contenerse y se han dejado atrás esas jornadas en que se notificaban más de 300 positivos en la ciudad (incluso se llegó a 402 en un solo día el 27 de octubre) para situarse en la franja de los 200 y, algunos días, los menos, hasta por debajo. Pero la mejoría parece todavía insuficiente, la ratio de incidencia continúa rondando los mil y parece que no será tan fácil ni cuestión de días que baje a esa franja de los 250 que se consideran el máximo.

OTROS MUNICIPIOS

Valladolid constituye el punto medio entre lo que sucede en las dos grandes localidades del alfoz, puesto que mientras Laguna de Duero arroja tasas de incidencia aún superiores (1.148 es su último dato, pero llevaba días por encima de los 1.300 casos), en Arroyo se continúa con cifras muy buenas y en clara tendencia al descenso, bajando ya a la franja de los 600 positivos por 100.000 personas en los últimos 14 días (678). El otro gran municipio (de más de 20.000 habitantes) de la provincia, Medina del Campo, ha visto como su incidencia sufre una tendencia al alza y vuelve a estar por encima del millar de casos (1.155).
Entre los medianos (entre 5.000 y 10.000 habitantes), destacan los buenos datos de Aldeamayor, que está en los 416 casos; Tordesillas, Peñafiel y Tudela, en tendencia decreciente y aproximándose a los 500; y Zaratán, que está en 609. Por encima se encuentra Simancas, con 739, y La Cistérniga, que está ofreciendo una tendencia irregular, pero que se mantiene por debajo de los 900 (852). En cambio, la tasa en Cigales se ha disparado en los últimos días y se sitúa en 1.337; en Íscar se encuentra en 1.481; y en Medina de Rioseco, en 1.592.
LAS NAVIDADES

Cifras mejores y peores, pero todas malas porque alejan a todos esos municipios y, por supuesto, a la capital del nivel 3, el del riesgo ‘alto’, al que se ‘entra’ bajando de los 250 casos. En esta línea, el vicepresidente y portavoz de la Junta, Francisco Igea, volvió a dejar claro que las restricciones que se han ido implementando en este último mes no tienen como objetivo salvar la campaña navideña de ese comercio y esa hostelería, sectores que hoy están clausurados, sino poner coto al imparable avance del coronavirus.
«El objetivo no es el puente de diciembre (el de la Constitución, que es justo cuando acabaría esta última tanda de restricciones) ni las navidades, sino el control de la pandemia», aseveró este jueves un Igea que abogó por que Gobierno y comunidades fijen unas medidas comunes de cara a las navidades, fundamentalmente, e insistió en la idea de mantener la cautela pese a lo especial de esas fechas porque «ya se ha visto cómo funciona esta pandemia si hay relajación».
En este mismo sentido, Verónica Casado, fue muy contundente y lanzó un aviso: «Si en el puente yen navidades se produce relajación tendremos tercera ola en enero y febrero. La segunda es peor que la primera y la tercera puede ser peor aún». La consejera recordó que la presión sobre los hospitales sigue «en aumento» y, por ello, emplazó a todos a mantenerse «atentos» y «muy activos» para tratar de reducir el impacto sanitario.
Casado emplazó a ello a toda la población sin pensar en hacer más o menos test porque, según dijo», «lo nuclear no es hacer antígenos o determinadas intervenciones, sino las más sencillas, la distancia de metro y medio, mascarilla, lavado de manos y ventilación». «Si queremos abrir los bares, lo mejor es que no nos juntemos en casas, que no haya reuniones de más de seis personas», apostilló, por su parte, Igea.