Un desafío a cuatro manos

M.R.Y. (SPC)
-

Alberto Fernández inicia su mandato con la crisis económica como gran reto y la urgencia de demostrar que no será un títere de su vicepresidenta y tomará las riendas del Gobierno

La exmandataria será la ‘número dos’ del vencedor en las urnas. - Foto: Agustin Marcarian

Alberto Fernández tiene un complicado reto por delante cuando, a partir del próximo martes, tome las riendas del Gobierno de Argentina. Con una crisis económica en la nación sudamericana como principal objetivo a batir, su segundo duelo lo tiene en su propio Ejecutivo: son muchos los que apuntan que su vicepresidenta, Cristina Fernández, será la que dirija el país en realidad, un rumor que el tándem Fernández tratará de apaciguar.
La designación del hoy presidente electo para liderar la lista de la coalición peronista fue toda una sorpresa. Todo hacía indicar que sería la viuda de Néstor Kirchner la que volvería a encabezar la candidatura de la izquierda, pero fue ella misma la que anunció que optaría a la Vicepresidencia y que su excolaborador sería su compañero de fórmula y cabeza de lista: «Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice, para participar en las próximas elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias».
Este simple hecho, en el que la número dos proclamaba al líder, ya dejaba una muestra de poder de la kirchnerista y fue visto por muchos como una manera de contar con un muñeco para gobernar desde la sombra. Algo que ambos niegan y que el futuro mandatario va a tener que demostrar.
Por el momento, a Cristina no le ha salido mal la jugada: la Vicepresidencia de la república conlleva la Presidencia del Senado. No es un puesto con Poder Ejecutivo, pero ofrece el blindaje del aforamiento, particularmente muy útil para una política que se enfrenta a varias causas judiciales.
Alberto sí quiere tener cerca a su compañera para abordar la crisis financiera, teniendo en cuenta que la exmandataria ya lidió con una situación financiera similar y su experiencia puede ser necesaria para esta nueva afrenta, en la que se recibe «una Argentina otra vez en ruinas, con un pueblo otra vez empobrecido, en una situación de endeudamiento y empobrecimiento peor que la de 2001».
El futuro Gobierno se enfrenta al pago de una elevada y prolongada deuda con el FMI, en un país con una inflación anual del 54,5 por ciento y una tasa de desempleo récord del 10,6 por ciento -la cifra más alta en 15 años-. El Ejecutivo saliente de Macri firmó en junio de 2018 una ayuda del Fondo de 56.300 millones de dólares, de los que todavía queda pendiente un desembolos de 5.400. Para conseguir pagar estos recibos, los peronistas deberán tomar medidas de choque que pueden provocar un descontento popular en un momento de crisis política en los países vecinos.
Los Fernández también se encontrarán con unas reservas del Banco Central bajo mínimos -lo que conlleva una escasa liquidez-, y con el fantasma de que la inflación se descontrole. A esto se añade una situación social dramática, con un 35 por ciento de pobreza.
«Se espera que la economía en Argentina se contraiga más en 2019 debido a la caída de la confianza y a condiciones de financiamiento externo más ajustadas», afirma en un reciente estudio el FMI.
Alberto Fernández deberá garantizar que sabrá dar un giro a las finanzas si quiere impulsar la inversión, crear empleo y controlar los precios para que la población no se empobrezca más, los ejes básicos de su programa. A su lado, lejos de una enemiga, tendrá que trabajar codo con codo con Cristina, que ya sabe lo que es capear crisis económicas, y evitar que se repita un corralito 11 años después.