Las nuevas tecnologías mejoran la vida de 32.000 diabéticos

Óscar Fraile
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La aparición de bombas de insulina y la medición intersticial de glucosa han hecho más llevadera una enfermedad que hace años sometía a los enfermos a molestas inyecciones diarias

El uso de las nuevas tecnologías ha mejorado la calidad de la vida de los diabéticos. - Foto: El Día

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Día Mundial de la Diabetes

Convivir con la diabetes, tradicionalmente, no ha sido fácil para las personas que padecen esta enfermedad. Requiere un control estricto de la alimentación, de la medicación y una buena dosis de ejercicio físico. Pero el desarrollo de nuevas tecnologías ha dado un salto en la calidad de vida de los pacientes.
Así lo reconoce el presidente de la Asociación de Diabéticos de Valladolid (Adiva), Javier García. «La tecnología e internet nos está ayudando mucho en el tratamiento y en el empoderamiento del paciente», señala. Por ejemplo, en los últimos 30 años estos pacientes han pasado de cargar con la aguja, la jeringuilla y un vial, y con un único tipo de insulina, a otros métodos mucho más cómodos de administración de esta sustancia. Este sistema fue sustituido por plumas precargadas de insulina, mucho más discretas y menos dolorosas. Por entonces también aparecieron varios tipos de insulina, con un efecto de más larga duración y una acción más rápida en las dosis de antes de las comidas. Actualmente, el método más avanzado es la bomba de insulina, que García define como «una especie de riego por goteo». Se trata de un aparato que va unido al paciente a través de un catéter y que se cambia de zona del cuerpo cada tres días. Esta bomba proporciona un goteo continuo de insulina para que el paciente se mantenga durante el día con un nivel adecuado. «Y en el momento de ingesta de comida nosotros damos la información de la cantidad de hidratos de carbono que vamos a comer y ella misma calcula, a través de una algoritmos, la dosis adecuada de insulina que precisa cada persona», explica.
Esta ‘despreocupación’ es una avance más que significativo en la calidad de vida de los diabéticos. Para ellos es fundamental saber comer y tener presente lo que meten en el cuerpo, porque la insulina que necesitan está directamente relacionada con la cantidad de hidratos de carbono de los alimentos. La bomba lo hace sola, aunque los que utilizan la pluma también disponen de muchas aplicaciones y glucómetros que calculan la dosis necesaria de insulina.
Eso en lo que se refiere a la administración de insulina, pero en la medición del nivel de glucosa en sangre también ha habido grandes avances. «Hace 30 años las personas con diabetes medíamos nuestra glucemia con la orina, a través de tiras reactivas», recuerda el presidente de Adiva. En función del color que aparecía, se podía saber el nivel de glucemia, pero se trataba de un método muy impreciso. «La orina que tenías en el cuerpo, si la aplicabas por la mañana, te podía indicar cómo habías estado el día anterior o por la noche, pero no en ese momento, además de que se hacía por aproximación de colores… todo muy impreciso», señala.
Posteriormente llegaron los medidores capilares. A través de una gota de sangre que se obtenía con un pinchazo en el dedo te decían cómo estaba el paciente en ese momento. «Eso ya fue una revolución, porque te permitía calcular la dosis de insulina que necesitabas en el momento preciso», dice. Sin embargo, seguía sin ser un método perfecto porque «si tú te pinchabas diez veces al día, sabías cómo estabas en diez momentos concretos del día, pero, por ejemplo, no sabías cómo estabas a las cinco de la mañana, salvo que te levantaras a pincharte otra vez».
Un problema que se solucionó con un nuevo descubrimiento: la medición intersticial de glucosa. Esto hizo que no fuera necesario llegar a la sangre, sino que se pudiera medir la glucosa en el líquido intersticial que está bajo las capas de la piel. «Ofrece una medición muy exacta», asegura García. De este modo, con unos pequeños parches y a través de un filamento debajo de la piel, mide cómo está el nivel de glucemia durante las 24 horas del día. «Ha sido un avance tremendo porque permite saber cómo está nuestra basal durante todo el día, de modo que podemos variar la dosis de insulina para estar dentro del rango correcto la mayor parte del día», añade.
El último avance tecnológico consiste en el sensor vinculado con la bomba, de modo que entre ambos instrumentos intercambian información sobre el nivel de glucemia y la cantidad de insulina que hay que administrar. En resumen, es como el funcionamiento de un páncreas artificial. «Uno de nuestros mayores temores es tener una hipoglucemia, o bajada de azúcar, que puede derivar a un coma diabético y la muerte», señala el presidente de Adiva. Con este sistema esta situación se previene.
Las consecuencias de no tener un control riguroso de la enfermedad pueden ser fatales. Sin ir más lejos, Diana González, una jugadora de fútbol del América Femenil mexicano, falleció hace unos días a causa de una hipoglucemia. «Lo ideal es mantenerse en un rango de entre 80 y 120 mg/dl de valor de glucosa en sangre, y a partir de 126 en ayunas se puede considerar que una persona tiene diabetes», asevera.
En Valladolid hay unas 32.000 personas que padecen esta enfermedad. De ellas, el 13 por ciento tienen diabetes de tipo 1, es decir, el páncreas no produce insulina, y el 87 por ciento restante tiene diabetes de tipo 2, que se caracteriza porque el páncreas no produce la cantidad suficiente de insulina o sí que lo hace, pero el cuerpo resiste los efectos de la misma, que es mantener bajos los niveles de glucosa en sangre. La primera es una enfermedad autoinmune, no se conoce el origen y no se puede prevenir ni curar. Y la tipo 2 es la que suele aparecer en edades avanzadas como consecuencia de los hábitos de vida. Principalmente, sedentarismo y mala alimentación. Esta sí que se puede prevenir e incluso frenar en el primer momento con un cambio radical de hábitos de vida.
García explica que la prevención es «sencilla» y consiste en resistir ante la tendencia social de estar casi todo el día parados frente a una pantalla. «Los hábitos de vida están cambiando, de modo que cada vez se utilizan más los vehículos para moverse y cada vez se hace menos actividad física, además de que cada vez nos alimentamos peor, por la alta ingesta de azúcar y de alimentos procesados», señala. Buena prueba de ello es que «los países más desarrollados son los que más están siendo afectados por esta pandemia», tal y como la define el presidente de Adiva. «Hay más de 400 millones de afectados en el mundo y la previsión es que en 2040 sean en torno a 640 millones», concluye.

Mesas en la calle para medir la glucosa en el Día Mundial de esta Enfermedad

El día 14 de este mes se celebrará el Día Mundial de la Diabetes y la asociación Adiva lo celebrará con la instalación de diez mesas por las calles de Valladolid en las que harán pruebas a los ciudadanos de su nivel de glucosa en la sangre. En cierto modo, será una forma de alertar a la población de que buena parte de los que padecen esta enfermedad no lo saben. Un desconocimiento que incrementa las posibilidades de sufrir algún accidente relacionado con los niveles de glucosa en sangre. «Se calcula que el 40 por ciento de las personas con diabetes no están diagnosticadas», dice el presidente de Adiva, Javier García. Además, cuando se les diagnostica, la enfermedad ya lleva una evolución de «cuatro o cinco años», por lo que suelen presentar una serie de complicaciones derivadas de la falta de tratamiento y control. «Lo más importante es concienciar y dar a conocer los síntomas, porque con un simple pinchazo en un dedo, que es indoloro, sabemos si la persona tiene diabetes o no», añade. Las diez mesas también tendrán como función concienciar sobre la importancia de la detección precoz. Por otro lado, durante esta semana también se organizará una serie de talleres y charlas formativas, porque la formación es «fundamental» en esta enfermedad para que los pacientes alcancen el empoderamiento. Algunas de estas charlas serán para la Policía Local, la Guardia Civil y Bomberos de Valladolid con el objetivo de que sepan cómo actuar cuando se enfrentan a una hipoglucemia y no la confundan, por ejemplo, con un coma etílico, algo que es frecuente. Por otro lado, el día 24 Adiva también ha organizado una marcha familiar por el centro de la ciudad. «Queremos vincular el deporte y la diabetes, así que estamos preparando actividades con todos los equipos deportivos de Valladolid», concluye García.