«Esta vivienda me ha cambiado la vida, estaba desesperada»

Óscar Fraile
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Los beneficiarios del programa ALVA, de fomento del arrendamiento de pisos vacíos, destacan la oportunidad de tener un techo ante un mercado del que se sienten excluidos

«Esta vivienda me ha cambiado la vida, estaba desesperada» - Foto: Jonathan Tajes

Rosa Elvía Macías llegó a España procedente de Colombia hace algo más de una década. Poco después consiguió la reagrupación para que su pareja y sus dos hijos hicieran lo propio. Su aterrizaje se produjo en mitad de la explosión de la burbuja inmobiliaria, de modo que el acceso a la vivienda se convirtió en uno de sus principales problemas, dada su precaria situación económica. Através de contactos familiares consiguió un piso en la zona del Cuatro de Marzo que llevaba mucho tiempo deshabitado y en unas condiciones «lamentables». Sin persianas, con los sanitarios rotos, la caldera estropeada y muchísima humedad. Incluso con moho. Allí tuvieron que aguantar porque el precio de los alquileres estaba imposible para ellos. «Nos pedían unos ingresos a los que no llegábamos», señala. Además, el hecho de ser extranjeros no ayudaba, dado que en algunos casos eso es una dificultad añadida por los prejuicios de algunos propietarios.
Si situación cambió radicalmente cuando se enteraron del programa municipal ALVA de fomento del alquiler de viviendas vacías. Un proyecto mediante el cual el Ayuntamiento incentiva a los propietarios de estos inmuebles a cambio de que los pongan en el mercado a un precio que va desde los 200 a los 450 euros. La contraprestación que reciben es la garantía de que van a cobrar puntualmente la renta, un seguro de hogar multiriesgo y la posibilidad de financiar hasta 5.000 euros, sin intereses, para la adecuación de la vivienda, entre otras cosas.
Macías solicitó ser una de las beneficiarias y, al cumplir con los requisitos exigidos, se le adjudicó un piso en la avenida de Medina del Campo. «Estaba desesperada y se nos apareció la Virgen porque el propietario de la antigua casa ya nos había dicho que nos teníamos que ir porque la iba a vender», recuerda. Ahora su familia vive en un piso de 120 metros, con cuatro habitaciones, dos baños y unas comodidades que hasta hace unos años ni podía plantearse. «¡Tiene hasta persianas!», bromea Macías. Y todo por una renta de 450 euros al mes, asumible para una familia en la que el padre trabaja, la hija estudia, uno de los hijos está en prácticas y la madre está en paro y con problemas de salud (ella cree que heredados de la humedad que tuvo que soportar en la otra vivienda). «Este alquiler me ha cambiado la vida, porque estaba desesperada y ahora lo veo todo diferente», reconoce.
poder emanciparse. Cristina Ramos es otra de las beneficiarias de este programa. Hasta hace unos meses compartía piso en Covaresa. Llevaba dos años buscando y todavía no había encontrado nada que se adaptase a sus posibilidades. «Tenía un presupuesto de unos 350 euros, pero lo que yo buscaba no bajaba de los 450», señala. Además, con el paso de los meses, el precio no dejaba de subir. «Algunas viviendas se encarecieron unos cien euros en dos años», señala. A través de una publicación de Facebook se enteró de este programa, lo solicitó y así fue como accedió a un piso en la calle Olmo por el que paga 322 euros al mes. «Me dijeron que en el mercado estaba valorado en más de 400», sostiene. Son unos 70 metros distribuidos en tres habitaciones, un baño, una cocina y un salón «grande». Para ella el salto de calidad de vida también ha sido notable. «No es que esté mal compartir piso, pero ahora tengo mi propia vida y no tengo que dar cuentas a nadie... esta iniciativa me ha ayudado mucho, pese a que no tenía grandes expectativas cuando me apunté», explica.
El programa ALVA ha logrado poner en el mercado de alquiler hasta ahora 54 viviendas que estaban vacías, por las que se han interesado más de cien personas. Se trata de un número escaso si se tiene en cuenta que en Valladolid hay más de 17.000 pisos vacíos, pero lo cierto es que la iniciativa ha nacido con vocación de continuidad y de ampliarse. El concejal de Planeamiento Urbanístico y Vivienda, Manuel Saravia, destaca que el objetivo es «facilitar el acceso a la vivienda a los que tienen más dificultades», además de marcar una tendencia de precios en un mercado cada vez más caro. «Con esta iniciativa también se superan los recelos que tienen los propietarios para poner las viviendas en el mercado», señala en referencia a la falta de garantías que muchos de ellos denuncian. El presupuesto anual es de 230.000 euros, pero Saravia no descarta que se pueda ampliar en los próximos años para conseguir que haya menos casas sin gente y más gente con casa.