Un 7 de julio sin toros en Pamplona

SPC
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La capital navarra celebra un singular Día de San Fermín sin encierros ni festejos taurinos y con una misa limitada

Un 7 de julio sin toros en Pamplona - Foto: Jesús Diges

Pamplona recordará el 7 de julio de 2020 como el Día de San Fermín más triste y extraño de su historia reciente, con sus internacionales fiestas suspendidas y una ciudadanía nostálgica ante la ausencia de celebraciones pero responsable con las medidas de seguridad recomendadas contra la pandemia causante de la situación.
Ya la víspera se había vivido un txupinazo inusual, con apenas cuatro centenares de personas concentradas en la Plaza del Ayuntamiento donde, cada año, se reúnen miles de almas. Con ese antecedente, el día grande de la capital navarra ayer arrancó de manera atípica, sin encierro en sus calles, que a las ocho de la mañana presentaban una imagen absolutamente inusual en estas fechas, sin corredores ni toros y con coches aparcados en la Cuesta de Santo Domingo
Eso sí, un grupo de habituales del encierro, vestidos de blanco y rojo, se acercaron hasta ese lugar  para entonar ante la imagen de San Fermín los cánticos habituales previos a la carrera ante un nutrido número de medios de comunicación que se habían congregado en el lugar para inmortalizar la inusual imagen de este singular 7 de julio.
Este año, debido a la pandemia, la feria del toro, al igual que el resto de actos festivos, han sido suspendidos, por lo que ni los toros correrán desde los corrales de Santo Domingo hasta el coso pamplonés, ni por las tardes tendrá lugar en él ningún festejo taurino.
Esto es algo que no sucedía desde hace cuatro décadas, en concreto desde 1978, cuando sucedieron los incidentes en los que murió Germán Rodríguez.
En aquella ocasión, los Sanfermines se desarrollaron con normalidad hasta que al final de la corrida de toros del 8 de julio, la Policía entró al ruedo con la orden de retirar una pancarta de los tendidos de sol en la que se pedía la liberación de los denominados presos políticos, y acabó abriendo fuego sobre las peñas, lo que derivó en aquella muerte por herida de bala. Los incidentes posteriores llevaron a la suspensión del resto de actos festivos.
Posteriormente, los encierros se han celebrado sin interrupciones, pero no así las corridas de toros ya que por el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA no tuvo lugar la del 12 de julio de 1997. La cancelación más reciente es la del 8 de julio del año pasado debido a una fuerte tormenta.
No hubo las tradicionales carreras por la calle Estafeta o en la curva de Mercaderes, pero sí se celebró la Misa en honor al santo en su día, uno de los pocos actos del programa oficial que se ha mantenido este año, al ser un acto religioso y dependiente de la parroquia, aunque  perdió su carácter multitudinario y la solemnidad que tradicionalmente le acompaña con la procesión que en esta ocasión no tuvo lugar. Un total de 282 fieles, el 75 por ciento del aforo del templo, fueron los privilegiados asistentes a la homilía.
Fueron muchos los pamploneses que no pudieron asistir a la celebración por la restricción del aforo decretada, pero miles de ellos siguieron su desarrollo por televisión o incluso en el exterior del templo, donde había ciudadanos aguardando su conclusión para poder saludar a la imagen del santo, una vez que se limpiaron y desinfectado los bancos.
La imagen contrastaba con la habitual de un 7 de julio, en la que las calles del casco viejo se abarrotan de personas expectantes al paso de la procesión, en la que se cantan jotas al santo, que va acompañado del cabildo catedralicio, alcalde y concejales vestidos de gala, junto a timbaleros, maceros, clarineteros, txitularis, escolta, gaiteros, la Comparsa de Gigantes y Cabezudos y La Pamplonesa.