Una ayuda al otro lado de la línea

M.Rodríguez
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Las llamadas al Teléfono de la Esperanza han subido un 40% durante el estado de alarma. Miedo, ansiedad, estrés, depresión e irritabilidad son las problemáticas más habituales entre los usuarios

Una ayuda al otro lado de la línea - Foto: Jonathan Tajes

En el momento más álgido en el uso de las nuevas tecnologías, un recurso creado el siglo pasado se ha convertido en la tabla de salvación durante este confinamiento de muchos vallisoletanos.


El Teléfono de la Esperanza, un servicio de ayuda psicológica, atendido por voluntarios, ha reforzado su presencia social en esta crisis sanitaria y ha recibido unas mil llamadas en dos meses en la provincia, lo que supone un incremento del 36% comparado con el mismo período en 2019. A esto hay que añadir la atención del servicio de apoyo y asesoramiento psicológico, prestado por profesionales sanitarios, puesto en marcha tras la declaración del estado de alarma a través de la webcompartevida.es.


Estos datos se convierten en un termómetro de referencia para medir el impacto psicológico de esta crisis sanitaria, que ya ha derivado en social y económica. «En los primeros días detectamos un nivel de ansiedad muy alto, pero ahora lo que vemos es más desmotivación y soledad», explica Eloy González Arránz, presidente de la ONG en Valladolid. Así, durante la cuarentena registraron unas 200 (20%) llamadas por la crisis de la covid-19 y cuya temática principal era la otra crisis que genera: la emocional y psicológica. «Entre las principales situaciones asociadas se encuentran soledad; la difícil situación de las personas de la tercera edad con problemas físicos;la ansiedad y los problemas derivados de la convivencia familiar», destaca González. Aunque también  destaca que durante estas semanas de estado de alarma también han recibido un  porcentaje importante de llamadas para ofrecerse como voluntarios. Una opción que ahora no es posible porque para colaborar con el Teléfono de la Esperanza hay que pasar un periodo de formación de un año. Además, los voluntarios atienden las llamadas, ahora mismo, desde sus domicilios, ya que la sede está cerrada desde el principio del confinamiento. «La estamos adaptando para la vuelta», apunta su presidente.


Miedos.

Desde la atalaya de este servicio observan cómo ha ido variando el efecto de la covid-19 en la población. Así, apuntan que del miedo inicial y las conductas de acopio de alimentos, se pasó a situaciones de «intensa» emoción como el aplauso a los sanitarios para luego dejar paso a sensaciones de inquietud, pérdida de rutinas y experimentar los excesos de la sobreinformación. Especial atención merecen las personas que se han visto además expuestas, o que están más en contacto, con las consecuencias biopsicosociales de la pandemia, que presentan problemáticas más específicas con un fuerte impacto sobre el equilibrio psicológico por el fallecimiento por enfermedad, la pérdida de empleo o el estrés laboral… «Desde un punto de vista psicológico, el miedo ha sido la emoción más determinante en un primer momento. Es una reacción adaptativa adecuada a una situación en la que hay riesgo para la integridad física».


¿Por qué sigue siendo efectiva esta alternativa en la era de las soluciones vía app? El presidente del Teléfono de la Esperanza explica que la gente llama porque «saben que a cualquier hora, las 24 horas del día, los 365 días del año, le va a atender alguien que no los juzgará e intentará dar respuesta a sus problemas». Unas llamadas que después pueden pasar a la atención presencial por parte de un profesional o a la participación en talleres y cursos. «Estos servicios están suspendidos temporalmente hasta que se abra la sede, pero ya estamos valorando poner en marcha una plataforma online para poder ofrecerlos», detalla González. También apunta que se está diseñando una aplicación para móviles para poder dar el mismo servicio que se da por el teléfono tradicional.


Futuro.

Y aunque entre los problemas por los que llaman los ciudadanos para pedir ayuda todavía no están los económicos, esto es algo que esperan sí que suceda en las próximas semanas. Por eso desde la organización se adelanta que llega «un tiempo complejo», en el que es preciso promover actitudes y conductas que se orienten a desarrollar pautas de cuidado personal, tanto para promover el propio bienestar como el bienestar de las demás personas. Y también se aconseja impulsar conductas prosociales para darse cuenta de la importancia del apoyo social y de la construcción de redes que puedan dar respuesta a necesidades de muy distinto orden que ya han surgido y que surgirán. Aunque reiteran que la «comunicación a nivel voz sigue vigente» y siempre habrá un voluntario al otro lado de la línea.