El abuelo de la Asobal

Manuel Belver
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El abuelo de la Asobal

Diego Moyano sigue en activo a sus 48 años y la próxima temporada «ayudará» al Antequera en División de Honor Plata. El portero alicantino jugó en el BM Valladolid dos temporadas, de 1995 a 1997: «Fueron años duros, pero de muy buenos recuerdos»

Él mismo se llama el abuelo de la Asobal, pero Diego Moyano es algo más que un viejo roquero y con el paso de las temporadas se está convirtiendo en una leyenda. En enero de 2020 cumplirá 49 años y, si no pasa nada raro, lo hará dentro de una pista, como se le conoce desde que en 1994 ascendiese a la Asobal con el Huétor Tájar granadino. Esta última campaña la empezó, «por echar una mano», en el Handbol Villa Antonia Sant Joan alicantino en Primera, pero en enero aceptó, «ayudar», al Conservas Alsur Antequera en Plata, rozando la clasificación para el playoff de ascenso a la Asobal. Entre medias, Puleva Maristas de Málaga, Altea, Gáldar, Valencia, Torrevieja, Toledo, Anaitasuna, Antequera, Cuenca, Guadalajara, Benidorm y Cangas... y, por supuesto, el Balonmano Valladolid, de 1995 a 1997, con Pastor al frente, y con compañeros de barco como Miranda, Jorge Martínez, Guillermo, Raúl González, Jorge Fernández, Israel Pérez-Arija...
Nació en Alicante el 21 de enero de 1971. Y, como muchos de su época, dio sus primeros pasos en el mundo del balonmano en el colegio, «por los amigos». En su caso a los 9 años en Salesianos de su ciudad natal y, como curiosidad, lo hizo de portero: «Fue un puesto que me atrajo, me llamaba más la atención». Allí estuvo hasta que se fue a Granada a estudiar INEF, jugando en el equipo de la Universidad, que ascendió a la B de entonces; en el Balonmano Granada y en el Huétor Tájar, subiendo a la Asobal: «Aunque mi debut fue al año siguiente en el Puleva Maristas».
Solo una temporada más tarde le llamaron de Valladolid. «Por esa época, se les fue Janos Szathmari, me llamaron y vi una opción de poder de crecer», recuerda. El primer año coincidió con Alberto Miranda y el segundo con Jorge Martínez. 
«No me tuvieron que convencer, el proyecto era interesante y la opción de ir a un equipo como ése era buena.Además de conocer otro tipo de equipo fuera de la zona donde estaba jugando», añade sobre las razones de llegar al BM Valladolid. La primera temporada acabaron octavos y en su segunda fueron cuartos, clasificando al club, por primera vez, para una competición europea. «Fuimos el único equipo que tenía una plantilla totalmente nacional los dos años. Fueron años bastantes duros, porque los entrenamientos eran duros, con una plantilla muy joven pero, a la vez, muy bonitos, con muchos amigos, grandes recuerdos y de adquirir experiencia. Fue el año de consagrarme en Asobal», añade. Hay datos que hablan de que en esa segunda campaña llegó a las 369 paradas: «Si ya es difícil calcularlo ahora, antes... aunque me suena que el porcentaje anduvo por el 36% el primer año y el 38% el segundo». Ese BM Valladolid era el de saque rápido y contraataque, de velocidad e intensidad.
Aunque quería seguir, las condiciones económicas no eran las mejores y se fue en 1997 al Altea. 
De allí a Gáldar, donde coincidió con, entre otros, Velamir Rajic. Luego a Valencia, con los hermanos Guardiola, Ángel Romero... y así por Torrevieja, Toledo, Anaitasuna, Antequera, Cuenca, Guadalajara y Benidorm, donde anunció su retirada en 2016. «Tras un año y medio me llamó Galdar en enero de 2018», apunta. Jugó en la Asobal la pasada temporada y en ésta buscaba asentarse. Empezó en su casa, en San Juan (Alicante) y en enero se trasladó a Alicante por trabajo (en la empresa Alsur). El entrenador había ido con él a clase de INEF en Granada y enseguida le llamó: «En principio seguiré un año más ya que me permiten compaginar el trabajo con el balonmano».