El 'nano' del balonmano

M.B
-
El ‘nano’ del balonmano

Ángel Romero jugó dos temporadas en el BM Valladolid, de 2010 a 2012. Actualmente, el ex pivote valenciano vive en Medellín (Colombia), donde sigue vinculado a su deporte como entrenador en el colegio Corazonistas

El balonmano lo que me ha dado son las amistades. Gente que siempre está. Y eso es para toda la vida». Ángel Romero reflexiona en alto sobre su vida deportiva, sobre sus años en la elite del balonmano, sobre sus inicios en Valencia con, entre otros muchos, los hermanos Guardiola; sobre su paso por Logroño o por Valladolid; sobre sus triunfos con el Atlético de Madrid (una Copa del Rey o un Mundial de clubes) o su periplo por la Liga de Suiza. Lo hace muy lejos de su casa, en Medellín (Colombia), donde reside desde noviembre de 2016: «Hubo muchas circunstancias alrededor del deporte que me hicieron pensar en dejarlo y justo mi mujer tenía una oportunidad de venirse para aquí. Y me vine con ella». 
En Colombia trabaja como encargado del seguimiento de obras de una empresa de la construcción y mantiene su contacto con el deporte, con el balonmano, entrenando a tres equipos en el colegio Corazonistas de Medellín.
Pero no olvida su Valladolid. Aquí jugó dos temporadas, de 2010 a 2012, en las que creció deportivamente. Y aquí conoció a su mujer, Carlina.
Ángel Romero Rodríguez nació en Valencia el 2 de junio de 1984. Comenzó a jugar al balonmano en su colegio, Engeba. Y lo hizo, curiosamente, de portero: «Pero de un año para otro pegué el estirón y me pasaron a jugador». Sonríe pensando cómo fueron esos inicios: «Me caía al suelo con el balón, era descoordinado total». Recuerda que con los amigos jugaba también al fútbol y al pádel, aunque el balonmano, quizá gracias a sus 202 centímetros, se le daba mejor. En cadetes entró en la cantera del Marni Valencia, lo que había sido Airtel Valencia, y en juveniles de primer año ya estaba con los ‘mayores’: «Se lesionaron todos los pivotes y debuté en Asobal con 17 años, jugando los tres últimos partidos ligueros». 
Valencia empezaba a a vivir la crisis económica y en el club apostaron por la cantera, con los hermanos Guardiola (Gedeón e Isaías) y con él mismo, entre otros. Allí estuvo hasta la desaparición de la entidad. Era 2005 y le llamó Alberto Suárez para el Darien Logroño para la División de Honor B, logrando ascender a Asobal. En tierras riojanas estuvo cinco años, hasta 2010. «Entonces me dijo Jota que Pastor me quería para Valladolid. Me llamó y todo fue muy rápido», señala. Para él, Jota es una de las personas que más le ha ayudado en el mundo del balonmano: «Sigo en contacto con él. Me ayudó a abrir la mente y la vista en este deporte».
Aunque reconoce que al principio el BM Valladolid le intimidaba -había estado viviendo aquí un par de meses un año antes recuperándose de una lesión-, se acopló pronto. Eso sí, pasó una nueva lesión en una mano, que le hizo perderse parte de su primera temporada. «Me quedo con muchas cosas. Personal y deportivamente. Valladolid fue un trampolín. Me sentí como un gran jugador por culpa de los compañeros, de Pastor y de Eduardo, que estaba de segundo. Me sentí importante como jugador y noté mejoría», echa la vista atrás y habla de Asier, Ávila, Perales, Edu Fernández, Svensson... y de «complicidad, confianza y amistad». Su segundo año, para él, fue el mejor de su carrera deportiva, yendo a dos concentraciones con la selección. Y eso le abrió las puertas del Atlético de Madrid (antiguo Ciudad Real), con Talant Dujshebaev y una constelación de estrellas. «Todo jugador aspira a ir a un ‘grande’ y a mí me tocó», dice. Pero el Atlético desapareció y acabó de nuevo en Logroño con Jota, clasificando al equipo para la Champions.
Su última temporada en activo fue en Suiza, en la 2015-16, en el HC Sparkasse Bruck. «La experiencia muy buena, pero difícil por el idioma. Tenía 32 años e iba a ver si tenía suerte para probar luego en Alemania», reconoce. Pero acabó el año y a su mujer, vallisoletana de pro, Carlina, le surgió una opción de trabajar en Colombia. «Yo estaba con muchos dolores, de rodilla, de espalda, aunque me notaba 100% para jugar», y decidió dejarlo todo e irse con ella a Medellín.
«Todo el mundo que la conoce dice que es una ciudad muy bonita pero es mucho más que eso. Ell clima es estable durante todo el año, aunque sea tropical; se come muy bien...», habla con voz tranquila. A España ha vuelto solo una vez y tiene pendiente una visita a Valladolid, a la casa de su mujer y a la suya, en breve. 

Entrena a varios internacionales por la selección de Colombia

Ángel Romero vive en Medellín desde noviembre de 2016. Allí contactaron con él desde el colegio Corazonistas, donde el balonmano es el primer deporte. Le querían para entrenar a varios equipos y, desde entonces, dirige a tres equipos, desde los 16 años y hasta sénior. De hecho, tiene a varios internacionales absolutos con la selección de Colombia y sueña con ver a alguno jugando en España... e incluso en Valladolid.