La recaudación de Tráfico cae un 33%

A.G. Mozo
-
La recaudación de Tráfico cae un 33%

La Guardia Civil probó en 2018 en Castilla y León a denunciar solo a conductores que pudiesen ser interceptados tras la infracción, evitando las multas por correo. Esto redujo un 85% las sanciones de radares móviles

La recaudación por multas de la DGT en las carreteras vallisoletanas bajó en casi dos millones de euros el último año, en el que es el mayor descenso de una historia marcada por una constante tendencia al alza, con pocas caídas y nunca tan acusadas. Los 3,8 millones que se ingresaron desde Valladolid en 2018 son un tercio menos que los 5,7 que se contabilizaron en 2017 y un 57% menos que los casi nueve recaudados hace una década, en un 2008 en el que se tocó techo: 102.666 multas para una ‘caja’ de 8,9 millones.


La explicación a este histórico descenso de las sanciones y, por lo tanto, también de la recaudación, se encuentra en la aplicación de un plan piloto en Castilla y León por parte de la Guardia Civil de Tráfico para fomentar la concienciación durante el proceso de notificación de multas, sobre el mismo asfalto, tal y como explican fuentes de la Delegación del Gobierno a El Día de Valladolid. «Ha sido una medida experimental llevada a cabo en el Sector entero y que ha provocado un descenso de las denuncias en muchos conceptos. Se trata de una apuesta por la concienciación de los conductores, más que por ese supuesto afán recaudatorio del que a veces se acusa a la DGT», justifican estas fuentes, que detallan que «lo que se estuvo haciendo durante el pasado 2018 fue intentar denunciar solo a aquellos infractores a los que se pudiera detener in situ, sin tener que enviar la multa por correo, para que luego se identificase quién era el conductor en el momento de los hechos».


La medida exigía, según afirman desde la Delegación del Gobierno, «una mayor carga de trabajo a los agentes de la Guardia Civil, ya que tenían que tratar de notificar en el momento todas las denuncias, en lugar de que se pudiese remitir por correo como se venía haciendo hasta ese momento». En el mismo sentido, estas fuentes detallaron que la «medida experimental» se terminó en 2018 y en este año ya se está volviendo a denunciar a más conductores infractores sin tener que pararles.


la velocidad. El grueso de este descenso del 33% en las denuncias y la recaudación está en los excesos de velocidad captados a través de los radares móviles de la Guardia Civil de Tráfico. Mientras en 2017 se sancionó a 30.184 conductores por este concepto (sin llegar a pararles), ingresando 1,9 millones de euros, en 2018 fueron solo 3.970 -los casos más graves- para una ‘caja’ de poco más de 240.000 euros. Se trata de una caída del 85 por ciento que no se ha conseguido ‘compensar’ con el lógico incremento de multas de radar móvil (con parada), que fue de apenas medio millar más (de 4.476 a 5.157 en un año, de 398.000 a 330.000 euros).


Así, de un año a otro, los radares móviles han pasado de detectar más de 34.500 infracciones a 9.100, capitalizando el grueso de la caída de la recaudación registrada en 2018, según los datos recabados por este periódico en fuentes del Ministerio del Interior, en los que se descubren años incluso con más actividad de los radares móviles (sin parada del conductor), como 2016, cuando se llegó hasta los 2,2 millones de euros después de casi 38.000 sanciones.


Obviamente, los que sí han continuado multando desde el más absoluto anonimato han sido los diez cinemómetros fijos que la DGT tiene repartidos por distintos puntos de la provincia. Estos no han cambiado su modus operandi y siguen denunciando a través de una carta, acompañada de una foto del vehículo que es tomada en el momento en que fue cazado, pero que exige la identificación del conductor, so pena de 900 euros de multa.


el más activo, en la n-601. En 2018, estos equipos fijos llegaron a la cifra de 33.570 denuncias, con una recaudación de casi un millón y medio de euros; el más activo, con casi la mitad de las multas, fue el del cruce de La Pedraja (N-601), seguido del de la A-6, en Rueda, y del de la A-62, en Cigales. Son 120.000 euros más que en 2017, cuando la cifra de multas de velocidad a través de radar fijo se quedó en 29.927 y 300.000 más que lo obtenido con las 23.357 sanciones interpuestas en 2016. Este concepto crece sin parar desde 2014 tras tocar techo en el año de su puesta de largo, 2008, cuando fueron 53.127 denuncias y se anotó una recaudación de 2,9 millones de euros.


En estos once años de actividad de los radares fijos, los equipos que Tráfico ha ido instalando en las carreteras vallisoletanas acumulan  228.541 ‘fotos’, obteniendo unos ingresos de casi doce millones de euros (11.9973.691).


Junto a los cinemómetros fijos y los radares móviles, los otros tres conceptos que conllevan un mayor número de denuncias, y de euros, son circular sin seguro obligatorio, hacerlo con el móvil de la mano y conducir ebrio o drogado.


En 2018 se recaudaron en esta provincia 436 euros de media cada hora por multas de tráfico, más de 10.000 al día, de los que unos 7.500 llegan por la vía de alguna de estas cinco infracciones. A lo ya citado por los radares (2,1 millones entre todos los conceptos), se suman los 286.461 euros (tras 1.285 multas) que llegaron por conductores que fueron interceptados drogados o ebrios; los 258.603 (1.741) de los que circulaban sin seguro; y los 130.072 (1.413) de uso del móvil.

 

Cuando no había radares fijos...

Los radares fijos se han integrado como un elemento más del paisaje español, pese a que apenas llevan una década en las carreteras. No solo en las grandes vías, donde aguardan en el arcén o sobre un panel informativo, sino cada vez en más nacionales y secundarias, y, de un tiempo a esta parte, en un sinfín de avenidas urbanas en las que se han erigido como el mejor freno a los desmanes con el acelerador.


En Valladolid capital, hay once radares fijos, mientras que en territorio interurbano son diez. Su irrupción ha modificado de tal modo el panorama que en la capital, cuando llegó la eclosión de los cinemómetros, se pasó de casi 99.000 multas al año en 2008 a superar las 170.000 en 2009, para ir poco a poco bajando.


En el caso del territorio de la DGT, también se ha dado un cambio terrible. En 2000, por ejemplo, cuando no había radares fijos, solo se ponían 1.453 multas cada año, recaudando poco más de 57.000 euros, situación que se mantuvo casi invariable hasta que en 2003 ya empezaron a crecer hasta las 2.466 (y 133.426 euros), y en 2004 y 2005 saltaron a la franja de las 5.500 (y en torno a medio millón de euros). Eran años en los que la principal infracción era ir sin el seguro.


La irrupción de los radares fijos, en 2008 y 2009, abrió una vía de entrada de dinero que se movió en la franja de los dos millones de euros en esos dos años. Luego la cosa ya se fue aplacando a medida que los conductores interiorizaron la ubicación de los radares.