Cuando el distanciamiento social es lo cotidiano

ICAL
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Los enfermos de fibrosis quística están acostumbrados al confinamiento, guardar distancia y tomar precauciones para evitar infecciones respiratorias

Miriam Aguilar, enferma de fibrosis quística. - Foto: Leticia Pérez / ICAL

La pandemia del COVID-19 ha supuesto un cambio radical de los hábitos de vida de los ciudadanos que, poco a poco, se acostumbran a esa llamada 'nueva normalidad' que implica, entre otras cosas, el confinamiento domiciliario, el distanciamiento social, evitar las aglomeraciones, la limpieza intensa de la ropa y de lo que entra en casa, el uso de las mascarillas y los guantes y un exceso de higiene para prevenir los contagios. Si hay alguien sabe mucho de estas medidas son los enfermos de fibrosis quística, que extreman las precauciones para evitar infecciones de virus y bacterias desde que están diagnosticados. Para ellos cuestiones como el distanciamiento social, la higiene extrema o formas más o menos drásticas de confinamiento es lo cotidiano. Son los grandes expertos en todo lo relacionado con la prevención y la protección porque tienen mayor riesgo de padecer complicaciones por cualquier infección respiratoria, incluido el coronavirus, lo que les obliga a protegerse.

La fibrosis quística es una enfermedad rara o poco frecuente, calificada así porque su prevalencia es inferior a cinco personas por cada 10.000 habitantes, que padecen unas 2.500 personas en España, mientras que la la Asociación Castellano Leonesa Contra la Fibrosis Quística cuenta con 58 socios afectados.

Su presidenta Miriam Aguilar, enferma de fibrosis quística, reconoce que todas las medidas que tiene que adoptar ahora la sociedad por el coronavirus beneficia a su colectivo, que antes era mal visto por llevar mascarillas y guantes, mantener la distancia social y evitar abrazar o besar a la gente. "En España, somos de tocarnos mucho y a nosotros nos han tachado de ser bordes por saludar a conocidos y no pararnos. Pero es que se trata de mi salud", subraya. 

Además, esta vallisoletana se muestra esperanzada en que, cuando pase la crisis sanitaria del COVID-19 y la población deje de utilizar las mascarillas, no resulte extraño ver a personas de riesgo como los enfermos de fibrosis quística. 

Es una patología crónica y hereditaria por la que se produce un espesamiento de las secreciones que facilita la acumulación de bacterias, virus u otros microorganismos que entran en los pulmones y provocan infecciones respiratorias. Algunos de estos microorganismos son especialmente peligrosos para las personas con fibrosis quística y pueden conducir a una disminución más rápida de la función pulmonar.

Miriam considera que se ven demasiadas imágenes de “inconscientes” en la calle como varias personas sentadas en un mismo banco. “Deben pensar en los colectivos de riegos como los mayores y los enfermos”, lamenta. La asociación ha perdido a un compañero trasplantado de pulmón en Castilla y León, después de ser contagiado de la covid-19. “Los trasplantados son personas con patologías añadidas a la fibrosis quística y con las defensas más bajas, por lo que son propensos a contagiarse”, explica. 

Miriam asegura que, ahora con la crisis de la covid, los enfermos de fibrosis quística han extremado, aún más, los cuidados. “Hay un punto más de limpieza en la ropa y los hogares”, reconoce. Además, afirma que, ahora con la desescalada, tratan de salir “lo menos posible”, salvo para hacer deporte porque es “necesario” y “fundamental”.