La construcción pasa de los despidos a no tener trabajadores

Óscar Fraile
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La patronal dice que el «éxodo» de hace años genera escasez de mano de obra cualificada y de jóvenes. Los sindicatos comparten la preocupación y señalan que el sector arrastra una mala imagen que no se corresponde con las posibilidades de futuro

La construcción pasa de los despidos a no tener trabajadores

Hace poco menos de una década España se vio obligada a vivir prácticamente sin sector de la construcción. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria paralizó por completo la actividad de obra nueva y dejó gripado el motor que en los años anteriores había tirado de la economía. Fueron años de cierres empresariales y despidos masivos que generaron una efecto dominó en toda la economía.
La travesía por este desierto duró años, pero de un tiempo a esta parte las empresas del sector han empezado a recuperar actividad. Bien es cierto que, por ahora, más centrada en la reforma de edificios que en la construcción de nuevas viviendas, que también está recuperando.


No obstante, el sector tiene que lidiar ahora con los efectos de la ‘resaca’ de esta recesión. El principal: la dificultad para encontrar profesionales cualificados. «Venimos de unos años en los que no era fácil estar en el sector de la construcción porque la seguridad de mantener ese puesto no estaba garantizada y el recuerdo de esa época, en la que muchas familias se quedaron en el paro y lo pasaron mal, hace que ahora la gente no quiera volver», explica el presidente de la Asociación Vallisoletana de Empresarios de la Construcción (Aveco), Alberto López. Unos condicionantes que se unen a las características de un trabajo «en el que se pasa frío y calor».


Las cifras demuestran que la ‘resurrección’ del sector está siendo lenta. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al último trimestre del año pasado, la construcción aglutina a 11.100 ocupados en la provincia, frente a los 10.500 de hace un año, más o menos la cifra que se había mantenido desde 2015. Nada que ver con los 26.000 ocupados que llegó a registrar Valladolid en el año 2008, justo antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
La cifras de desempleados del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social también ponen de manifiesto la mejoría, especialmente en el último año. De los 2.418 desempleados del sector que había en marzo de 2018 se ha pasado a los 1.915 del mes pasado. Es decir, un 26,2 por ciento menos. Bien es cierto que esta evolución se ha producido en un contexto general de caída del paro del que se han beneficiado casi todos los sectores. Pero el ritmo de la construcción es mucho más elevado que el general. Si en el último año la caída del paro en el sector del ladrillo ha sido del 26,2 por ciento, el descenso general en la provincia se limita al 8,6 por ciento, al pasar de 34.568 a 31.622 parados.
Con todo, el presidente de la patronal reconoce que la actividad de la construcción en Valladolid todavía tiene mucho margen de mejora. «Y si no hay mucha actividad es porque los números no dan, ya que el precio de venta no es muy alto y no te deja mucho margen», explica.


Mala imagen. López considera que los años de crisis han hecho que el sector proyecte una imagen poco atractiva, por la seguridad que ofrece a los empleados y por unas condiciones de trabajo duras. «Es cierto que se pasa calor y frío, y si a esto le unes el recuerdo de la crisis...», señala. Por eso hay empresas que, por más que buscan, no dan con el perfil adecuado. «Un profesional de la construcción no se hace en 15 días, requiere un tiempo y un periodo de aprendizaje», señala el presidente de Aveco. Y como en los últimos años han sido muy pocos los que se han sometido a esos procesos de formación, y otros trabajadores se han ido jubilando, aparte de los que en su día fueron despedidos, no hay relevo generacional y la edad media de los empleados ha crecido ostensiblemente. «Hemos despoblado de profesionales el sector», añade López.


El representante de la patronal asegura que la imagen de sector inestable con la que carga la construcción desde la crisis pesa más para no encontrar trabajadores que las condiciones laborales que se ofrecen. Es más, según él, en este tipo de trabajo «los profesionales se pueden ganar muy bien la vida». Sobre todo en este contexto de alta demanda de profesionales. «La retribución está por encima del salario mínimo, con una media de 1.200 euros para las categorías más bajas, y cuando alguien se forme en determinados oficios, en Valladolid va a tener mucho campo de trabajo, y en Madrid... ni te cuento», señala. Aunque no llegue a ganar 4.000 euros al mes, «como sucedía en la precrisis», se podrá ganar la vida «estupendamente».


los sindicatos coinciden. Tanto CCOO como UGT comparten la preocupación de la patronal por esta falta de relevo generacional. La secretaria general de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO en Castilla y León, Lourdes Herreros, reconoce que el sector sufre una «demonización» después de que muchos trabajadores tuvieran que dejarlo para irse, en su mayoría, al sector servicios y a la hostelería. «Ha dejado de ser atractivo para los jóvenes, pese a que es un sector de futuro», señala. Herreros destaca que en el acuerdo nacional, que sirve de base para la firma de convenios provinciales, se han establecido subidas salariales por encima del dos por ciento para este año y el siguiente. «Es un porcentaje que está por encima de otros incrementos sectoriales», añade. Por su parte, el secretario general de UGT-FICA en Castilla yLeón, Miguel Ángel Gutiérrez Fierro, incide en que la falta de persona «es una queja constante, y no solo en esta Comunidad». El representante sindical asegura que los trabajadores que se fueron en su día al sector servicios y a la hostelería «no están mejor pagados que los de la construcción», que actualmente cobra, como mínimo, según él, unos 1.200 euros al mes. «Aunque la situación ya no sea como ante, cuando se trabajaba mucho a destajo y se ganaba muchísimo», señala.


Gutiérrez también opina que el sector arrastra una mala imagen y que los jóvenes «no tienen ganas de formarse» para trabajar en él. «Todavía se tiene la imagen de la persona moviendo sacos de cemento, pero dentro de esta profesión hay oficios que tienen mucho valor añadido», dice. Por eso considera que el trabajo que tienen que hacer ahora las empresas tienen mucho que ver con la comunicación, con saber transmitir a la sociedad todas las posibilidades que ofrece.
Ambos sindicalistas ocupan la Vicepresidencia de la Fundación Laboral de la Construcción en Castilla y León, una entidad que regularmente organiza cursos relacionados con este sector, tanto para desempleados como para personas en activo, entre otros cometidos. No obstante, en la actualidad tiene verdaderos problemas para completar las plazas de los de larga duración.