Misioneros: los 184 embajadores de la fe vallisoletanos

Óscar Fraile
-

Los misioneros que hay repartidos por el mundo compatibilizan, en la mayoría de los casos, su labor evangelizadora con la humanitaria

Los misioneros tratan de llevar la palabra del Evangelio por los cinco continentes.

Desde hace siglos las misiones han sido un instrumento fundamental para que la Iglesia Católica propagase su mensaje por el mundo. Una encomienda que ya aparece reflejada en el Evangelio, según San Mateo: «enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo».
En la actualidad hay unos 12.000 misioneros españoles repartidos por el mundo. De ellos, 184 son de Valladolid. Al menos esos son los que tiene ‘controlados’ la Archidiócesis de Valladolid, a través de su Delegación de Misiones. La mayor parte de ellos está en Sudamérica, un factor que está condicionado por los vínculos lingüísticos. De hecho, los tres países con más presencia de misioneros vallisoletanos son Venezuela (19), Chile(14) y Perú (13), aunque hay otros en lugares tan remotos como Burkina Faso, Japón y Rusia.
El delegado diocesano de Misiones del Arzobispado de Valladolid, Javier Carlos Gómez, explica que hay varias vías para que una persona interesada se convierta en misionero. Si es laica, lo puede hacer a través de la organización Ocasha, dependiente de la Conferencia Episcopal. También puede hacerlo si esa persona está asociada a una congregación religiosa que tenga plataformas para laicos. En el caso de los religiosos, «ellos están a disposición de su congregación» para ir a una de las casas de misiones que tengan abiertas por el mundo. En el caso de los sacerdotes diocesanos, el proceso se realiza a través de su obispo. «Pero en los tres cauces lo principal es que el interesado sienta la llamada», asegura.
Aunque los misioneros tengan preferencias, lo habitual es que se pongan a disposición de la congregación para elegir destino. «Esto no es una cosa de francotiradores, es un trabajo de equipo», explica el delegado del Misiones. Y es así no solo por operatividad, sino porque la compañía en este tipo de labores es fundamental. «Muchas veces hablamos de la misión misionera como una cuestión muy romántica, pero es muy dura si no tienes una comunidad de referencia, con personas con las que puedes hablar», dice Gómez.
Según él, la principal motivación para dar ese paso es el Evangelio, a diferencia, por ejemplo, de los cooperantes, que tienen un deseo altruista y no tienen por qué ser creyentes. La misión principal de los misioneros es difundir el Evangelio, aunque este lleve implícito la obligación de ayuda humanitaria que en la mayoría de los casos realizan estas personas. 
«Hay algunas veces que identificamos misión con lugares de pobreza, y no siempre es así, porque la misión es la proclamación del Evangelio, es decir, se hace allá donde Jesucristo no es conocido, y eso puede coincidir con lugares donde hay mucha pobreza, o no», asevera Gómez. Y eso explica que haya misioneros en lugares prósperos económicamente, como Estados Unidos, Japón y Alemania.
mes para el misionero. El Arzobispado de Valladolid está implicado con el ‘mes misionero extraordinario’, impulsado por el papa Francisco en octubre. Así, la Delegación Diocesana de Misiones ha organizado diferentes actos, entre los que se encuentra una marcha juvenil misionera, que saldrá este sábado a las 10.00 horas de la Cúpula del Milenio hasta llegar al colegio Juan XXIII. Por otro lado, este domingo también se celebra la jornada del Domund, una de las principales fuentes de financiación para las misiones. Según los datos facilitados por el Arzobispado, el año pasado se recaudó, en concepto de donativos para la obra de propagación de la fe, en el que se enmarca el Domund, 13,3 millones de euros en España, de los cuales 195.277 son de Valladolid, la segunda cantidad más alta de Castilla y León por detrás de Salamanca. La mayor parte de este dinero procede del Domund, pero también del «esfuerzo continuado que realizan muchos fieles, a través de cuotas periódicas domiciliadas. También hay una parte que procede de herencias y legados.
La misión evangelizadora es tan transversal que en Valladolid también hay misioneros llegados de otros países para tratar de paliar el alejamiento de la fe católica que ha experimentado buena parte de la población. «En Valladolid hay un porcentaje muy considerable de personas que están distantes, alejadas de la Iglesias», asegura Gómez. En este sentido, el lema del Domund este año es ‘Bautizados y enviados’ porque «todo bautizado debe sentirse responsable de que la fe que el procesa se vaya extendiendo». En Laguna de Duero hay una comunidad integrada por un africano, un indio y un español que atiende algunos pueblos. En Valladolid también hay otras dos personas llegadas desde Polonia y otras dos desde América. Una ayuda de especial importancia si se tiene en cuenta el descenso vocaciones, especialmente en el ámbito rural. 
Los misioneros repartidos por el mundo también se enfrentan en ocasiones a situaciones que pone en peligro su integridad. «Ahora en Valladolid tenemos un padre que estaba en Burkina Faso y el año pasado le tuvieron que sacar de allí porque su vida corría peligro», concluye.

 

 

Raúl Marcos, en Mozambique.Raúl Marcos, en Mozambique.

«Yo no decidí ser misionero, Cristo lo decidió para mí»

Raúl Marcos ha vivido en Mozambique durante once años, divididos en tres etapas diferentes. Primero lo hizo como misionero seglar, «evangelizando, acompañando espiritualmente a muchas personas, orando con ellas y por ellas, compartiendo alegrías y penas y viviendo el Evangelio». Desde el año pasado el sacerdote, lo que le permite «llevar los sacramentos y llegar a muchos cristianos sedientos». «Puedo decir que no decidí ser misionero, sino que Cristo lo decidió para mí, y que los hermanos de la Comunidad a la que pertenezco me ayudaron a descubrirlo y vivirlo», finaliza.

 

Santiago Milán, en Brasil.Santiago Milán, en Brasil.

«Organizamos a los pobres para que defiendan sus tierras»

Santiago Milán aterrizó en Brasil en 1973 gracias al Instituto Español de Misiones Extranjeras. Llegó para realizar una labor evangelizadora, pero su trabajo con el paso de los años fue más allá. Ha recorrido las zonas más pobres del país y hoy, a sus 79 años, está instalado en Pernambuco, en una región que vive de la ganadería.  Siempre ha estado «muy preocupado» por las injusticias. «Organizamos a los pobres en sindicatos para que defiendan sus tierras, para que tengan conciencia de la dignidad del trabajo, ya que hay una invasión de prepotentes que las compran por nada», dice.

 

Alejandro José Carbajo, en Rusia.Alejandro José Carbajo, en Rusia.

«Trato de ser un rayito de sol en medio de una noche polar»

Alejandro José Carbajo pertenece a la orden de los Misioneros Claretianos y cuando en 1997 surgió la posibilidad de ir de misionero a Rusia, no se lo pensó y se puso a estudiar «la bella lengua de Pushkin». En septiembre de 2001 llegó a San Petesburgo y desde octubre de 2017, este profesor de Derecho Canónico es el párroco de la iglesia de San Miguel Arcángel, en Múrmansk. «Solo puedo decir ‘gracias’ por la posibilidad de llevar la palabra de Dios a esta gente, que tanto sufrió con el comunismo... trato de ser un rayito de sol en medio de la noche polar», asegura.

 

José Alfonso Martínez, en México.José Alfonso Martínez, en México.

«México es un país mucho más religioso que España»

José Alfonso Martínez se fue a México a los 35 años para formar a religiosos y para animar a los jóvenes en las nuevas vocaciones. Estuvo allí nueve años en una primera etapa y tres en la segunda, antes de estar otros tres años en Guatemala y volver a México, donde lleva cuatro años en su tercera etapa visitando diferentes comunidades. «Superviso que todo vaya bien, les ayudo y les animo a seguir», señala. Allí trabaja con gente con pocos recursos, con discapacidad intelectual, con ancianos y niños, tanto en el ámbito material como espiritual. «Hay que llevar pan y Cristo».