Paseo Isabel la Católica: La playa. Año 1951

Jesús Anta
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Paseo Isabel la Católica: La playa. Año 1951 - Foto: Jonatan Tajes

La ciudad se comió la antigua carretera que unía Madrid con Gijón, la Nacional 601. No obstante, aún pueden verse en el Paseo de Isabel la Católica los característicos mojones blancos y rojos que dan cuenta de esta vieja carretera.
El paseo y sus jardines, antaño muy frecuentados por la gente,  que comienza en la plaza de las Tenerías y va en paralelo al Pisuerga,  ofrece referencias de enorme calado histórico y urbanístico.
El puente de Isabel la Católica o ‘del Cubo’, marca el punto en el que se inicia el paseo. Un puente que es referencia en la historia de la ciudad por tratarse del primero que se construyó para facilitar en ensanche de Valladolid mediante la ocupación de la Huerta del Rey. Se inauguró en 1955 y se considera de interés arquitectónico por su bella factura y por la técnica en hormigón armado de tradición española. Lo del ‘cubo’ no es sino la evocación del viejo puente sobre la Esgueva que desembocaba en este punto de Valladolid y que aún se conserva bajo el asfalto.
Enseguida cobra protagonismo el edificio de la Electra Popular Vallisoletana construido en 1905 bajo el proyecto y dirección del ingeniero Isidro Rodríguez Zarracina, inventor de unos carburadores que han sido de gran importancia en la industria de la aviación. La puesta en marcha de la Electra fue definitiva para que se extendiera por todo Valladolid la luz eléctrica tanto a las casas como a la red de alumbrado público. De las instalaciones de la empresa de carburadores IRZ (siglas de su propietario) dan cuenta los restos de un edificio de ladrillo que se ve al otro lado del río, junto al muro del Palacio de la Ribera.
Un edificio de color azul que ahora pasa desapercibido en la esquina con la calle Pedro Niño, es lo que en su día funcionó como hospital del doctor Jolín, apellido de su fundador y que ha prestado servicio desde 1945 hasta el año 2007.
En este punto del paseo, justo frente a la calle de  Pedro Niño, se erigen los restos bien conservados de una puerta de noble traza de unos  antiguos viveros de la ciudad. Comenzaron a prestar servicio hacia 1855 y quiso el Ayuntamiento de la época que los accesos al vivero fueran una obra digna de la ciudad.
Ahora estas puertas forman parte de la decoración de La Rosaleda Francisco Sabadell, un jardín que se extiende entre el puente de Isabel la Católica y el del Poniente, el que hace el número cuatro de los construidos en Valladolid. Fue Francisco de Paula Sababell un jardinero de procedencia catalana que se estableció en Valladolid a finales del XIX  y que tuvo una especial intervención en el Campo Grande. En la Rosaleda, en el punto más inmediato al puente del Poniente, se conservan dos de las  más antiguas farolas de Valladolid: tienen forma de candelabro y  en 1878 decoraban el Campo Grande. 
Y si del Poniente hablamos,  nos remontamos a las huertas de los monjes de San Benito, donde en la década de 1860 se instaló en primera instancia la fuente del Cisne que ahora está en la Pérgola del Campo Grande.
Acaso uno de los edificios más incomprendidos de Valladolid sea el Instituto Núñez de Arce que tiene la firma de Miguel Fisac Serna. Construido en 1961 ha estado al borde de su derribo en varias ocasiones, ignorando sus novedosas cualidades arquitectónicas y el característico estilo de uno de los arquitectos contemporáneos más importantes.
Llegamos a la playa del Pisuerga, frente a los restos del antiguo palacio de la Ribera, en el que veraneaban los últimos Austrias de la historia de España, fue un hito de modernidad en el Valladolid de la década de 1950. Mas, si nos referimos al  Pisuerga  hay que citar a Marcelino Martín ‘el Catarro’, un barquero legendario que conocía el río como la palma de su mano.
El paseo de Isabel la Católica, concluye en la plaza de San Nicolás,  a la altura del primer puente de Valladolid, el Mayor, cuya antigüedad se pierde en la bruma de una historia que nos ha legado más leyendas que certezas.