La explanada de juegos

A.G.M.
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El delegado de CCOO en los Juzgados de Valladolid nos descubre sus Diez Lugares de Valladolid

Raúl Franco, junto a la iglesia de Santa Clara. - Foto: Jonatan Tajes

1. Santa Clara. Raúl Franco no tiene duda de dónde tiene que comenzar su ‘paseo sentimental’, con un viaje a esa infancia de barrio y juegos en la calle, como era en los años 70 y 80. «En la antesala de la iglesia de Santa Clara de Asís, se extiende una explanada que en su tiempo fue un lugar de recreo de pandillas, cuando se jugaba en la calle y éramos los amos». Recuerda que «allí permanece, aunque no en la ubicación original, un mojón, como una señal para marcar la propiedad de la zona, hoy cubierta de adoquines», donde antes hubo «mucha tierra», que se llevaban a casa para desazón de sus madres.
2. Colegio José Zorrilla (Avda. Palencia, 45-47). «Este era el antiguo colegio de ‘chicos’ donde se impartía la EGB», explica Franco. «En su patio pasamos horas y horas jugando al fútbol y al balonmano, y aunque hoy alberga dependencias de la Policía Municipal, quien se acerque podrá todavía escuchar el griterío de la muchachada» que tanta «guerra» daba a esos vecinos que hoy les echarán de menos.
3. Santuario del Carmen de Extramuros (C/ Campiña del Carmen). «En el santuario se sigue escuchando los cánticos de La Salve del párroco Luis, aunque ya no esté; pero sobre todo me gusta la campiña, lugar de regocijo de niños y mayores, unos jugando a la pelota y recorriendo en bici sus calles, los otros haciendo trampas a las cartas, y todos merendando en lo que fue una verde pradera, a falta de arena de playa. Y aquello contrastaba con el silencio al otro lado de los muros del cementerio», rememora.
4. Viejo Estadio José Zorrilla (Pº de Zorrilla, 110). Raúl Franco viaja a aquel Fondo Norte, «antes incluso de colocarse la grada supletoria». «Hablamos de finales de los 70, dos últimas temporadas en 2ª, cuando se entraba al estadio de la mano de un socio, mi padre, para ver el ascenso a Primera del Pucela; con Llácer, Gail, Santos, Minguela, Moré, Rusky... Con pipas y cacahuetes en la grada, sin probar gota ni de Soberano ni de Veterano, porque no teníamos edad para ello... pero aquello hizo que empezara a fluir sangre blanquivioleta por mis venas».
5. Instituto Rondilla (C/ Mirabel). El delegado de CCOO en los Juzgados recuerda esa época del instituto en un edificio hoy en fase de derribo y en el que aprendieron «muchas cosas, buenas y malas», y en el que se fraguaron «amistades que perduran en el tiempo». «Dejado de la mano de Dios durante la última década, abandonado, saqueado... será bonito ver que albergue la futura Escuela de Arte».
6. Facultad de Derecho (Pza. de la Universidad).  «Cinco años entre las enormes aulas de la zona ‘nueva’ que intentaban dar salida a la masificación, y las históricas de la zona ‘noble’, con su escalinata y sus paredes acicaladas de azulejos, y unos leones que nos escoltaban en la entrada principal», recuerda Franco. «Varios años compartiendo edificio con Filosofía y Letras, en la biblioteca de ambas facultades, y por supuesto, cruzando la calle para ir primero al Montesol, y luego al Cachito, a por el pincho de tortilla», apostilla este licenciado en Derecho y funcionario de carrera. «De leyes nos enseñaron y aprendimos lo justo... y no fue culpa del alumnado, quizás del sistema de enseñanza», critica.
7. Bar París (C/ M. del Duero). «En su momento, el punto de inicio de las salidas por el Valladolid nocturno, con su bullicio (a veces excesivo), copas buenas y baratas, kinitos, futbolín, calimocho, pipas y palomitas, con Javi siempre al frente del negocio. De ahí a la calle Paraíso, a la zona de la Antigua, o a Cantarranas, acabando, lloviese o hiciera frío,  en Asklepios; siempre bien acompañado», confiesa.
8. Sala Ambigú (Pza. Poniente). «En esta peculiar sala, vimos y escuchamos extraordinarias obras teatrales que no tenían cabida en otros escenarios, dando a conocer a compañías hoy de caché. Y los conciertos, alejados de las masas, pero con su público. Y todo ello a un precio que facilitaba el acceso a la cultura de los jóvenes».
9. T. Calderón (C/ Angustias, 1). «Previo paso (de aprendizaje) por el Minicine Groucho, los Cines Casablanca, la Filmoteca de Caja España, el Aula Mergelina... hace 30 años que empecé a disfrutar de nuestra Semana de Cine (Seminci), de sus ciclos, de su país invitado, de los documentales, de las noches en el Olid Meliá, de sus «estrellas» sin alfombra roja ni verde, de sus gentes, y sobre todo del cine sin adornos».
10. Juzgados (C/ Angustias, 40-44). «Por mi profesión, es un lugar al que acudo a diario, donde el común de los mortales prefiere no ir ni de visita, aunque no nos comemos a nadie, donde se intenta impartir justicia con los medios que nos proporcionan».