Casi la mitad de los contratos duran menos de un mes

Óscar Fraile
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El 43 por ciento de los que se firmaron el año pasado en Valladolid no superaron esa duración y solo uno de cada diez es de carácter indefinido. La falta de estabilidad dificulta los planes de futuro de toda una generación

Un trabajador del sector de la hostelería.

Uno de los compromisos que adquirió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a finales del año pasado fue el de reducir el tipo de contratos a tres: indefinido, temporal y de formación. Es lo mismo que dijo la exministra de Trabajo Fátima Báñez en 2017, además de proponer una bonificación a las empresas que apuesten por la estabilidad en el empleo y penalizar a las que abusan de los contratos temporales y de la rotación de trabajadores. 
La estabilidad laboral es uno de los ejes centrales de la campaña electoral en un país al que la Organización Internacional del Trabajo sacó los colores hace apenas dos meses con el informe Perspectivas sociales del empleo mundial. Este documento alertaba de que España era el país de los 18 analizados con el mayor porcentaje de contratos de menos de seis meses.
Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) confirman lo complicado que es conseguir un contrato indefinido y la alta tasa de temporalidad que hay en Valladolid. El año pasado se firmaron 237.577 en la provincia. De ellos, solo 14.859 fueron indefinidos, 150 de ellos a personas con discapacidad. Esto, en lo que se refiere a contratos iniciales, a los que hay que añadir otros 8.962 temporales que se convirtieron en indefinidos. Es decir, el 90 por ciento de todos los contratos que se firman son temporales.
Inés Olandía y Alberto García son dos jóvenes que sufren la alta temporalidad laboral.Inés Olandía y Alberto García son dos jóvenes que sufren la alta temporalidad laboral. - Foto: J. TajesAdemás, casi la mitad de ellos no supera el mes de duración. Concretamente, el 43,5 por ciento. Los contratos de esta duración que más se repiten son los eventuales por circunstancias de la producción. De los 119.509 registrados el año pasado, 85.218 duraron menos de un mes. Y tiene sentido, puesto que este tipo de contratos se utilizan cuando las empresas tienen que afrontar un incremento puntual de la actividad. Por ejemplo, por un aumento de pedidos.
Este tipo de contrato ha sido objeto de seguimiento en los últimos meses por parte del Gobierno dentro del Plan Director por un Trabajo Digno, puesto que los sindicatos denuncian que en ocasiones se utiliza para cubrir la producción habitual de las empresas, en lugar de pico de demanda concretos. La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, señaló recientemente que entre agosto y diciembre de 2018 estas inspecciones hicieron que 61.445 contratos temporales se convirtieran en indefinidos en toda España.
Este Plan también ha tenido su efecto en Valladolid, tal y como demuestran los datos del SEPE. Entre agosto y diciembre del año pasado 3.739 contratos temporales se convirtieron en indefinidos, frente a los 3.582 del mismo periodo de 2017. Es decir, un 4,3 por ciento más.
El segundo contrato más frecuente en Valladolid es el de obra o servicio. El año pasado se firmaron 75.795 en la provincia, de los cuales 7.420 no superaron los siete días. La duración de estos contratos puede ser muy variable, ya que, como su propio nombre indica, están pensados para acometer un trabajo cuya duración puede estar definida o no. De hecho, el 83,8 por ciento de los que se firmaron el año pasado fueron de duración indeterminada.
Del resto de contratos iniciales, los más frecuentes son los de interinidad (15.388), que se utilizan para sustituir temporalmente a otros trabajadores, los indefinidos (14.859), los de prácticas (1.124), los de formación (526), los de jubilación parcial (476), los temporales a personas con discapacidad (355), los de relevo (238) y los de sustitución por jubilación a los 64 años (15).
La alta tasa de temporalidad y, por ende, la falta de estabilidad, que sufren los trabajadores españoles, especialmente los más jóvenes, supone un lastre para sus planes de futuro. Un problema que se hace especialmente patente en sectores como el de la sanidad y la hostelería. El responsable de Política sindical, industrial y empleo de UGT Castilla y León, Raúl Santa Eufemia, asegura que hay jóvenes dentro del sector sanitario «a los que les llaman de un día para otro para hacer guardias de 24 horas de duración». Al representante de UGT le cuesta creer que la mayoría de las empresas de este país tengan tanta incertidumbre respecto a los pedidos o encargos que reciben como para justificar que el 90 por ciento de los contratos que se hagan sean temporales. Santa Eufemia también se queja de una reforma laboral que, según él, ha dado mucha flexibilidad en la contratación a los empresarios en detrimento de los intereses de los trabajadores. Y también les ha facilitado los despidos, dice: «Basta con que una empresa tenga previsión de pérdidas en los próximos tres meses para que pueda hacer despidos objetivos o aplicar un expediente de regulación», señala.
El secretario de Empleo, Política Institucional y Diálogo Social de CCOO Castilla y León, Saturnino Fernández, incide en que «el problemón de la temporalidad no por ser habitual deja de ser menos grave». Según él, en Castilla y León, cerca de la mitad de los trabajadores con contratos temporales, unos 43.000, encadenan un contrato tras otro «al margen de la ley, es decir, durante más de dos años consecutivos». Fernández incide en que, aunque la temporalidad se mantenga, la situación de los trabajadores es más precaria porque la crisis y las reformas laborales han incrementado «la contratación a tiempo parcial» y los salarios se hancongelado.

 

Los casos

 

Inés Olandía (enfermera): «Llevo tres años trabajando días sueltos, cuando me llaman, y estoy así desde que terminé la carrera»

Inés Olandía terminó la carrera de Enfermería hace tres años y desde entonces no ha alcanzado, ni de lejos, la estabilidad laboral que persigue. Se ha acostumbrado, muy a su pesar, a estar pendiente del teléfono para que le llamen y trabajar, casi siempre, días sueltos. «Tengo que estar atenta porque si no responden pasan al siguiente», señala. La mayor parte de su trabajo lo ha desarrollado en centros de atención primaria, pero desde que acabó la carrera no suma más de ocho meses cotizados, ya que el primer año apenas estuvo ocupada «cuatro o cinco días en verano y algo más en Navidad». Ante esta situación, le es imposible empezar a construir un proyecto de vida. «Ni siquiera me he planteado comprar un coche y tengo que utilizar uno que me dejan mis padres cuando consigo trabajo», señala. También son sus padres los que asumen el pago de la vivienda que utiliza en Valladolid. «Ahora mismo, independizarme es imposible», dice.

 

Alberto García (trabajador en un restaurante de comida rápida): «Nos dijeron que estudiáramos para tener un buen trabajo, pero nos ha sucedido todo lo contrario»

Alberto García tiene 27 años y, pese a su juventud y excelente formación (tiene un grado en Historia, el título de FPsuperior de Administración y Finanzas y está cursando un máster de Derecho nobiliario, heráldica y genealogía), lleva toda la vida saltando de trabajo en trabajo. Casi todos precarios. Ahora, por fin, ha conseguido un trabajo indefinido en un restaurante de comida rápida, pero solo para los fines de semana y festivos. Para él sigue siendo algo temporal. «Intento buscar algo de lo que sea, pero no sale nada porque, o te piden una barbaridad de experiencia, o todo es muy precario, con periodos de formación muy elevados», dice. Hoy por hoy, comprarse una vivienda, un coche o formar una familia es una utopía para él. «Ni me lo planteo», dice. De hecho, vive en un piso compartido con otras dos personas. «Nos dijeron que estudiáramos para tener un buen trabajo, pero ha sucedido todo lo contrario», añade.