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Editorial

Sánchez se refuerza con unidad pero se la juega en dos años de ciclos electorales

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El 40 Congreso Federal del PSOE ha cerrado las heridas que quedaron abiertas en el anterior, cuatro años antes, en el que pese a que Pedro Sánchez logró un apoyo amplio quedaron a la vista demasiadas costuras en la frenética labor de disimular la enorme distancia que entonces separaba a las dos almas del socialismo español. Estaba muy reciente la mayor crisis que había vivido el PSOE en décadas y era difícil siquiera aparentar unidad. Esta vez, ya a los mandos del Gobierno de la nación y en más del doble de comunidades autónomas que el PP, Sánchez ha vivido un cónclave a su medida, en el que incluso ha logrado el abrazo del expresidente socialista más crítico con su gestión y con buena parte de su hoja de ruta, Felipe González. Su presencia el sábado tampoco pareció un cheque en blanco, pero sí permite al actual secretario general presentar ante el electorado socialdemócrata el aval de quien abrió España a la modernidad, del impulsor, precisamente, de ese modelo político en nuestro país. 

La necesaria foto para Sánchez junto a quienes han sido tras la dictadura todos los candidatos del PSOE a la Presidencia del Gobierno –con un Alfredo Pérez Rubalcaba en el recuerdo y que en pantalla gigante parecía bendecir el reencuentro– tenía significado tanto en clave interna como externa en este Congreso. El objetivo de la cohesión interna y de identificación de todas las corrientes bajo las mismas siglas se dio por cumplido por todos los asistentes el mismo sábado por la noche. El externo, el de medir cuánto habrá podido calar en la opinión pública, y sobre todo en el electorado más moderado, está todavía por ver. El concepto de la socialdemocracia clásica sonó todo el fin de semana en la Feria de Muestras de Valencia, pero ayer Pedro Sánchez recuperó en su discurso de proclamación y reelección al frente del PSOE el compromiso de derogación íntegra de la reforma laboral aprobada por el Partido Popular en  2012. Es cierto que figuraba en el programa electoral socialista, como tantas otras promesas de campaña, pero hoy por hoy su cumplimiento es, a los ojos de la inmensa mayoría, una exigencia de Unidas Podemos y de su mayor exponente político actual, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Si la intención es marcar distancia con su izquierda para ganar a los moderados, ayer pudo espantar algunos.

Sánchez estrena ahora al frente de su partido un ciclo aparentemente dulce desde el plano interno. Con tenacidad y astucia se lo ha ganado, pero ha de ser consciente de que su capital político, tanto en el Gobierno como en el partido, se lo juega en los dos primeros años. Hasta noviembre de 2023 habrá elecciones en todos los ámbitos y ese caudal de respaldo interno puede menguar si los resultados no son favorables. Por ahora, en la foto fija de las encuestas no lo son ahora para el PSOE. Y en pocos meses se verá también si este 40 Congreso Federal lo va a ser o no.