La isla de los plátanos

Jesús Anta
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La isla de los plátanos - Foto: Jonatan Tajes

Plaza Circular

Es una plaza bulliciosa y muy transitada, tanto por peatones como por automóviles. Circunstancia, esto último, que la hace muy ruidosa. Síntoma de su vitalidad es que todos los locales están ocupados por comercios, salvo las galerías comerciales sitas entre las calles Industrias y Cistérniga, que se encuentran, a excepción de un local, completamente vacías. Por tener la plaza, tiene incluso una entidad de ‘préstamos instantáneos’. Es más, llama la atención que haya abiertos dos quioscos, en una época en la que estos establecimientos de periódicos, revistas y chucherías están desapareciendo muy rápidamente del paisaje urbano. La numeración de la plaza comienza en la calle Cervantes y discurre de izquierda a derecha.
El nombre de esta popular y populosa plaza lo impuso la gente. De antaño se conocía, sin que tuviera nombre oficial, como plazuela de Tudela o de las Puertas de Tudela, hasta que en 1920 el Ayuntamiento la bautizó como ‘plaza de Pérez Galdós’. En cualquier caso, el pueblo pasó a llamarla Circular, por su forma, y así, con ese nombre, terminó siendo rebautizada por los regidores municipales. Por cierto, también fue el pueblo el que terminó por poner el nombre de Pérez Galdós a una de las calles que asoman a la plaza Circular.
En Valladolid no fue caprichoso el nombre de Pérez Galdós, pues el ilustre novelista y republicano pasó por nuestra ciudad en 1910 para participar en un mitin socialista en el que también habló el fundador de la UGT Pablo Iglesias. Su discurso terminó al grito de «¡Revivid, comuneros de Castilla». 
Sea en invierno o en verano, los añosos e impresionantes plátanos que viven en la plaza ofrecen un paisaje muy especial y sin duda son los que la aportan personalidad y atractivo. Bajo ellos, bancos y juegos infantiles dan la impresión de hallarnos en una isla… rodeada de coches, la verdad. El porte de tales árboles hace que cualquier intervención urbanística en la plaza tenga que respetar su existencia, y así se puso de manifiesto al construir el aparcamiento de residentes que hay en su subsuelo.
Un subsuelo en el que está el puente que cruzaba la Esgueva, cuando el ramal sur o exterior de este río atravesaba la plaza para ir a buscar la calle Nicolás Salmerón que en ella desemboca.
Nueve calles confluyen en la plaza con los más variados y curiosos nombres. Por ejemplo la llamada Veinte Metros que, según Agapito y Revilla, se debe a que este era el ancho de la calle que en su día se proyectó, pero que en ningún caso se respetó.
El nombre de la calle de Industrias nos retrotrae al siglo XIX, en el que Valladolid tenía varias e importantes industrias cerámicas, una de las cuales estaba aquí en la entonces “puertas de Tudela”.
La moderna iglesia del Corazón de María data de 1981, aunque ya existía un templo desde 1965. La dirige la orden religiosa conocida popularmente como claretianos, debido al apellido de su fundador: Antonio María Claret, que da, asimismo nombre a una calle adyacente (Padre Claret), por haberse establecido en ella la congregación en la década de 1940. El padre Claret fue un importante arzobispo canonizado en 1950 que, entre otros destinos, tuvo el de confesor personal de Isabel II.
Entre las calles Nicolás Salmerón y Tudela se levantó hace ya unas cuantas décadas, un gran edificio destinado fundamentalmente a trabajadores de Renfe. Nicolás Salmerón, nombre que se recuperó en Democracia después de haber sido bautizada como Dieciocho de julio durante el franquismo, fue un intelectual y efímero presidente de la I República (estuvo en el cargo mes y medio), pues dimitió en 1873 alegando problemas de conciencia para firmar las condenas a muerte de unos militares que defendían el entonces popular cantonalismo: crear un Estado de ciudades independientes que se constituirían en Federación.
La plaza Circular, rodeada de edificios de desigual tipología, tiene su principal vía rodada de entrada o salida en la calle de San Isidro, y hasta 1973, año en el que se abrió al tráfico el túnel de esa calle, el camino hacia Tudela y Soria se hacía atravesando por encima de las vías mediante un paso a nivel.