Un centrocampista total

M.B
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Harold Lozano, que se encuentra estos días en Valladolid, jugó en el Pucela de 1996 a 2002. «Para mí ha sido el equipo más grande, en el sentido de todo lo que viví aquí», señala el hoy representante y exdirector deportivo de América de Calí

Un centrocampista total

Jugó en su Colombia natal, en México, en Brasil, aunque fue en España donde estuvo más años. Se retiró en 2004, pasó por la política, participó en un reality de su país, ‘Nómadas’, fue comentarista y abrió su propia escuela de fútbol, conocida como Club Deportivo Harold Lozano. Hasta enero fue el director deportivo del América de Calí y desde mediados de marzo se encuentra en Valladolid ampliando su cartera de clientes ya que tiene una empresa de representación de futbolistas. Harold Lozano o el centrocampista total tiene claro qué significa el Pucela en su vida: «De todos los equipos en los que he estado ha sido el más grande, en el sentido de lo que viví aquí. Estos días aún me para la gente para decirme que se acuerdan de mí, eso no lo olvidaré nunca».
John Harold Lozano nació en Cali (Colombia) el 30 de marzo de 1972. Empezó a jugar al fútbol como un hobby en su barrio, en Nueva Floresta. Allí comenzó a destacar en una especie de Regional en el Cruzeiro colombiano hasta que con 13 años se fijó en él un club de nuevo cuño, el Boca Junior: «Me hizo unas pruebas y fue a mi casa a decirle a mi madre que me querían fichar». Allí empezó a llamar la atención de los equipos ‘grandes’ de su país, incorporándose al América de Cali: «Jugué 3-4 partidos en el filial y me subieron al primer equipo». Por entonces jugada de libre-stopper, de volante mixto e incluso de extremo derecho -«era muy rápido», apunta-. Pacho Maturana le recolocó en la posición en la que acabó triunfando.
Tras pasar una estancia «fugaz» por el Palmerias carioca de Roberto Carlos, Rivaldo, Edmundo... fichó por el Club América México. «Allí un empresario, Jorge Robilota, me comentó la opción de ir a Valladolid, donde estaba Vicente Cantatore. Mi sueño era jugar en Europa y se cumplió», recuerda.
Llegó a Zorrilla en 1996 y señala que los primeros meses fueron muy duros: «Estuve a punto de volverme por el frío, pero aguanté y al final me quedé hasta 2002». Jugó 105 partidos con el Real Valladolid en Primera (más 10 en Copa y 1 en la UEFA) e hizo 3 goles.
Su pasó por Valladolid, además de lo deportivo, le dejó el nacimiento de su hijo, Nicolás, en la capital castellana. 
En 2002 acababa contrato y, tras pasar un par de temporadas acuciado por las lesiones, decidió salir a Mallorca: «Allí estaba Gregorio Manzano, que me dijo que me recuperase para jugar con él».Aunque no pasó el reconocimiento médico, la apuesta del técnico fue total con él, y se le hizo un contrato condicionado a su lesión en una de sus rodillas. «Curiosamente fue el año que más partidos jugué y encima logramos el título de la Copa del Rey -en un equipo donde estaba Leo Franco, Ibagaza, Pandiani, Eto’o-», recuerda.
Al acabar esa temporada tuvo ofertas de Inglaterra (Portsmouth y City), aunque acabó de nuevo en México, en el Pachuca, ante la insistencia de Miguel Calero. Allí jugó un año antes de retirarse.
Desde entonces pasó por política fugazmente, participó en un programa de televisión de ‘Caracol’ con varios famosos haciendo pruebas deportivas, creó su propia escuela de fútbol y durante dos años -hasta enero- se hizo cargo de la Dirección Deportiva del América de Cali. Este mes está en Valladolid, «viéndome con gente del club, con excompañeros y amigos, y viajando mucho por España para hacer contactos»... y viendo y sufriendo con el Pucela.

Famoso por un silbido en el Bernabéu

«Ya lo puedo contar. Sí, silbé». Con esa frase y cierta cara de pillo, Harold Lozano se sincera reconociendo que fue él el que silbó en un Real Madrid-Real Valladolid en el Bernabéu, jugada por la que se hizo famoso pero que él siempre negó. «Lo hacía en los entrenamientos y a veces tenían que pararlos pensando que era el míster. Dije de hacerlo un día en un partido y se dio en ese», señala. César fue a abrazarle: «Le dije que no lo hiciese que me delataba».