Valladolid conmemorará los 90 años de 'su' pavo real

Manuel Belver
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El Ayuntamiento prepara un amplio programa de actividades para este año, en conmemoración de la llegada de la primera pareja de estas aves al Campo Grande, en abril de 1930, cedidas por doña Isabel Aranguren

Pavo real: el símbolo del Campo Grande cumple 90 años - Foto: MiriamChacoN

El pavo real es, sin ninguna duda, el símbolo del Campo Grande. Incluso se ha llegado a decir el corazón. Y este 2020 está de enhorabuena o cumpleaños. Léase como más guste. Porque este 2020 se cumplen 90 años de la llegada de esta especie al principal pulmón verde de la ciudad. No es que alguno de los actuales ejemplares cumpla esas primaveras –suelen vivir entre 10 y 25 años–, sino que hace nueve décadas que llegaron al Campo Grande. Fue de la mano de Isabel Aranguren, como recogen las crónicas de aquel 1930, viuda de Zuazagoitia –del que apenas hay referencias, aunque comparta apellido con el que fuese alcalde de Bilbao–, que regaló al Ayuntamiento de Valladolid dos ejemplares de esta especie, desconocida hasta entonces por estos lares. Por ello, desde el equipo de Gobierno se está preparando un amplio programa de actividades para este año, en conmemoración de la llegada de la primera pareja de estas aves al Campo Grande.
El escritor Gustavo Martín Garzo recoge este hito en su libro 'El Campo Grande. Un espacio para todos’: «Doña Isabel Aranguren viuda de Zuazagoitia ha tenido la generosa atención de regalar al Ayuntamiento una hermosa pareja de pavos reales con destino a los jardines del Campo Grande. Dichas aves serán instaladas en el parque cuando se les disponga el refugio necesario para defenderlas durante la noche, pues no se puede aprovechar el palomar existente en los jardines porque no tiene la amplitud necesaria para dichas aves». La noticia, publicada en abril de 1930 en El Norte de Castilla, es el punto de partida de un ave que hoy cuenta con, al menos, 40 especies en las diez hectáreas que ocupa el Campo Grande.
«En los últimos años –19 lleva él trabajando en el parque–, la población ha crecido. Al poco de llegar, se compraron algunas parejas y llegó a haber albinos y otro gris. En aquellos años había un pajarero, que conocía donde se situaban los nidos, controlaba cuando nacían los pollos y los recogía para meterlos en la pajarera, y que pudiesen crecer sin problemas», apunta Luis Magdaleno, capataz del Campo Grande desde hace dos décadas, y que en su día recogió en ‘Vida en el Campo Grande. Las aves silvestres’ la presencia de un centenar de especies: «Ahora podemos hablar de unas 110. No que estén viviendo sino que han vivido o estado en el parque en algún momento de los años que llevo trabajando en él».
Los pavos reales son originarios de la India, y como recoge Martín Garzo en su libro, «fue Alejandro Magno quien los llevó consigo a Babilonia a la vuelta de sus conquistas». Persia, Oriente Medio... y a través de los romanos llegaron a Europa. En abril del pasado siglo fue el momento de que pisasen Valladolid por primera vez y, más concretamente, el Campo Grande. Aunque no hay referencias de quién es Isabel Aranguren –salvo en una biografía en imágenes de José Ortega y Gasset; en la que se recoge que es «una de las mujeres con más ingenio natural que he conocido»–, ella fue la encargada de que la población de estas aves hiciese del Campo Grande su casa.
Su reproducción, unida a la adquisición de algunas parejas, llevó, incluso, a algunos años a que se regalasen o intercambiasen algunos ejemplares al Ayuntamiento de Medina de Rioseco, a consistorios de localidades de Madrid e, incluso, al zoo de Matapozuelos.
«Que yo sepa jamás ha habido censo. Es complicado porque el parque es muy grande y los pavos reales campan a sus anchas por grupos. Para hacerlo habría que capturarlos», reconoce Luis Magdaleno que calcula que, «por lo menos», habrá 40 ejemplares en la actualidad.
El pavo real macho es más grande que la hembra (casi el doble en cuanto a peso y entre 10 y 20 centímetros mayor de longitud) y se alimenta de semillas, frutos, plantas, verduras, insectos, ranas o pequeñas culebras. «Son muy bonitos pero también dañinos con el parque. Se suelen comer cualquiera de las plantas o flores que solemos plantar. Por ejemplo hemos desistido de las begonias, porque se las comían todas. Otros años son las petunias rosas, al siguiente las moradas», señala Magdaleno que, añade, que a este especie le gusta «darse baños de tierra. Así que hacen agujeros en la zona de las plantas para darse esos baños».
Aunque en su momento se trataba de vigilar los pollos, actualmente se deja que la naturaleza siga su curso. 
Son el animal más fotografiado en Valladolid, tanto por transeúntes como por turistas, gracias a su fantástico plumaje. Aunque suelen estar en arboles con copas amplias, tras ascender con pequeños vuelos, el estado más imaginado es cuando despliegan sus plumas. «No es extraño por ello que, cuando al abrir sus colas vemos alinearse en ellas su ocelos innumerables, nos parezca estar asistiendo al renacer del mundo de la fábula», relataba Martín Garzo. Aunque la realidad es que la cola se queda escondida debajo de las plumas.
MÁS DE CIEN AVES Y OTROS ANIMALES

El Campo Grande cuenta, además de con estos pavos reales, con un pequeño zoo. Si Luis Magdaleno ha llegado a recoger, en su libro y en un estudio personal, a alrededor de 110 especies de aves diferentes en estos últimos veinte años, hay otra serie de animales que son también parte de este pulmón verde de la ciudad, como las ardillas, los patos, algún que otro conejo, una población asilvestrada de gatos domésticos, alguna rata (pero no las de agua) e incluso erizos... en su día incluso hubo ciervos (años 70) y toros... aunque de aquello hace mucho y es otra historia.