Comercios que ayudan a fijar población en el medio rural

R. Gris
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La apertura de pequeñas tiendas de alimentación, bares o teleclubs hacen que la cotidianidad de los vecinos de los pueblos pequeños sea más cómoda y evitan desplazamientos a las cabeceras de comarca

Comercio de proximidad rural. - Foto: Jonathan Tajes

Los pueblos, como las bicicletas, son para el verano cuando llegan los conocidos veraneantes y se abren todas las casas de los pueblos, pero eso solo pasa durante la temporada estival. Una vez que llegan los meses de otoño y el invierno trae el frío con noches ‘eternas’ la residencia en el medio rural se complica, las viviendas se vacías y los vecinos que residen ese día a día complicado se minimizan. Sin embargo, los pueblos más pequeños cuentan con algunos emprendedores ‘valientes’ que mantienen abiertos negocios que aportan a los vecinos necesidades consideradas básicas.  Para cualquier persona residente en la ciudad es fácil levantarse cada mañana y bajar junto a su casa a tomar un café al bar de la esquina y después ir a la tienda para comprar al pan para la hora de comer. Algo que en algunos municipios de la provincia no es posible. No es fácil mantener una tienda abierta en un pueblo pequeño de la provincia. El alcalde de Santervás, Santiago Baeza, reconoce que  los vecinos «son cada vez más mayores» por normal general y eso hace que consuman menos y que sus hijos busquen una mayor comodidad para ellos haciendo la compra semanal en supermercados de municipios grandes y llevándosela a casa. «Y a eso tenemos que añadir la compra por internet a través de los portales internacional que también restan a las tiendas de aquí. Algunos vecinos compran productos de alimentación y limpieza». Llevan más de un año sin tienda y esta misma semana ha cerrado el bar, solo les resta el teleclub. En otros pueblos, el bar no abre sus puertas hasta por la tarde y en otros casos solo los fines de semana. Los vecinos están ya acostumbrados a esperar la llegada de los repartidores ambulantes que traen el pan, el pescado o la carne o incluso los congelados. No los pueden comprar cuando quieran, sino que tienen que esperar a un día concreto. 
Sin embargo, en algunos casos existen emprendedores que, más allá de ganar dinero con su negocio, buscan un proyecto de vida y abren tiendas en los pueblos que ofrecen servicios básicos a los pocos habitantes de esta parte de la España ‘vaciada’.
El Plan Impulso de la Diputación de Valladolid ha pretendido tener la mano a estos emprendedores que abren negocios. El presidente de la Diputación, Conrado Íscar, incide en que la creación de empleo y la apuesta por el desarrollo económico seguirá siendo una de las grandes prioridades del equipo de Gobierno durante el presente mandato. «A ello dedicaremos 10,18 millones de euros en 2020».
Pero más allá de la implantación de nuevos negocios de diversa índole, los alcaldes demandan tiendas y bares para sus pueblos. Es el caso de San Miguel del Arroyo, donde Úrsula López abrió su tienda el pasado mes de noviembre y ahora se muestra satisfecha al pensar que esta ahorrando viajes a los vecinos de esta pequeña localidades hasta Tordesillas o hasta la propia Valladolid para comprar algo tan sencillo como una botella de detergente o unos filetes para la cena. «Antes no tenían más remedio que hacerlo, pero ahora pueden venir aquí». Lo mismo le ocurre, por ejemplo,  en Castronuño donde María José Celemín ha puesto a disposición de los vecinos un lugar donde comprar unos pasteles y lo ha llevado a cabo de forma ecológica tras regresar de Nueva York al pueblo de su abuela.
Los alcaldes afrontan con resignación el hecho de que la despoblación haya acabado poco a poco con todo el tejido comercial de sus pueblos. Aunque siempre hay algún caso excepcional como ha ocurrido en Villalbarba, cuyo Ayuntamiento publicó a través de las redes un anuncio ofreciendo el bar del pueblo a cambio de regentar una tienda y una residencia para la familia que quisiera abrirlo todos los días. Ahora, los vecinos vuelven a tomar café y jugar las partidas como ocurría antaño. 
comercio rural mínimo. La Diputación inaugura el año pasado una nueva tienda de comercio rural mínimo en Trigueros del Valle, la novena existente en la provincia. Pequeños comercios de ultramarinos que nacieron con la intención de dotar a los vecinos de un lugar donde hacer la compra. Han contado con un gran apoyo institucional, pero la realidad ha sido dura en al menos tres ocasiones. Santervás y Herrín de Campos han visto cómo sus tiendas cerraban unos meses después de su inauguración. Ni el apoyo de la institución provincial ha podido con la ausencia de rentabilidad. Los precios de estas tiendas son más elevados que los que se pueden encontrar en los pueblos más grandes y la población a la que llegan es muy reducida. 
Un claro ejemplo de la dificultad de emprender un negocio se puede ver cada vez en mayor número de pueblos. Es el caso de Montealegre de Campos, que en verano se quedó sin bar y el Ayuntamiento no ha sido capaz hasta el momento de encontrar alguna persona que quiera abrirlo de nuevo. «Estamos buscando pero de momento no hemos encontrado a nadie», afirma su alcalde.