Éxodo en Teleco

Óscar Fraile
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Éxodo en Teleco - Foto: Jonatan Tajes

Ingeniería en Tecnologías de Telecomunicación tiene la mayor tasa de abandono en la UVa, con un 50 por ciento. Los profesores señalan que los alumnos llegan con mala base de matemáticas y física, pero puntualizan que es una carrera asumible

C uando llegué a la Universidad éramos 20 en clase, pero en la primera semana se fueron dos y ahora solo quedamos siete». Esta frase de  Adriana Juez resume la situación que año tras año se vive en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación de la Universidad de Valladolid (UVa). Esta estudiante de segundo curso eligió la carrera con la mayor tasa de abandono de la institución académica: un 50 por ciento. Es decir, la mitad de los que se matriculan desaparecen en los dos primeros años. Es un problema recurrente que los profesores tratan cada cuatrimestre en el marco de la Comisión de Calidad. De hecho, se han tomado medidas para intentar reducir esta tasa, como cambiar exámenes globales por parciales y reducir la carga de unas asignaturas frente a otras. Unas modificaciones que a veces nacen de las sugerencias de los propios alumnos.
Pero lo cierto es que, aunque la situación ha mejorado, el volumen de matriculados que lo deja sigue siendo alto. En esta Escuela se imparten dos grados muy similares en sus contenidos: Ingeniería de Tecnologías de Telecomunicación e Ingeniería de Tecnologías Específicas de Telecomunicación, además del programa de estudios conjunto de Grado en Ingeniería de Tecnologías de Telecomunicación y en Administración y Dirección de Empresas. Todas estas carreras cargan con la fama de ser muy duras, pero los profesores matizan que se pueden superar si los estudiantes se enfrentan a ellas con la actitud adecuada y con buenos hábitos de trabajo.
Pero esto no siempre es así. De entrada, muchos de los alumnos que llegan lo hacen sin tener una base sólida en matemáticas y física, dos áreas de conocimiento básicas en este grado. También es importante gestionar el cambio en la forma de trabajar que exige la transición del instituto a la universidad. «Cuando la gente abandona, lo hace en Primero, y creo que yo podría decir en noviembre o diciembre qué alumnos van a pasar y los que no», reconoce Rubén Mateo Lorenzo, profesor de Primero y de Cuarto. 
El primer año es el más crítico. Un ‘filtro’ de estudiantes. El curso donde se imparten los contenidos más generales y más alejados de lo que muchos alumnos tienen en mente que es esta ingeniería. Y por eso buena parte de ellos acaba tirando la toalla.
Si logran superar los dos primeros años, todo suele ir a mejor. De hecho, en los últimos cursos el porcentaje de suspensos se reduce ostensiblemente y la participación y el dinamismo en clase mejora. «Los que abandonan no llegan a ver las cosas más prácticas, las competencias que son más nuestras, y los que no lo hacen llegan a amar la ingeniería y esta titulación, que es muy bonita y con buena proyección laboral», asegura Alonso Alonso, profesor y coordinador del primer curso.
Nota de corte.

La tasa de abandono en esta titulación no era tan alta hace años, cuando la nota de corte para acceder a ella estaba en torno al 7,5 sobre diez, frente al cinco sobre catorce actual. «Antes, cuando entraban con 7,5, nadie ponía esta carrera como tercera opción, todos tenían claro que querían hacer ‘Teleco’ y se aplicaban desde el instituto para conseguirlo», explica Rubén Lorenzo. 
Los propios alumnos reconocen la dureza del primer curso. «El problema es que no se imparte nada que sea de telecomunicaciones como tal, sino que te dan herramientas con las que trabajar posteriormente, como economía, programación, circuitos y matemáticas», asegura Jairo Maestro, un alumno procedente de Formación Profesional que reconoce que lo que se ha encontrado en esta carrera no tiene mucho que ver con lo que esperaba. «La primera semana fue como si me hablaran en hebreo, porque yo no tenía base en matemáticas, así que me tocó remar y remar», añade.
Quizá lo más complicado para ellos es aprender a aprender de una forma diferente a la que estaban acostumbrados. Aquí ya no vale memorizar miles de datos para plasmarlos en un examen. Estas asignaturas exigen razonamiento. Y en el instituto no siempre les enseñan a hacerlo. «En Segundo de Bachillerato no aprendes matemáticas, porque solo te preparan para el examen de Selectividad», opina Adriana Juez. Según ella, cuando llegas a la universidad tienes que «cambiar la estructuración de la mente».
«¿Qué se hace de programación en los institutos?», pregunta Ramón de la Rosa, otro profesor, a los alumnos. Aunque algunos reconocen que han hecho sus pinitos en lenguaje de marcas, Java, HTML y C++ (lenguajes de programación), la respuesta general es que es una materia olvidada. Y eso influye en que esa asignatura, Programación, sea la que más se atraganta a los alumnos. El auténtico hueso. Más que por su dificultad, por la carga de trabajo que implica.
El sistema educativo.

«Aunque nos quejamos, tenemos buenos estudiantes de entrada, pero el esfuerzo que se hace en el sistema educativo está mal enfocado, porque no se piensa en las enseñanzas técnicas», replica Alonso Alonso. Según él, es «muy grave» que no se enseñe programación en el instituto. «Se dedican muchas más horas a Lengua Española que a Matemáticas y Física y, además, están muy mal dadas», añade. Y lo dice en base a la experiencia que ha tenido con alumnos que demuestran problemas de comprensión en los enunciados de las preguntas, y de expresión cuando las responden. «No se sabe leer y no se sabe escribir», asegura tajante.
Las motivaciones de los alumnos para elegir esta carrera son muy variadas, pero las salidas laborales que ofrece es una de las más repetidas. Tanto es así que los propios profesores reconocen que no hay titulados suficientes para atender la demanda del mercado. «Hay empresas que vienen a dar aquí talleres porque quieren conocer estudiantes o porque van a montar filiales en Castilla y León», señala la directora de la Escuela, Patricia Fernández. Esta alta demanda hace que la Escuela pueda ser exigente en los convenios de prácticas que tienen con las empresas. «O van a hacer algo interesante, o no van, porque las empresas que ponen a un ‘teleco’ a atender el teléfono quedan marcadas con una equis para nosotros», agrega Alonso Alonso. 
Por otro lado, todos los profesores coinciden en que es muy importante que los alumnos de ‘Teleco’ tengan claro a la carrera que acceden. Que haya vocación. Y  el relato de los alumnos demuestra que no siempre es así. Nacho González reconoce que la eligió después de descartar otras titulaciones. «No sabía qué quería estudiar, buscaba algo que no tuviese dibujo técnico», señala. Jairo Maestro optó por ella por sus salidas laborales y Carmen Martín tomó la decisión después de una jornada de puertas abiertas en la que le convencieron. «Le pasó a mucha gente de mi escuela que en principio quería estudiar informática», asegura. Lo mismo le pasó a Ángel Díaz. Inés Varona comenzó descartando todas las ramas de salud. «Después, no sabía qué ingeniería elegir, y me decante por esta porque las demás no me gustaban nada», explica.
Aunque ellos todavía son ‘supervivientes’ de una carrera con muchas bajas, la mayoría reconoce que en algún momento se les ha pasado por la cabeza desistir. Su profesores intentan persuadirles para que no lo hagan. Para que se esfuercen y comprueben con el tiempo que todo el sacrificio mereció mucho la pena.