¡A la saca!

Antonio Pérez-Henares
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¡A la saca! - Foto: Emilio Naranjo

Rivera e Iglesias pidieron la confianza de los electores para luego hacer lo que les interese

Esta generación política pagará algún día el daño hecho, pero antes nos lo habrán hecho a todos y, más que nadie, a los que compartirán más años de vida con ellos. Estos presuntos «regeneradores de la política», estos adanes sin oficio, sin palo al agua dado, pero siempre con beneficio, han arrastrado estos días y por el peor de los fangos nuestra última confianza en ellos y, además, nuestros votos. Esos que pidieron jurándonos una cosa y con los que han comerciado para conseguir otra. 
A los malos viejos conocidos los conocíamos, a los jóvenes los acabamos de conocer y han resultado de inicio más rastreros y peores que los antiguos. Nadie había degradado tanto a la política como lo han hecho sus presuntos salvadores. Y como no soy de andarme por las ramas diré los nombres, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Hasta los desaforados voceras de Vox tienen algo más de honra y palabra, al menos, que estos dos pájaros pintos de los que nadie de las gentes del común y para las cosas de comer se pueda fiar de ellos.
El uno es un alma en pena, pero ahora intenta sobrevivir como sea y vendiendo lo que le queda por un gramo de poder, o dicho en román paladino, incorrecto y castellano, por un ministerio para él o para la señora. El otro no es que sea la veleta, es la traición veleteada. Hoy, a los unos y mañana a los otros, y así intentar parecer que no traiciona a nadie cuando está haciéndolo a todos. Y lo saben. Pero ya van a saberlo los que un día les ajustarán las cuentas en las urnas. Que piensa que quedan lejos y que ahora disfrutará más que del poder, que no lo tiene, sí de las prebendas del valido de este u otro califa. Con unos más que con otros, porque le auguro en la meseta sur lo mismo que a los morados. En cuanto exprima a la naranja y no le haga más falta, Page tirará la cáscara. Pero, además, antes, ya la están tirando como fruta podrida, muchos de quienes les votaron en las elecciones.
Pablo Iglesias está ya condenado a ser el soguilla del verdadero macho alfa de la izquierda, Sánchez. Anteayer exigían, ahora imploran: Pedro: ¡Dame algo! 
El palomo Rivera esta henchido de gozo con el buche repleto de grano. Pero ha perdido la peana. Ayer clamaba ser el jefe de la oposición. Hoy, tras haberse pegado contra los alambres, es ese al que se compra y quien se vende, por mucho que intente parecer digno por el poder y los cargos.
Cuando cualquiera de ambos griten ¡regeneración, regeneración!, todos sabremos lo que en realidad están diciendo: ¡sillones, sillones! Los entiendo. Fuera de la política, de esta política basura que es el signo de nuestros tiempos liliputienses, los Iglesias y los Errejones, los Riveras y los Girautas no alcanzarían a ser en el tajo ni jefes de cuadrilla.
Me dicen que esto es la Nueva Política, que ellos son los salvadores, me dicen que así es como debe hacerse y que el problema es que estamos caducos y viejos y no entendemos la finura de sus  haceres y estrategias. Pero lo entendemos muy bien, lo sabemos de hace tiempo y lo tenemos más que visto. Y, por si no, nos lo tiene contado un paisano de por la Mancha, un tal José Mota, al que se entiende muy bien por toda España. 
Milongas. Esto solo se llama una cosa : «¡A la saca!». Así que perdones, señores, pero váyanse ustedes al cuerno y no nos vengan con milongas. Que lo único que buscan es poder y nosotros les importamos un bledo y después de haberlos capturado, exactamente nada. Bueno sí. Que nos olvidemos de hasta que tengan que volver a engañarnos en unos nuevos comicios electorales.