El albergue municipal roza el lleno con la llegada del frío

Óscar Fraile
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El usuario medio de estas instalaciones es un hombre de unos 45 años, sin apoyo familiar, con pocos ingresos y víctima de la precariedad laboral

El albergue municipal roza el lleno con la llegada del frío - Foto: Jonathan Tajes

La llegada del frío intenso ha hecho que el albergue municipal alcance casi la plena ocupación. Si durante otras épocas del año suele estar en torno a un 80 por ciento, los pasado 8, 9 y 10 de noviembre, primer fin de semana con una bajada importante de temperaturas,el número de usuarios fue de 57, 52 y 52 personas, respectivamente, en unas instalaciones que cuentan con 58 plazas. Un nivel que se han mantenido en los siguientes días.
Hasta la segunda semana de noviembre el número de personas que han pasado por estas instalaciones era de 402 personas, el 84 por ciento de ellas hombres. La relación entre españoles y extranjeros se reparte más o menos al 50 por ciento, y entre los foráneos hay mayoría de búlgaros (62 personas), marroquíes (49), rumanos (25) y portugueses (20). Por otro lado, otras 33 personas tenían su origen en América Latina y 13, de países africanos distintos a Marruecos, según los datos facilitados por el Ayuntamiento de Valladolid.
Independientemente de su nacionalidad, el perfil de los usuarios de estas instalaciones, ubicadas en el número 24 del paseo del Hospital Militar, es el de un hombre de unos 45 años de media, con estudios primarios y que ha sido víctima de la precariedad laboral. De hecho, la experiencia que acumulan muchos de los que acuden allí está ligada a las contrataciones temporales y a la economía sumergida. Además, se da la circunstancia de que buena parte de ellos tiene un escaso o nulo apoyo familiar y unas relaciones sociales «dentro del mundo de la exclusión», explican fuentes municipales». También es habitual que padezcan alguna enfermedad crónica. «La multiplicidad de las problemáticas es una de las características que mejor define al colectivo», señalan las mismas fuentes.
Además, desde la Concejalía de Servicios Sociales dicen haber detectado en la atención directa «una estabilización del número de personas usuarias» con problemas de drogas, «constatándose, además, como común denominador la politoxicomanía». Esta tendencia está complicando el diseño de los procesos de intervención y condicionará «de forma notable» la duración de los mismos, con un alargamiento o «cronificación» de los mismos.
Por otro lado, desde la Concejalía explican que también existe una tendencia al aumento de personas con algún tipo de problema de salud mental. «La carencia de recursos específicos y la inadecuación de los pertenecientes a nuestra red lo convierten en un colectivo de especial vulnerabilidad», añaden.
Para solucionar este problema, el Ayuntamiento estrenó en el último trimestre del año pasado un programa que desarrolla la Fundación Intras, con una subvención de 15.000 euros, para ofrecer acompañamiento a las personas sin hogar y con problemas mentales. Uno de los objetivos que persigue es mejorar su capacidad de inserción social a través de la mejora de su autonomía y habilidades.
Las instalaciones del paseo del Hospital Militar disponen desde verano de 2017 de un espacio de encuentro y un centro de día para dar servicio a los transeúntes y personas indomiciliadas durante los fines de semana. El objetivo es aportar algo más que una cama y un plato de comida, al que también pueden acceder en el comedor social, ubicado en la calle Arzobispo José Delicado. 
Desde el Espacio de Encuentro, gestionado por Cruz Roja, al igual que el albergue, se trabaja «el fomento de la autoestima de las personas sin hogar, poniendo especial hincapié en sus fortalezas y capacidades». Así, en los últimos años se han realizado exposiciones de fotografía, calendarios y recetarios. Unas actividades muy similares a las que se organiza en el Centro de Día, en el que han participado 160 personas entre el 1 de enero y el 20 de octubre de este año.

Cenar al raso

La asociación Asalvo trabaja desde hace años de forma independiente para complementar la labor de las instituciones. Se trata de un colectivo integrado por profesores y alumnos de los institutos Zorrilla y Condesa Eylo, y de la Escuela de Arte que, por ejemplo, se reúnen todos los martes, viernes y domingo en Arco de Ladrillo para dar de cenar a unas 80 personas con dificultades que acuden puntualmente a esa cita. El menú siempre es el mismo: una sopa caliente, un bocadillo, una pieza de fruta, un yogur, un café y un postre. Para ello cuentan con la colaboración de algunos negocios de Valladolid, como Maro Valles, Masa Madre y el restaurante El Rincón del Val. Además, este colectivo, presidido por María Jesús Fournier, se ocupa de cubrir, en la medida de sus posibilidades, necesidades básicas «a las que no llega la Administración». Así, cubren los gastos de dentista, compran gafas y pagan los costes de trámites burocráticos. Por ejemplo, pagan la traducción de documentos oficiales que necesitan los extranjeros para pedir las ayudas a las que pueden optar, al igual que el viaje a sus embajadas en Madrid. Además, como novedad, este año ofrecen 30 becas en cada uno de los tres centros de donde proceden los voluntarios, de 300 euros cada una, para alumnos con dificultades económicas.
Esta asociación, reciente Premio Solidario ONCE Castilla y León 2019, dedica todo lo que recibe a estos menesteres, ya que no tiene ningún gasto de mantenimiento. Se financia con actividades como mercadillos solidarios, venta de lotería y organización de eventos y, en menor medida, con cuotas de sus algo menos de 200 socios.